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domingo, 5 de julio de 2015

Equipajes y reclamaciones

Debo confesaros algo… soy la versión de “Paco Martinez Soria en la ciudad no es para mí” cuando de aviones se trata…


Me bloquean tres cosas y por más que lo intente, siempre tengo esa sensación de tierra trágame o déjame ir al baño….
Facturar las maletas, despegar y la recoger las maletas…

Sé que es muy fácil evitar la primera crisis, que solo hay que comprar un “pesa maletas” y ya, pero yo, aunque me pese con ellas en la báscula de casa, me muero de nervios cada vez que tengo que subir una maleta al mostrador de facturación y que pese más de 23 kilos justos.

No puedo evitar llenar las maletas hasta los topes y cuando llego delante del hombre de la compañía de turno… Me muero…Espero a que se estabilice la balanza y cuando veo (como ésta vez) que mis maletas pesan 22.8 y 22.6 me relajo y respiro hondo y entro a la acción de intentar echarle cara… (Siempre pregunto si quieren subirme a primera, o si pueden ponerme sola para ir mas cómoda, aunque vaya a Santiago de Compostela, a mi me gusta sentirme como Letizia Ortiz en cualquier sitio, así que por si cuela yo siempre lo pregunto…)

Pasado éste retortijón y ya dentro del aparato, me expongo al segundo: al momento en el que el avión está despegando y va tan rápido tan rápido que sé que ya no va a poder parar si lo necesita y siento que el aparato no sube (Creo que una vez mi primo que es piloto me dijo que esa velocidad era algo como R2 y R3…) … Lo paso verdaderamente mal, me imagino al piloto del avión a lo “aterriza como puedas” con el joystick luchando por levantarlo y que de tanta fuerza se le queda en la mano, o que se nos va a cruzar un pájaro o algo peor… Una vez veo la planta de aguas fecales pegadita a Barajas,  donde trabaja mi amigo Marcos, por la ventanilla,   ya me relajo y hasta en los mejores casos, me duermo…


Aterrizar ya me da un poco igual… Debe ser fácil… (supongo)

Y el último retortijón, el que más dura… es esperando a que salgan mis maletas por la cinta transportadora… esperar a que salgan intactas  y no se hayan perdido o me las hayan roto…

No hay sensación más placentera que la de ver acercarse tu maleta como si fuera un plato de shushi en un chino barato de cinta… brillante, perfecta, intacta, cerrada, tuya…. Es lo máximo…

Pues bien, este vuelo ha sido diferente… Por primera vez me he enfrentado yo sola a un vuelo transoceánico sin el back up de que si me pesan las maletas alguien se pueda quedar con algo de dentro de las mismas…

Llegué sola al aeropuerto muy  prontito (05.45 am)  y en la misma cola de facturación me encontré con los padres de mi amigo Jon que venían 15 días de visita a Bogotá  y estuvimos de charleta (me ayudó a relajarme un poco…) hablando de lo afortunados que somos de tener una colonia española tan divertida…
Facturaron ellos, nos despedimos y llegó mi turno…

Tuve suerte, a pesar de llevar 900 gramos de jamón, dos paquetes de chorizo, 2 de lomo, dos de salchichón, 2 botellas de aguardiente para hacer queimada, 2 botellas de vino blanco, 6 botes de tomate frito Orlando, 3 de pipas, 2 de chuches, taquitos de jamín, un móvil BQ, unos cuadernos guarda oraciones (hasta aquí todo encargos) y todo mi armario dentro,  mis maletas pesaron lo reglamentario…

Como no había dormido nada, nada más subir al avión y por segunda vez en mi vida, me dormí y me desperté en el aire, me ahorré una crisis…

Pero el problema fue al llegar a Bogotá… Esperé a los padres de Jon en la puerta del avión para hacer todo el proceso de papeleo y maletas con ellos, por ayudarles.

Vitoria no tiene mucho que ver con Bogotá así que pensé que alguien amigo que pudiera echar una mano , era lo mínimo que podía hacer por los padres de un amigo.

