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martes, 17 de mayo de 2016

Andrés Carne de Res

Este fin de semana no he ido a ningún sitio.

Este fin de semana he sido una bogotana más, con la diferencia del acento y que albergaba en mi casa a mi segunda visita oficial, a un amigo de Caminos que está haciendo un túnel en Medellín y que venía con todos los de su oficina a disfrutar de la capital colombiana.

Cuando no viene de visita dos días a Bogotá y es fin de semana, el frío y los atascos solo te permiten hacer tres cosas: Un poquito de turismo, salir por la noche e ir a restaurantes.

Y eso es lo que hacen no solo los visitantes, sino todos los colombianos que no se quedan en sus casas los lluviosos y otoñales sábados y domingos de Bogotá.

Bogotá es la cuna de los buenos restaurantes (entiéndase por buenos, mejores que los de otras ciudades de Colombia, pero no buenos como en España) y tiene una oferta enorme de sitios donde salir por la noche de miércoles a domingo.

Porque el colombiano, siempre lo digo, es una persona que sabe cómo divertirse y le encaaanta la fiesta.

Las discotecas, como os podéis imaginar, son una representación de los estratos…

Hay discotecas para bajos estratos (a las que los extranjeros no se nos ocurre ir por lo general), para estratos normales (que suelen estar en el centro histórico y hay que andarse con ojo a la salida para salir de la zona de manera efectiva), estratos altísimos (con servicio de taxis propios y seguros) y para estratosféricos…

Pues bien, entre las estratosféricas hay un restaurante- rumbeadero famoso en el mundo entero (y rima) que es el Andrés Carne de Res.

He ido cuatro veces y las cuatro he salido alucinando de lo divertido que es .Éste fin de semana, con Cuco en casa, era visita obligada.

Andrés Carne de Res, es un restaurante situado en Chía (que es como las Rozas de Madrid) con  capacidad de hasta tres mil comensales diarios (en fines de semana suele estar completamente lleno), seis mil metros cuadrados de extensión (55.000 si se tiene en cuanta el área de parking y servicios auxiliares), 120 empleados en cocina (800 empleados en total) y todos ellos guapos, modernos y bilingües.

Como todos los buenos negocios de Colombia, Andrés (el dueño) es paisa, y desde 1982 no para de hacer dinero y más dinero gracias a la experiencia que ofrece en su restaurante basada en comer carne de vaca excelente, beber muuucho ron y cerveza y poner la mejor música para bailar de todo Colombia.

El Andrés es un paraíso de lo absurdo y el color.

En la puerta hay cientos de vacas de cartón piedra patrocinadas por diferentes marcas iluminadas con luces de neón que te dan la bienvenida y te conducen a una rulot (las taquillas) hecha de tapas de sartén de metal, en la que (a un lado) una pareja disfrazada de mejicanos te ofrece fresas, limas, moras y tequila mientras cantan desafinando rancheras y se parten de risa con su propio ridículo.

Una vez pagas, entras en un pasillo, en el que suele haber tres chicas guapísimas y un par de señores bajitos (enanos) bajo un cartel que reza algo así como  “Bienvenido a Andrés Carne De Res, donde sabe como entra pero nunca cómo va a salir” que te acomodan en tu mesa siempre con una sonrisa e incluso bailando.

Para ir al Andrés obligatorio reservar, porque se llena de extranjeros y personas que lo único que quieren es disfrutar… El sábado pasado éramos 2.600 personas disfrutando de tan diferente lugar…

La decoración (toda hecha a mano por Andrés y su familia) es completamente surrealista haciendo guiños a iconos colombianos… piernas de maniquí colgadas del techo, lámparas de araña en las que las bombillas están metidas en vasos de batidora de los colores de la bandera, corazones, mariposas, Divinos Niños con la Cara de Andrés, Santas Martas con cara de Madonna, banderas de Colombia hechas de chapas de cervezas,  carteles que se encienden en diferentes tonos cálidos con mensajes como “Aquí no hay wifi hablen entre ustedes” , “Si te perdiste puedes quedar  aquí pero en la pista de baile podrás encontrar más amigos”,  “Sitio casi lleno con dificultad para amar y bailar, usted decide si quiere entrar” “No fume, mejor ame”…

Las mesas de madera maciza, con un corazón iluminado encima en el que se lee el nombre de cada una, para que la vuelvas a encontrar en caso de pérdida y poco más.

