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domingo, 18 de diciembre de 2016

Pesadilla antes de Navidad

Parece que ya es Navidad.

Aunque en Bogotá desde el 2 de Noviembre todas las tiendas te recuerdan que va a venir Papá Noel y todo está decorado como si la ciudad fuera un verdadero puticlub, ahora si que si, el pueblo colombiano se ha declarado en fechas de Navidad.

En países como éste, en el que no hay estaciones del año, el mes de diciembre, es aún más importante que para nosotros.

Se juntan las fiestas navideñas con el mes de vacaciones, así que todos cuentan los días para que llegue el 16 de Diciembre para estrenar el bañador, mirar el belén y escribir cartas  al “Niño Dios” y sobre todo para emborracharse, salir de vacaciones de colegio (los niños) y “rumbiar” (rumbear, irse de fiesta).

Todo lo hacen a la vez (nuestro agosto y nuestras navidades en el mismo mes) y las calles de las zonas comerciales y los principales parques se llenan de gente como si se tratara de una película de invasión zombie.

Diciembre es aquí un mes de familia, de amigos, de rituales religiosos y sobre todo de consumismo.

La primera fecha clave, que a mí me encantó y pienso repetir todos los años de mi vida, es el día de las velitas.

El 8 de Diciembre, Día de la Inmaculada Concepción, en cuanto cae el sol (como todos los días a las 18.05) las familias salen a la calle a poner velitas en los parques, las puertas de las casas, las ventanas, las plazas… Nadie lo sabe, pero la tradición se basa en que la luz significa la pureza, la virginidad, y ese día se conmemora el día de la “Concepción”, vamos el día que el Espíritu Santo baja, se le aparece a la Virgen y pone todo a funcionar…

Los colombianos, se sientan en el suelo, toman canelazo (agua panela calentita a veces con un chorrito de alcohol) mientras  rezan y juegan con las velas de colores.

Todo se llena de velas, de amigos, de familias, de personas felices que compran paquetes de 20 velas de colores y a medida que se adentra la noche, llegan las cervezas, de las cervezas al ron y del ron al aguardiente (guaro) y al día siguiente resacón.

Pasado el día de velitas llega la novena, que como su propio nombre indica dura nueve días.

Desde el 16 de Diciembre al 25 del mismo mes, cualquier grupo social, familia, amigos, comunidades de vecinos, empresas, clases de universidad, se reúnen en círculo y rezan alternándolo con la lectura de un librito que se llama “Novena” que va contando diferentes pasajes de la Biblia.

Normalmente se celebran por la tarde, después se comen buñuelos (que son bolas de pan requetefritas con queso) y natillas (que es una gelatina de leche) , se escuchan villancicos, y como todas las fiestas colombianas… llegan las cervezas, de las cervezas al ron y del ron al aguardiente (guaro) y al día siguiente resacón.

Las novenas son una especie de “postureo” a las que todos acuden, son invitados, desinvitados y cumplen rigurosamente durante los nueve días que duran.
Da igual que tengas que hacer muchas cosas, si en tu círculo se celebra una novena hay que ir y punto.

El viernes, tuve una reunión en una oficina de esas pijísimas de una empresa muy grande que quieren hacer unos vídeos corporativos…. a los 20 minutos  de estar conversando con el Director, correctamente pero con decisión, me echó de su despacho porque “a las 10.30 toda la oficina tenía que celebrar la novena”, y cuando salí de su despacho a las 10.32, en medio de la sala principal llena de mesas y ordenadores, todos los trabajadores en sillas puestas en círculo rezaban con las cabezas gachas en plan Kukux Clan pero sin capirotes.

Viendome ahí en medio, rompiendo la armonía religiosa, cómo no, fui invitada a unirme a tremendo evento y antes de que me diera cuenta, el Director de la Compañía, con en que había estado hablando hasta ese momento, ya estaba sentado en la única silla libre que habían dejado para unirse a su novena.

Educadamente decliné la invitación, porque en mi oficina que somos made in Spain. Ni novenas ni novenos, únicamente trabajo.
Pero lo que a mí más me alucina y más me hace pensar que en España la crisis nos ha hecho mejorar el planeta, es lo del alumbrado.