Esperamos la cola de inmigración juntos, les dejé mi teléfono para que llamaran a Jon para avisarle que ya estábamos (me acabaron el saldo) y nos acercamos a la cinta de las maletas…

Pronto aparecieron las suyas, samsonites con un pañuelo muy femenino atado para diferenciarlas… Su madre (que en ningún momento he sabido cómo se llama ya que se presentó diciendo que era la madre de Jon Ander…) me contó que una de sus tres maletas era todo de su hijo, que le había encargado jamón, chorizo, pipas… (toooma!! Ración doble para todo el mes…) y mientras hablaba yo pensaba…”las mías nada, que no salen…”

Como llevaban sin ver a su hijo siete meses, les dije que no me esperaran, que salieran que yo tenía al conductor esperando… Después de insistir un poco decidieron dejarme allí, frente a la cinta transportadora…

Una vez sola, mi maleta morada salió a los 3 minutos, tan brillante, tan bonita, tan mía… La ración de chorizo ya estaba en mis manos… Pero la azul de Carrefour… No salía…

Empecé a ponerme en lo peor, hice memoria para saber dónde estaban las braguitas, el abrigo para ir a trabajar, el bañador… ¡Todo estaba en la maleta que faltaba!
Continué resoplando, balanceándome sobre una pierna para estirar las rodillas y sacar ansiedad, me moví hasta la boca de donde sale mi maleta, la esperé... me conecté al wifi del aeropuerto…

Fue en ese momento cuando apareció , tan azul, tan resultona a pesar de lo barata que había sido, con su etiquetita de colores, tan cuqui, tan…

¡¡¡¡ROTA!!!!!!

Le faltaba un trozo enorme, toda una esquina que debió desaparecer cuando se llevaron la rueda izquierda, se veía el forro interior que estaba a punto de romperse y desperdigar litros y litros de alcohol casero ourensano y tomate frito orlando…
En ese momento y gracias al wifi gratis del aeropuerto de Bogotá, Jon me escribió que me esperaba que su madre se había empeñado en que no me quedara sola… le avisé se me había roto la maleta y que mi conductor, Jackson (el del coche blindado verde) me estaba esperando que ya me había escrito varios whatsapps diciéndome que andaba ya por ahí... que por favor que se fueran…

Tras 11 horas de vuelo, dos crisis aeronáuticas, un sentimiento de miserabilidad total y 22.9 kilos sin ruedas …me dirigí arrastrándome hasta el mostrador de AVIANCA…

Allí me tuvieron 20 minutos esperando hasta que me atendieron (a todo esto mi Jackson no paraba de preguntar cuanto me quedaba…) le pedí al señor de Avianca  que me dejara sentarme en la silla de su compañero, dentro del mostrador, entré ,  me senté a su lado y una vez allí, el señor evaluó el destrozo…

Debía ser que era poco evidente lo inútil que se había quedado mi equipaje, que tuvimos que esperar otros 10 minutos a que viniera su encargado para que valorara que en efecto, mi maleta azul , tenía un boquete de unos 20 cm por el  la asomaba la ropa y que además no tenía una rueda, es decir, era una maleta inservible…
Fue en ese momento, 40 minutos después de que llegara al mostrador,  cuando me dejó rellenar el interminable documento de reclamación para que me pagaran una maleta nueva.

Jackson me volvió a escribir para decirme que debía irse, que en 15 minutos llegaba su hijo para llevarme al hotel, que iba en su Renault verde y que me esperaba donde siempre….

Rellené las tres hojas; marca de la maleta Carrefour, color, material, motivo de mi viaje, dirección en España, dirección en Colombia, número de pasaporte, persona de contacto en caso de emergencia (¿?), número de reserva de vuelo, número de tiket de vuelo, número de pasajero frecuente,  número de vuelo, número de equipaje… Os juro que yo no sabía que en una tarjeta de embarque había tantos datos hasta el jueves pasado…. Les faltó preguntarme número de pie y color favorito…
Yo, concentrada, cansada y renegada lo escribí todo con letra clara (para evitar problemas)  y se lo di al señorito…

Cuando se lo entregué , sacó otro documento, este ya de color verde y copió todo lo que yo había puesto en ese papel muy concentrado… (otros 15 minutos de espera)…levantó la cabeza y me dijo con tono funcionarial… “¿Valor de la maleta? “ , tonta de mi y fruto del cansancio le dije, que pusiera que había costado unos 60 euros… (cifra que tuve que convertir a dólares porque no admiten cantidades en euros..) me dio una copia del documento sobre mi vida y me dijo, ahora debe usted subir al mostrador de Avianca en la planta dos, rellenar una instancia y reclamarles a ellos los 67 dólares con este papel…