Nada especial en las sillas o los platos… Pero en cuestión de minutos, una vez te han tomado nota dos chicos de rastas guapísimos, la mesa se llena de parrillas para hacer carne a la brasa y de bebidas.

Eso también, a Andrés no se va solo a cenar, se va a  beber cualquier cosa que por supuesto será King size (recordemos que el colombiano es disfrutón y le gusta comer y beber hasta reventar), así que si se te ocurre pedir un mojito (por ejemplo), el contenido de tu vaso (que suele ser un coco enorme pintado de colorines) rondará el medio litro de contenido…

En Andrés no hay drogas, ni borrachos tirados por las esquinas, ni siquiera cristales en el suelo y mucho menos broncas ya que hay taaanta gente vigilando y cuidando de que lo pases bien que se encargan de controlarlo todo.
Todos llevan su nombre bordado con el distintivo de Movistar en sus delantales o vaqueros y están obligados a atender con alegría, rapidez y buen rollito…

Mientras cenas, de mesa en mesa, un grupo de músicos disfrazados se acerca a tu mesa, charla contigo y mientras le ponen una banda (a lo Miss) con la bandera de Colombia a cada uno de los comensales, te tiran confeti con forma de estrella o mariposa y te tocan una canción cortita y alegre a trompeta y maracas…

Cuando terminas de cenar, sin saber cómo, estás encima de tu silla bailando, o pegando botes en una de las 5 pistas de baile o vaya usted a saber, el caso es que al terminar de comer, no sin antes haber pagado tu parte del menú que es un ojo de la cara, estás feliz bailando al son del ritmo sabrosón…

En ese momento, cuando ya estás metido en ambiente y algo más pobre,  llegan fotógrafos que te hacen una foto con todo tu grupito (en la que sorprendentemente siempre sales guapísimo) y te la venden en ese momento, porque es preciosa, y te lo estás pasando tan bien que en ese instante crees que sería horrible que esa noche no pasara a la posteridad en una foto en la nevera de tu casa.

En Andrés todo se paga sin darte cuenta…

Con tu foto en el ropero (que también has pagado a precio Madrileño) y tu precioso collar para que no pierdas tu ficha del ropero colgado al cuello junto con tu banda de bandera de colombia, en un ladito de una de las pistas de baile, hay una señora que pinta la cara, como en los cumples de los niños pero para mayores.

La señora (también simpatiquísima) no cobra, solo pide “la voluntad”  por pintarte la cara con dulzura y pincel… Creerme que cuando me vi el sábado pintada de gata, taaan guapa, tan gata y tan divertida .

¡Tuve una voluntad enorme!

A las 03.00 (sin darte cuenta de que llegas a esa hora) Andrés cierra. Poco a poco va echando a todo el mundo a la acera de enfrente de la calle donde hay puestos de caldito de pollo, agua, cocacolas frías, perritos calientes y hamburguesas, también “marca” Andrés Carne de Res.

Allí, tras los baños limpios y sin colas del parking perfectamente iluminado y señalizado, se espera a los coches y las vans que llevan a cientos de personas hacia Bogotá.

Pero quien ha bebido, tiene la posibilidad de contratar el servicio de “Conductor Elegido o Ángel de la Noche”.
El “Ángel de la noche”, es para mí el mejor servicio de Andrés y por lo que me quito el sombrero ante el señor Andrés Jaramillo (dueño y fundador) y su manera de estar en todo.