Desde el día de velitas, y durante todas la noches hasta que amanece, las calles se llenan de luces de colores, de hilo musical navidad-caribeño, de flashes, de leds, bombillas, de árboles con bolas luminosas, de estrellas que parpadean en las aceras y de papás noeles muy abrigados.

Es una auténtica pasada. El Ayuntamiento y las familias en sus casas, echan el resto y se encargan de que nadie, nadie, nadie, se olvide que es Navidad.

Éste año, para rizar el rizo, el Alcalde de Bogotá, les ha regalado a los 9 millones de bogotanos un espectáculo que desde el viernes pasado y hasta el 23 se repetirá cada hora en la Plaza Bolivar de luces y música, inspirado y gestionado por “La Fiesta de las Luces de Lyon”.

Así que el viernes pasado, cual idiotas inconscientes de lo que íbamos a sufrir, cuatro amigos y yo nos fuimos a ver el espectáculo de inauguración junto con la Orquesta Filarmónica de la Ciudad.

Íbamos felices, sorteando gente, esperando filas, saltando los puestos de ropa de segunda mano, las parrillas móviles llenas de mazorcas de maíz, las familias numerosas, los yonkis en las aceras, los carteristas navideños y los puestos de gorros de Papa Noel.

Y a unas tres cuadras del lugar del evento, empezamos ya a sentir que íbamos a estar bastante apretujaditos…

La plaza de Bolivar está rodeada por los edificios más emblemáticos de la ciudad, la Catedral, El Senado, La casa del Presidente y el Palacio de Justicia. Los cuatro edificios la rodean dejando hueco a 4 pequeñas calles que desembocan en la misma. Dos completamente inutilizadas por seguridad alrededor de la casa presidencial por las que únicamente pueden pasar personas acreditadas y la séptima y la octava.

Así que desde cuatro cuadras antes el tapón ya era importante.

Nxxxx, Jxxxx y yo conseguimos un sitio detrás de un escenario cercano al Congreso en el que podíamos ver casi todo, los otros dos restantes prefirieron meterse en el tumulto màs tumulto.
Disfrutamos como enanos cada segundo, los fuegos artificiales se intercalaban con los violines y las luces que enseñaban cómo la Catedral Bogotana se convertía en NotreDame, en selvas, en casas típicas de la costa y se derretía convirtiéndose en fuego…

Una verdadera pasada digna de una ciudad pudiente que comienza a sentir que se debe a sus ciudadanos.

La plaza estaba llena hasta la bandera, no cabía un alma y todo era alegría y color… Las parejas se besaban y hacían selfies, los niños gritaban de alegría y Nxxxx y yo dabamos saltitos cada vez que cambiaba el color de algo o sonaba una música conocida y tras 10 minutos de luz y sonido, tras una traca de fuegos artificiales, el espectáculo terminó.

Conscientes del agobio que se venía encima, Nxxx Jxxxx y yo salimos corriendo rumbo a las dos calles que nos sacaban de allí, pero fue demasiado tarde. Sin saber por qué, en cuestión de segundos nos vimos envueltos en una riada de gente que intentaba salir como nosotros.

La masa empujaba hacia la salida, y nosotras (algo más altas que el resto) veíamos como nuestros cuerpos sobresalían en medio de miles y miles de personas estrujándose cada vez más y más queriendo salir de la Plaza.

Miles de cuerpos, poco a poco se iban amontonando dirección las dos únicas calles estrechitas que dejaban salir de allí…. Calor, pisotones, gritos, quejas… Todos esos estímulos me iban dejando poco a poco sin oxígeno y hacían que mi miedo y angustia crecieran cada segundo.

Nxxxx, empujaba hacia delante, Jesús detrás de mi intentaba dejarme un pequeño círculo aire porque sin que le dijera demasiado se había dado cuenta de mi cara pálida de angustia.

Perdí el control tras 10 minutos de desesperación y presión,  le dije a Nxxxx que yo me daba la vuelta, que me quedaba en la plaza, sólo quería salir de allí, huir de tanta gente, respirar, sentir oxígeno.  Pero era imposible, no podía andar contra corriente, y poco a poco en vez de salir entraba en el embudo de la calle octava…

Miré a Nere y me di cuenta que ella estaba igual que yo, que aunque nos guiaba en la angustia sin decir nada, no sabía qué hacer y dándome la vuelta, casi sin sentir ya el suelo bajo mis pies miré a Jesús para que nos salvara.