Casi me pongo a llorar ahí mismo… Quería irme a dormir, estaba cansada, llevaba una hora ahí sentada, más las 11 de vuelo y me negaba a esperar más y seguir siendo partícipe de la burocracia colombiana…

Me dijo que si lo prefería,  podría venir otro día y sin pensarlo dos veces cogí mi papel y me largué como pude de allí…

Al salir a la terminal, arrastrando mi maleta, empujando la otra y cargando mi macuto, mi ordenador y mi bolso, en medio de pancartas de hoteles, de ramos de flores y niños pequeños encontrándose con sus familiares, estaban Jon y sus padres esperándome , “Mi ama que no quería dejarte sola” me dijo Jon mientras me quitaba las maletas de las manos… Les pedí que se marcharan, que mi conductor no debía estar muy lejos…

El padre de Jon y Jon me cargaron las maletas hasta la esquinita donde suelo esperar a Jackson y preocupados me dejaron allí…

Sin saldo, sin pesos colombianos y sin wifi porque estaba fuera del aeropuerto…

Pero yo no fui consciente de la incomunicación hasta que no pasaron 40 minutos y el hijo de Jackson no había dado señales…

Habían pasado 3 horas y media desde que me había bajado del avión y aún estaba ahí sentada encima de mi maleta azul, cansadísima, con ganas de llorar y frío, otra vez en el maldito frío…

A los 50 minutos reaccioné, estaba en el país en el “que sí que sí y luego no”, el hijo de Jackson no iba a venir… Tenía que ponerme en marcha…

A lo lejos, divisé un carrito vacío que alguien que había pagado por él, había abandonado tras cargar sus maletas en su coche… Salí corriendo a por él cometiendo la imprudencia de dejar mis maletas solas, lo cogí, volví corriendo , cargué todo y me fui de nuevo para dentro a cambiar los 50 euros que llevaba en la cartera en la casa de cambio del segundo piso del aeropuerto…

Me dieron un cambio de mierda pero no me importó, bajé de nuevo, esperé 20 minutos la cola del taxi, me subí y dije las palabras mágicas “sesenta y ocho con cuarta, Nico apartasuits por favor”, no hablé con el taxista ni una palabra, tenía tanta rabia y cansancio que me limité a ver cómo llovía por la ventana...

Cuando estábamos cerca, en medio del atasco habitual de la 63, escuchamos un ruido muy fuerte, algo como un trueno, pero de lo cansada que estaba ni me di cuenta de lo que era…

Cuando el Taxi paró en la puerta del Nico, despejó de repente, y en la acera soleada,  sonrientes, estaban Farhin  y Joana esperándome, en la puerta de mi pseudohogar colombiano, tan amables y serviciales como siempre… “ Señora Cristina le hemos echado de menos” me dijo Joana mientras me abrazaba…

Se me empezaron a caer de los ojos, dos lagrimones silenciosos, de esos que no avisan y son imposibles de controlar… Joana debió flipar, pero yo estaba tan cansada y tan enfadada que al llegar a una cara amiga, me derrumbé…
Farhin me subió las maletas, me dijo que no tirara la rota, que a él le servía seguro y cuando se despedía, sonriendo me dijo, “¿Sabe? , nos encanta que de nuevo esté aquí, aunque vuelva a estar sin su esposo y eso le apene…”

Le di las gracias y cuando cerró la puerta, me conecté al wifi del hotel y me di cuenta de que tenía 7 llamadas perdidas de whatsapp de esas que solo llegan si tienes datos del hijo de Jackson, un watsap de Jon preocupado porque no le había avisado de que había llegado a casa y un whatsap de Pablo que me decía “ Me voy a dormir ya, animo pequeñita”.

A la media hora llegaron Patri y Jorge con unas cervezas, una cocacola ligth y pan bimbo… Se rieron de mi historia y de mi… volvía a estar por aquí, viviendo una oportunidad laboral inigualable, con mis dos maletas llenas, 900 gramos de jamón y 2 botellas para hacer queimada… ¿Cuál era el problema?