En esa “placita de comidas” , quien lo requiera ( y también a quien se lo sugieren los cientos de camareros, seguratas y demás trabajadores de Andrés), se encontrará con un hombre (hay 400 conductores elegidos) al que le dará las llaves de su coche y le llevará hasta la puerta de su casa y le aparcará su coche.
Al conductor elegido, una vez deje a sus pasajeros en casa, le recogerá un minibús del propio Andrés que le devolverá a Chía para hacer más servicios.

¡¡Una verdadera gozada!!

 Total, que el sábado Cuco, sus compañeros del trabajo y yo fuimos a Andrés.

Decidí beberme solo un mojito, no quería emborracharme así porque si, quería ver el Andrés para podéroslo contar con pelos y señales y os digo que sin mucho alcohol Andrés, sigue molando igual o más que borracho perdido… Tiene una magia que envuelve y hace que disfrutes como una enana!

Llegamos a las 05.00 am, con la cara pintada de gatos y otros felinos y cantando canciones de reguetón mientras el Angel de la 
Noche nos dejaba en la puerta de mi casa y esperaba a que entráramos en el portal.

El domingo fue día de agujetas en las piernas de tanto bailar y en la cara de tanto reír.
Tuvimos que salir a cenar, a un gallego, tortillita de betanzos, empanada de atún y salpicón. Como debe ser!!!

lunes, 16 de febrero de 2015

El carnaval de Barranquilla y las marimondas....

Cuando  Elena me regaló por el amigo invisible del curro la guía de Colombia estas navidades, lo que más ilusión me hizo, además del detallazo, fue descubrir que de los 7 imprescindibles de Colombia estaba un lugar en una fecha especial: Carnaval de Barranquilla…
Fue en ese momento en el que mi tristeza por perderme lo mejor del año en la mejor tierra del planeta tierra se convirtió en espinita pequeña y la misión de ir al Carnaval de Barranquilla un objetivo vital a cumplir.

Así que desde que llegué a éste país hice lo posible por poder ir allí. No quería ir sola así que tenía que buscar “parche” (que significa planete con gente) como fuera. 

Un día en el gimnasio conocí a dos chicas españolas, y ese mismo domingo me fui con su grupete a conocer el centro. A los 10 minutos de estar con su pandilla me comentaron que se iban a Barranquilla al carnaval, a los 12 minutos me apunté y esa misma noche sin conocerles de nada cogí billete en su vuelo, llamé a su hotel para que me pusieran cama supletoria y el viernes pasado a las 13.15 volé con el ryanair colombiano “VivaColombia” rumbo a la capital caribeña del Carnaval junto a otros 14 españoles más (becarios del ICEX, becarios del Gobierno Vasco,  trabajadores de Cooperación con la UE, financieros de Prosegur…de todo!) rumbo a Barranquilla… En el avión ya había fiesta, cerveza águila invitó a todos a beber, a bailar y repartió bubucelas y camisetas a todo el mundo, alucinábamos…si era así en el avión…como debía de ser el desfile…

De las 300 comparsas que hay en Barranquilla, la mitad tienen Facebook y de esas solo un chico, Giovani, nos contestó cuando buscamos comparsa para disfrazarnos con ellos.
Giovani tendrá unos 16 o 17 años y forma  parte de la comparsa del Barrio de Abajo y por 60.000 pesos nos daba un disfraz y nos contactaba con el que manda en su comparsa para poder pedirle permiso y desfilar en el sábado grande, en el Desfile de Batalla de las Flores junto a su gente… Nosotros solo teníamos que ir al ensayo general del viernes, convencer al lider e intentar seguir el ritmo del desfile.

