Este puente he estado en el Eje Cafetero.
El eje cafetero, como su propio nombre indica, es un área en el departamento del Quindío en el que se concentra la mayor producción del principa l país cafetero del mundo.
La gente del eje, es amable, sonriente y trabajadora, es decir, la gente del Eje es también paisa (como los de Medellín) y gracias a su carácter y amor a su tierra, han convertido el área en una zona turística sin contaminar, pura y magnífica , que en mi opinión es visita obligada si uno quiere conocer la verdadera Colombia.
El paisaje de la zona es verde, “color Galicia” , con grandes praderas de hierva plagadas de vacas y laderas llenas de plantas de café alternadas por palmeras y plataneros.
Debido a que está situado en la cordillera de los Andes, todo son cuestas arriba, cuestas abajo y carreteras con mil curvas de esas que si te toca un camión delante… Estás vendido…
El viaje lo organizó Patricia, una de las chicas vascas que tiene una beca “Global”.
Ella estudió turismo y aquí trabaja para agencias de viajes haciendo no se qué de una base de datos, así que viajar con ella es una gozada ,ofrece siempre planes alternativos , excursiones pactadas estupendas y experiencias verdaderamente colombianas a precios de risa.
La tía se lo curró mazo y entre otros mil planes, nos concertó una cita con la finca de Don Elías, donde “el hijo pequeño del patrón”, nos contó todo sobre la recolección, preparación y venta del café. Fue genial… Me tomé el primer café de mi vida rodeada de plantas cafeteras…
Pero lo mejor de todo sin duda fue el Valle del Cocora .
El viernes nos despertamos en la ciudad de Armenia y nos dirigimos por carretera al Parque Nacional de los Nevados donde tras una hora de curvas , baches y militares con el pulgar hacia arriba muy sonrientes, nos encontramos con el impresionante Valle.
Al llegar allí, Patricia nos reunió a los 12 que éramos y nos explicó que el objetivo era llegar al fondo del valle donde estaba “La Casa de los Colibrís”, y que podíamos subir o andando o a caballo…
No avisó de lo que tardaría llegar, ni del barro, ni de que el valle no era un valle sino subir varias montañas, bajarlas y volver a subir otras muy empinadas, ni de la humedad ni de los tiempos…
Tampoco avisó que los caballos te llevan pero no te traen… y por supuesto tampoco avisó de lo abrupto del terreno…
Cinco decidieron ir andando y siete decidimos ir a caballo…
Después de regatearle al señor que alquilaba los caballos, cada uno de nosotros esperó a que le asignaran uno… Le pedí al señor que me diera uno tranquilito, porque aunque me encanten los caballos, me dan un miedo terrible… Tan altos, tan tontos, tan amarrados a cuerdas y herraduras y sobre todo tan poco obedientes…
Me dieron a Zorro… Un caballo negro, con pinta de bonachón, sanote que me miraba con ojos tristones cuando le dejaban sus anteojeras…
Antes de subir, le saludé, me presenté, le pedí disculpas de antemano por mis kilitos de mas e hice una cosa que yo siempre le vi hacer a mi prima Clara, le di una palmadita en el cuello como quien tiende la mano… el tío se inmutó… Mal royo, no habíamos empezado con buen pie…
El caballo de mi amiga Lucía, Dimitri, comenzó a andar, y sin que yo le hiciera nada, Zorro comenzó a seguirle… No soy experta jinete pero yo sabía que para que cualquier animal se mueva uno tiene que estimularle para ello… Pero Zorro seguía a Dimitri que a su vez seguía a Rocinante sin que yo moviera un dedo…
Zorro debía estar algo malo de la tripa (teníamos algo en común, mira tu…) porque no paraba de echarse pedos… sobre todo cuando aceleraba el paso, me retumbaba todo el culo de los pedos sonoros que se echaba el muy cerdo…
Anduvimos unos cuarenta minutos entre dos valles preciosos, sorteando piedras, fango y pequeños riachuelitos, arboles, mariposas… todo esto por un caminito bastante estrechito….