Entre risas y anécdotas, nos acabamos un paquete de salchichón y medio de jamón… 
En cuanto salieron por la puerta me tumbé en la cama con una sensación rara en el estómago, sabiendo que de nuevo tocaba luchar y reclamarlo todo, que de nuevo estaba en Bogotá… 


martes, 14 de abril de 2015

La maleta y lo que echas de menos.

No queda nada para ir de visita a España…

Uno cuando está en un país lejos de su casa echa de menos muchas cosas…

Cuando vives en España te ríes de la respuesta de Españoles por el mundo de ¿Qué es lo qué más echas de menos de España? “La tortilla de mi madre, las cañas en la latina y el sol español”.  Te ríes porqué lo ves topicazo y piensas “desgraciado, tu vida parece sacada de una peli, tienes la muralla china al lado, o ves leones en la puerta de tu casa”….

Pero tras dos experiencias en el extranjero…

La respuesta de “La tortilla de mi madre, las cañas en la latina y el sol español”… te parece un fiasco y cobra otro sentido….
Analicemos paso a paso la frase…

En primer lugar me parece un abuso lo de la tortilla… Uno cuando vive en “Colonia española”, no hace otra cosa que comer tortilla de patata…

La tortilla de patata nos une, nos afianza como españoles y nos da estatus entre nuestros invitados extra “coloniales”… la tortilla de patata hace amigos…

Solo llevo cuatro meses en Bogotá y os digo que desde mi erasmus en Florencia, no había comido más tortillas de patata en mi vida…

-          Qué tienes que invitar a tu amiga colombiana a cenar en casa. Tortilla de patata.
-         Qué es tu cumpleaños y tienes que llevar algo típico y rico a la oficina. Tortilla de patata...
-          Que tienes una resaca de espanto pero como es sábado no quieres quedarte en casa… Pues haces un grupo de Whasapp con la foto que ya utilizaste un par de semanas atrás de una tortilla de patata y comienzas con “ Tortillada en casa, ¿Quién se apunta?” Os juro que no se el por qué pero se apunta más gente a una tortillada que a unos espaguetis con tomate…
-          Que estás en casa sin nada en la nevera más que huevos, patatas y ensalada… Pues tortilla de patata… la lechuga seguro que está pasada…

La tortilla de patata no se echa de menos, la tortilla de patata está presente, es la reina del expatriado…

La segunda parte de la frase “Las cañas en la latina”.

Como dice mi novio… vayas donde vayas… Hay cerveza… Así que… yo entiendo que se eche de menos el tinto de verano, con su limoncito, sus olivitas, sus patatas “La Montaña” pero… ¿Las cañas? Pero si la Club Colombia vale la mitad que una Estrella de Galicia (y aunque no le llegue al tapón de la botella) es cerveza de todos modos… la echas en un vasito y ya tienes la cañita.  
La latina tiene su rollito, su “postureo” de domingo, sus amigos insustituibles que conocen cómo eres y se ríen de anécdotas de hace 20 años… pero…

Conocer gente nueva compartiendo una “Águila” o una “Club Colombia” también engancha… Las cañas en la Latina se pueden sustituir por cañas en cualquier lado (parques, casas, hoteles, oficinas…) y en Bogotá, gracias a la globalización que nos ha traído “100 montaditos” a la zona de compras, pues ese mono… se amaina con la imitación a tinto de verano y las cervezas Estrella Galicia mal tiradas… eso es un alivio….

Pero lo del sol… ahí no tengo nada que decir… Lo del sol es algo que no se puede comparar con nada… El sol mediterráneo, el sol de las tardes que huelen a almendro, el sol que no quema a los 10 segundos de exposición, el sol que calienta pero no arde, el sol que hace que seamos tostaditos pero no rosados ni negros, el nuestro… Ese sol… Eso si que se echa de menos…

Si tuviera que ir a Españoles por el Mundo (que están a 4 mesas de mi mesa en la oficina de Madrid) a decirles qué es lo que echo de menos de España (más allá de las personas, claro está) mi lista sería:
-          Los tampax.
-          Pasear por la noche con seguridad.
-          El tomate frito Orlando
-          La ensaladilla rusa de mi madre.