Pues bien, quedamos a las 18.00 en el centro comercial de Barranquilla con Giovani para que nos diera los trajes y nos llevara a su barrio al ensayo general… Giovani llegó a las 19.30 sin trajes, con cinco niños, sin prisas  y nos metió en el barrio de Abajo…

Bajamos una calle normal, cruzamos una esquina y de repente nos dimos cuenta de que al barrio de Abajo teníamos que ir obligatoriamente con Giovanni, que solos era mejor que no fuéramos…

El barrio de Abajo es un barrio de estrato uno o dos, de casitas bajas, perros en las aceras, puertas y ventanas con rejas y gente en sillas en la puerta hablando de la vida en general… En el barrio de abajo los chicos de 10 a 15 llevan el pelo rapadillo con dibujos tribales o con crestas, los de 20 por lo general ya están casados y llevan a sus bebés en motos de campo junto a su mujer y los de 40 son abuelos.

En el barrio de Abajo la gente se conoce y cuando no eres de allí y vas con alguien de allí tienen el derecho de mirar con descaro y preguntarle a tu “guía” que de donde salen esos gringos…

Pero en el barrio de Abajo, sin sonríes, bailas e interactúas eres uno más.

Tras 15 minutos callejeando llegamos a la casa del “Pavo”. El Pavo es un señor de unos 60 años que es una verdadera institución en el barrio. Es quien decide quien entra y quién sale de la comparsa, su mujer hace las caretas todos los años (van cambiando de color para hacer negocio) y son respetados por todos. El Pavo nos quiso cobrar otros 45.000 pesos porque Giovani no nos había dicho que la careta no entraba… pero tras tres aguardientes y unas palabras serias con uno de los españoles y con Giovani por otro lado,  lo dejamos en 20.000, 10.000 por la careta y 10.000 por la “inscripción”.
Total que la calle en la que vive el Pavo, a las 20.30 se llenó de niños, adolescentes, mamás, viejitos y curiosos porque había que ensayar.

Fue en ese momento cuando me di cuenta de que estaba viviendo un momento único… unas 100 personas, organizadas en 4 filas empezaron sin música a enseñarnos los pasos y a reírse de lo descompasados que somos los españoles… fue alucinante.  El coreógrafo (porque había coreógrafo) se desesperaba nos agarraba e intentaba que levantáramos el brazo correcto, que contoneáramos las caderas como el Dios del Caribe manda… pero no había manera…

Los barranquilleros se mueven de una forma que es imposible seguir, se contonean serpentean, se contraen, se estiran con una sensualidad y ritmo que te dejan con la boca abierta...

A las 21.00 llegó la orquesta que estaba citada a las 20.00 y seguimos ensayando, brazos para un lado, contoneo, tras tris, plas plis…  Todos al mismo ritmo y luego nosotros detrás del todo, dándolo todo o intentándolo…

Os juro que le puse mucho empeño… pero a mi MariaJosé la del Polideportivo de mi pueblo me echó de aerobic porque le saboteaba las clases sin querer, no tengo coordinación, si hay que ir a la izquierda voy a la derecha y si hay que girar hacia un lado… voy hacia el otro… Este fin de semana se ha notado de nuevo que tengo carencias…  

Pero lo más divertido y asombroso del baile de nuestra comparsa, dejando la esperpéntica escena de los españoles, es que hay un momento en el que se improvisa, se abren las filas y salen de dos en dos a bailar…Es ahí donde te das cuenta del arte, la energía, la alegría y la belleza de los caribeños. Es una locura… El vídeo que adjunto es un ejemplo de eso, lo grabamos… Alucinas.

Tras una hora más de ensayo todo el mundo se retiró a sus casas, el Pavo nos dio las caretas (previo pago) y nos vimos en medio del barrio de Abajo sin guía para salir… Suerte que las mamás de Santiago y Constanza (unos niños del barrio de unos 5 y 2 años que casi me muero cuando me dijeron como se llamaban ;) nos pidieron unos taxis mientras nos ofrecían caldo de pollo, nos preguntaban por nosotros, nos servían agua para recuperarnos, nos contaban de ellas, de que bien que mi abuela cosiera, preguntando que si mi sobrino también le gustaba James como a su Santiago…. Total que nos despedimos con abrazos hasta la mañana siguiente que era el desfile.
Quedamos con Giovanni a las 09.30 porque el bus al desfile era a las 11.00 . Giovanni llegó a las 10.50 pero cumplió, todos tuvimos trajes, nuestra chaqueta, pantalón , corbata y camisa (a 30 graditos).