A la izquierda piedras a la derecha alambre de espino delimitando una finca privada… Pura naturaleza, los caballos lo verde y nosotros…
Del subidón, me dio por cantarle al caballo, empecé con Marisol, con la de 12 cascabeles , pero a Zorro no pareció gustarle porque siguió peideando y sin hacerme caso, así que intenté la de “Al Zorro zorro zorrito, para grandes y pequeñitos” con voz de hombre de tómbola, en honor a unas fiestas de Mozos Casados y Viudos de mi pueblo que el de la tómbola nos estuvo martilleando la cabeza durante toda la semana para que compráramos papeletas… (Mi amiga Sara lo imita 1estupendo) , esta frase pareció que le gustó más porque a la quinta vez que tiré de las riendas mientras le decía la frasecita, se quedó quieto unos segundillos…
Pues bien, cuando llevábamos unos cuarenta, cuarenta y cinco minutos, sin venir a cuento, el caballo de Jorge, Manolo , que iba detrás de Zorro, se picó y decidió que no aguantaba ni un solo pedo más , que estaba harto de tanto “Zorro zorro zorrito para grandes y pequeñitos” … así que se puso a adelantarnos descaradamente por la derecha…
La pierna izquierda de Jorge se chocó con mi derecha, nos hicimos algo de daño, él me miró con cara de póker, me pidió disculpas y siguió para delante…
Sus ojos abiertos como platos y su entrecejo fruncido me hicieron comprender que tanto Jorge como yo estábamos en la misma situación… llevábamos un caballo entre las piernas que no podíamos , ni sabíamos, dominar….
No sé qué le molestó más a Zorro, si que le adelantaran por la derecha, que hubiéramos tocado los jinetes o mis gritos, pero sin que yo hiciera nada, decidió que por sus santas crines Manolo no pasaba y se puso a correr como un loco...
Fueron 30 segundos en los que toda mi infancia, yendo a buscar a mi prima Clara al picadero, pasó por mi mente, intenté acordarme de sus clases o de las tres clases que había recibido en toda mi vida, apreté los muslos con todas mis fuerzas al caballo empecé a tirar de las riendas para arriba, dije sooo, me cagué en toda la familia de Zorro, se me salió un pie del estribo, volví a meterlo… pero eso no paraba…
En estos treinta segundos de odisea, me rocé con el alambre de espino, choqué de nuevo con Jorge, pasamos a Lucía , se me salió todo de todas partes, me golpeé con una minirama de árbol (sin dolor ninguno) , pegamos un brinco para evitar una piedra, hicimos zigzag para intentar cerrar el paso a nuestro contrincante… pero Manolo seguía a nuestro lado con Jorge encima intentando dominarle…
Creo recordar que en medio de la vorágine, Jorge y yo nos miramos unos tres segundos, horrorizados, en plan despedida sabiendo que se podía avecinar lo peor…
Os juro que por un momento se me pasó por la cabeza saltar del caballo a lo película del oeste, pero no había hueco, el camino medía un metro y medio de ancho y con dos caballos galopando en paralelo era imposible tirarse y rodar como en las películas…
Yo botaba para un lado, el caballo para el otro… todo se movía, hasta que sin saber por qué , Zorro decidió asumir la derrota por un momento y ponerse detrás de Manolo…
A partir de ahí y durante la hora y media siguiente, el divertimento de Zorro fue intentar adelantar a Manolo mientras éste iba cerrándole… acelerón , tirón, frenazo, tropezón, subida, bajada, descontrol… así hasta llegar a la casa de los colibrís…
Del acojone que llevaba y la tensión que la odisea requería, no disfruté del paisaje casi…
En el acceso de la casa de los colibrís, nos despedimos de los caballos (solo contratamos ida a caballo, tocaba volver andando y menos mal…) nos hicimos unas fotos y disfrutamos de cientos de colibrís volando a nuestro alrededor, bebimos agua, comentamos la jugada, disfrutamos…
Me temblaban las piernas, los empeines me dolían, pero el paisaje era tan bonito que se me olvidó que mi vida había pasado por delante de mis ojos…
Tras una hora embobados mirando pajaritos, decidimos que era momento de volver al coche…
Pude disfrutar del entorno del valle, sin caballos ni piques, respirar sin pensar… y en la última cuesta abajo, cuando se abre el valle y puedes ver cientos de palmeras en una inmensa pradera verde chillón me di cuenta… había vuelto a ponerme a cantar… esta vez la canción de Sonrisas y Lágrimas “Ay dentro de miiiiiiii un coraaazooooon soooooooloooo ah ahahahaha!!”
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