Os reiréis, pero en un país donde encontrar tampax es una misión digna de Sherlock Holmes y que cuando los encuentras, no solo tienes la problemática de que no tienen aplicador, sino que cuestan 20 euros y además son de marca “Cautiva”… pues echa para atrás…¡Vivan los tampax compac! La marca Cautiva no da ninguna seguridad… No sé quién será el encargado de Marketing en esa empresa… pero el nombre… no es lo que se dice de “mujer de hoy”…

Pasear por la noche es un placer que no os podéis imaginar… La seguridad de saber que nada va a pasar, que puedes ir hablando con quien sea de camino a casa por un teléfono de nueva generación, que no importe que salgas de casa de alguien media hora antes de que anochezca o media hora después… eso es CALIDAD DE VIDA… y es algo que estoy deseando volver a hacer… pasear por una ciudad sin tener miedo de las motos que pasan cerca de la acera… Creo que tengo tantas ganas que me veo en zapatillas de andar por casa la primera noche de yet lag a las 5 de la mañana María de Guzmán para arriba, María de Guzmán para abajo…

Tercer punto…la salsa de tomate… ¿Sabéis qué es aquí salsa de tomate? El Ketchup!! Ni mas ni menos, no hay tomate frito en salsa… Aquí o entero o troceado o kétchup… una verdadera pobreza culinaria… Con lo cerca que está Cuba… ¿Cómo hacen en arroz a la cubana? Pues con kétchup un atraso enorme… Si alguien conoce al dueño de Tomate Orlando que me haga un favor, díganle que venga, que aquí hay mercado…

Y por último la ensaladilla de mi madre… supongo que lo que echo de menos son los gestos amorosos de la familia, transformado en morriña de plato tradicional de veranito de casa… Solo mi madre corta en cuadraditos perfectos las patatas y es tacaña con las aceitunas para que tu ensaladilla sin mayonesa esté perfecta durante más de 15 días…

El otro día después de 3 daikiris de fresa con Pablo a la orillita del caribe, se me ocurrió mandarle una nota de voz a mi madre en la que claramente, le comentaba que quería ensaladilla rusa… No me contestó… yo creo que lo dije todo bien, que fui muy educada… pero se hizo la loca… Le volví a mandar otra nota de voz a la mañana siguiente… tampoco contestó… No entiendo…

Total, que os cuento todo esto, porque cuando te dan la posibilidad de ir a tu país, aunque sea una semana y a trabajar con horarios explotadores… Te entra la obligación moral y solidaria de escribir en el grupo de la tortillada…. “Voy a España, poco peso de vuelta, se aceptan encargos, pero no muy pesados…. Iré a Decathlon, Mediamark y Carrefour, ya me diréis”

Es una necesidad para con tu colonia, que sale de muy adentro, que se convierte en obligación ciudadana… Todos los miembros se organizan y piden cositas…

Debido al el país en el que estamos, llevar a España sabemos que es un compromiso mayor… Al llegar a España vienes en un vuelo “caliente” y te revisan la maleta, te hacen mil preguntas y hay veces que te hacen describir el contenido de tu equipaje sin verlo… y eso sumado a te han metido tanto miedo durante los meses de preparación de venir a Colombia, que a no ser que sea alguien que te ha hecho tortillas en tu cocina… yo personalmente, prefiero no llevarle nada a nadie…

Pero para volver… por ahora ,(lo anuncié ayer en el grupo) ya me han encargado tomate frito Orlando, pipas, tampax super, me van a llegar dos paquetes a casa con unos botines y jamón del pueblo de un redactor de EFE, estoy pendiente que me confirmen qué modelo de móvil BQ quiere una amiga, una toalla de fibra de las que no pesan de decathlon para viajar …

Volveré con todo eso, y posiblemente para celebrar que hay pipas y que he llegado… 

Haremos tortillada, supongo.



PD: Otra cosa que echas de menos, pero tal vez todo el mundo no lo entienda)  es ver el fútbol en calidad (aquí al ser sistema americano no se ve tan nítido) y a tiempo real sin que Twitter te diga quien ha marcado hace un minuto y medio... (el retardo del satélite)...