Fuimos en taxi hasta la casa del Pavo a las 12.00 y “sorprendentemente” nos tocó esperar otra hora más a que llegara el bus.

Yo me senté con Daysi, estudiante a profesora, de 20 años que nos hicimos íntimas y decidimos bailar juntas en el desfile.

El desfile de la Batalla de las Flores consta de 300 comparsas. Las 100 primeras patrocinadas, híbridos entre el Carnaval de Río y la cabalgata del Orgullo Gay de Madrid, muchas plumas, brillantes, gringos, chicas de infarto y publicidad de cosas. Las siguientes son las genuinas, las de los barrios, los amigos, la gente de allí….

Hay disfraces tradicionales que, bien en grupo bien solos, se pasean de un lado a otro por en medio del desfile. Están las negritas jojoy que van vestidas como de Minie Mouse (de rojo con lunares, a mi sobrina Inés le encantarían), el torito que enviste a la gente, los descabezados que son como cabezudos pero sin cabeza ya que la llevan en la mano colgando, de caimanes (“se va el caimán se va el caimán… como la canción), de monocucos….

Algunos disfraces se heredan, pasó un señor de unos 50 años, mientras esperábamos a que saliera nuestra carroza que iba a salir a las 13.00 y salió a las 14.30, disfrazado de señora con un vestido fosforito muy apretado. El señor no se hacía la señora, iba muy serio con sus pelos, sus músculos y su bigote… Me contó Daysi que era el primer año que se vestía así ya que su papá (el padre del señor) había fallecido hacia unos meses y él había heredado el personaje….

Y el nuestro que era de “marimondas”.

 Las marimondas del barrio de Abajo. (Hay otras).He leído que el año pasado, en el 170 cumpleaños de las marimondas del barrio de abajo, Santos bailó con ellos…así que he debido bailar con toda una institución del marimondismo….

Las marimondas son una burla de las clases bajas hacia las altas, una crítica a los estirados de alto estrato, los remilgados y los elitistas. Las marimondas llevan traje de chaqueta al revés, con remiendos de colorines, con su corbata y una máscara que puede parecer y no es (o si) la representación de los órganos reproductivos de hombre y mujer (que fina soy coño…)los ojos y la nariz el hombre y la boca la mujer.  El nombre viene de la frase “ oh mon Diex” que decían las señoras francesas cuando veían a los caribeños casi desnudos con tremendos atributos, de ahí las mondie, mondas, marimondas!.

Así que la marimonda es un personaje desinhibido, que hace lo que quiere, que brinca , arrima y abraza  y su baile tiene que representar eso...  

El desfile dura 4 horas a 30 grados, con traje de chaqueta, máscara y poco agua. Es una verdadera matanza…Pero es todo alegría, diversión, gritos, desorden, risas, aguardiente, ron… Grandes y pequeños, con el poco orden que puede exigirse en el caribe… Pasando por palcos divididos por estratos y gentes, saludando a las autoridades, bailando cumbia con espontáneos y brincando hasta que tu cuerpo te lo permita…

Al finalizar el desfile, vuelves al barrio de Abajo, donde las viejitas te dan un bocata y un juguito de fruta… Todos se abrazan por haber aguantado, se felicitan y se comentan la jugada. A la vuelta con el disfraz puesto y sin Giovani volvimos hasta el hotel sin taxi ni nada, ya éramos del barrio. Ya nada nos podía pasar…

Fui feliz… y un año más… el carnaval hizo en mi lo que todos los años hace… poner el reloj a cero para ir cuenta atrás al siguiente...