“Nena, pal soportal” le gritó Jxxxx a Nxxxx señalando hacia la izquierda donde el Palacio de Justicia ofrecía un pequeño soportal donde resguardarse de la lluvia en los chaparrones bogotanos.
Cual autómatas, luchando contra la marea conseguimos llegar a una valla que separaba el gentío de la policía del soportal.

Nos paramos sobre ella, Jxxxxx apoyó sus manos en la pared y como si fuera súper man nos hizo una pequeña casita que nos separaba del resto del mundo sin que nos empujaran.

Pero yo no podía respirar, no podía dejar de moverme, quería salir de ahí, sentía como mi garganta se cerraba y ya no podía ni hablar…

Nxxxx intentaba calmarme, yo intentaba mirarla, pero no podía fijar los ojos en ninguna parte. Buscaba una salida, un lugar por donde huir de esa situación….
Nxxxxx, yo me voy donde la policía, le dije angustiada. Y rompiendo el protocolo, empujando a siete señoras, dos niños y cuatro hombres conseguí llegar a la verja de la policía mas lejana a la corriente.

Sorprendentemente estaba abierta, se podía pasar sin problemas, así que escabulléndome como una ratilla de ciudad, conseguí llegar al otro lado en el que en 20 metros cuadrados únicamente había un policía leyendo whatsapps en su celular.

Cogí aliento y empecé a llorar apoyada en la pared, sintiendo el aire, el frío y  por fin el espacio vital.

A los 2 minutos Nxxxx, más blanca aunque yo, asomó una pierna, un brazo y pudo colarse por el hueco que yo había descubierto.
Detrás vino Jxxxx, también agobiado pero no tan descompuesto.

Nxxx y yo nos dimos la mano, como sintiendo que gracias la una a la otra habíamos sobrevivido a nuestros miedos, no podíamos ni abrazarnos, pero sabíamos que estábamos a salvo.
 Anduvimos 10 metros por los soportales, paralelos a la calle octava y asomándonos a un altillo del soportal que nos separaba de la barbarie, sin habla y horrorizadas, gastamos los siguientes 40 minutos respirando frío y viendo a gente pasar.

Cuando por fin se pudo ver algo del suelo empedrado de la calle octava nos decidimos a salir, ya era tarde y quedarnos en el centro histórico no era buena idea.

Pudimos coger un taxi que nos llevó hasta casa de Nxxx y Jxxxx, donde sin nombrar nada religioso (porque ellos no creen en nada y nos pidieron que en su casa no se rezara) celebramos una novena atea, dándole gracias a la vida por mil cosas, con sus villancicos y su vino blanco de rueda que me habían traído mis amigas para una ocasión especial.



lunes, 26 de septiembre de 2016

Firmas, cámaras y otros animales


Si todo va, como tiene que ir , hoy no será la última vez que escuchéis sobre Colombia.

Hoy, vuestro ayer, ha sido un día histórico para el país en el que trabajo.

La fecha que tendrán que estudiar millones de niños latinoamericanos, una jornada de la que se harán reportajes, libros, series y quien sabe, tal vez, alguna película dentro de unos años…

Hoy el Gobierno Colombiano y las Farc-EP han firmado el acuerdo de paz.

Y os juro que ha sido de piel de gallina. Muy duro (eso si), porque he dormido cuatro horas, trabajado en las últimas veinticuatro, dieciocho y gritado unas… ¿cinco? Estoy afónica, me duele la cabeza y la tripa de tanta cocacola y té….pero… lo hemos contado en imágenes.

Hay pocas satisfacciones mayores en la vida de alguien que se dedica a la actualidad, que la de poder hacer llegar a todas las casas una noticia de ámbito internacional “positiva”. Contar cosas positivas es menos adrenalínico que las negativas o las catástrofes, pero igual de gratificante... Un ex compañero de trabajo, en medio de una súper venta de unas imágenes en exclusiva, se atrevió a comparar la sensación de publicar en esas condiciones a un orgasmo… Yo no me atrevo a afirmar lo mismo… pero desde luego, ver tus imágenes ilustran Le Figaró, The NewYork Times, Telecinco y Canal Sur… Es un subidón que flipas.

Aunque sea algo mentira lo vivido hoy, aunque no les guste a todos, aunque el coordinador de la empresa con la que se ha asociado mi empresa no haya coordinado nada y haya sido algo desastroso enterarse desde Bogotá lo que estaba pasando a diez metros de él y tener que enviar a ciegas… Está contado.

Los actos oficiales empezaron hoy a las 07.00, pero la firma en sí, ha sido a las 17.00.

Así que ayer, mientras re editaba a las 02.00 unos vídeos de la llegada de Raúl Castro a Cartagena, decidí que hoy si os si, me iría con Juan Pablo, nuestro cámara, a cubrir la firma desde la Plaza Bolivar de Bogotá donde habían convocado a todos para ver la firma de Cartagena.

Volvería a ser su asistente, como en la Manifa del 1 de mayo,  y podría con el móvil en la mano escribiendo mil whatsapps desde la tarima de prensa, poder vivir el momento histórico.

Así que me acredité y de paso acredité a mi amiga Iris, que es periodista y profe experta en Conflicto y paz, a la zona de prensa de la Plaza Bolivar.

Quedamos una hora antes de la firma en mi oficina para poder ir juntas y así que no tuviéramos problemas con el acceso. El taxi nos dejó a tres manzanas, íbamos dando saltitos emocionadas, sonriendo y siendo conscientes de lo que estábamos viviendo. Pasamos dos controles de seguridad , enseñamos nuestras mochilas,  nos cachearon y una vez pasado el filtro, nos dirigimos a la zona de prensa.

Allí, muy a lo colombiano, la jefa de prensa de #ColombiaDiceSí, tenía el móvil sin batería, así que nos tocó llamar a uno que llamó a otro que llamó a otro que por casualidad estaba al lado de Mariana, que vino a saludarnos.

Le pedimos nuestras acreditaciones, y resulta que ella no las tenía, que tenía que buscar a un tal Nelson Navas, nos pidió que la esperáramos tras unas vallas en las que se leía muy grande Si-si-si-si.

Se adentró en la carpa de prensa y… si te he visto no me acuerdo. Muy colombiano también…

Así que tras diez minutos de espera, llamé a Juan Pablo, me explicó dónde estaba y fuimos en su encuentro sin acreditación ni nada.
Él estaba en una tarima, bajo una estatua del mismísimo Don Simón (no el de la sangría sino el de la independencia de Colombia) donde estaban todas las cámaras de todas las teles que puedes ver en el país + agencias + telesur + otras cuantas…

Al llegar a las escaleras de acceso, delante de la valla, había un segurata de unos veinte años que se notaba que la firma de la paz le estaba quedando grande.

Miraba hacia los lados, intentando que nadie pasara hacia la zona de prensa aunque nadie lo intentara, los ojos, que abría de par en par, le brillaban y el calor , que comenzaba a sentirse a medida que se las nubes dejaban pasar el sol, empezaba a hacerle sudar como un pollo dentro de su chubasquero naranja fosforito.

Nos pidió carnet de prensa, algo que no teníamos, y nos dijo que sin eso no podríamos pasar.

Así que tirando de la astucia aprendida y la cara que he heredado de mi madre, tiré de chulería y  le dije muy seria. “ ¿Usted cree que con toda la gente que hay, voy a traer mi cartera con el carnet que me da de comer señor?  Le enseñé mi tarjeta de visita, y nos dejó pasar diciéndonos con timidez que  “sólo un ratico que si os ven con manilla, se me echan encima”.

Le dimos las gracias y subimos los escalones de par en par para prepararnos para el gran momento. En cuanto subimos, elevadas sobre el resto de los mortales, nos olvidamos de él y contemplamos la inmensa plaza llena, llena, llena de símbolos y colores de paz.

También nos olvidamos la una de la otra, ella se fue a hacer fotos y yo, mientras enviaba whatsapps desde mi móvil de caca, me acerqué a Juan Pablo para
poderle guardar trípode y mochila para que se moviera por la tarima sin preocupación.

Todo parecía de película. La gente gritaba “Sí se pudo”, la música sonaba, las nubes desaparecían dejando brillar el imponente sol, los animadores del escenario
principal animaban a ir a votar por el si el domingo que viene… 
Sobre la estatua elevada de Bolívar, las periodistas de RCN, Red Más y Caracol practicaban entradillas (discursos a cámara) dando pasos y mirando al cielo, los cámaras y fotógrafos jaleaban a las masas para sacar mejores imágenes y yo escribía whatsapps.

Comenzó el Himno Nacional y todos lo cantaron. Comenzó la presentadora de turno a contar quienes estaban  como quien presenta la alineación de un Madrid Barça. Aplaudieron a Maduro, a Castro, a Santos y a Timochenco y abuchearon al Rey Juan Carlos, a Bachelet y a otros cuantos dirigentes más, se guardó un
minuto de silencio y fue entonces cuando comenzó el momento más emocionante de la tarde.

El canto de las “Alabaoras de Bojayá”.  Las Alabaoras de Bojayá, son unas mujeres, que desde hace 14 años, tras la gran masacre que cometieron las Farc, por una lucha contra los Paramilitares por el control de sus tierras, cantan para ayudarse a superar el horror que vivieron. 

Bojayá, es un pueblo del Chocó, un pueblo en medio de la nada, de la selva más cerrada en medio de uno de los departamentos más pobres de Colombia que, casualidades de la vida, es el único Departamento que se baña en los dos mares, el Caribe y el Pacífico. Así  sus condiciones físicas básicas unidas a su frondosa selva, la hacen una verdadera “autopista” en la que  entrar con armas y salír  con drogas es lo más fácil del planeta  y, claro está, en el 2002  nadie quería quedarse sin esa parte del pastel colombiano.

Así que el dos de mayo del 2002, las Farc y los Paramilitares se enzarzaron a tirarse bombas los unos a los otros y a atacar la población de Bojayá que atemorizada, ante la falta de presencia Estatal,  se metió en una  Iglesia y esa fue su perdición, una bomba acabó con la vida de más de 120 personas de un plumazo dentro de la capilla del Pueblo. Las Farc, conscientes de ésta barbaridad, el diciembre pasado, llevaron a sus altos cargos a pedirles perdón por lo sucedido. De los Paramilitares, como podéis adivinar… si te he visto no me acuerdo, y eso que aún siguen de una u otra forma, presentes en el país.

Así que, los cánticos desgarradores de éstas señoras, tienen aún más peso que cualquier voz de todo el país... y ahí, en el acto de paz, vestidas de blanco por primera vez en 14 años, prefierieron cantarles al si, al futuro y a la realidad.

Pusieron en pie a todo el público y sin cortarse un pelo, también han puesto a caldo en sus letras a ambos firmantes. Gritando desde dentro, con ese sentimiento que solo puede salir de muy del dolor, han recordado a los muertos, los desaparecidos, e incluso, que ahí si que casi lloro y se me ha puesto la carne de gallina, han soltado una frase… que a todos los que vivimos éste momento aquí, nos hubiera gustado decirle a Santos: “Oiga Señor Presidente, hágasenos pa ´acá, ¿Y con esos otros grupos, díganos qué va a pasar?”.

Ha sido un momento flipante, cada frase que soltaban las señoras negras, era ovacionada por toda la plaza Bolívar, creando un ambiente mucho más mágico e intercultural… Y así en medio de la interculturalidad, con el teléfono en la mano mientras leía un whatsapp de mi primo Gonzalo que me echaba de menos y me pedía que le contara algo divertido, por el rabillo del ojo, me ha parecido ver un gato cruzarse por la tarima y meterse en un huequito entre las piedras de la estatua.

 ¿Un gato? No podía ser ¿Ahí en medio? ¿Con tanta gente? Imposible… En ese momento, he mirado al argentino que tenía a la izquierda y cuando he visto su cara de asombro me he dado cuenta de que no era un gato, era ¡¡¡una rata inmensa!!!

La pobre ratita ajena a la solemnidad del acto, intentó esconderse, pero era demasiado grandota para el hueco tan chiquitito que había elegido, así que asomando la carita y la narizota marrón, no paraba de buscar ansiosa con los ojitos redondos muy abiertos, un sitio más grande para esconderse…

De repente, mientras la ratita se giraba sobre si misma buscando una salida  y dejando a la luz su asquerosita colita marrón, la presentadora cursi de Red Más Noticias, que minutos antes recitaba su discurso al aire, la ha visto , e incontrolada, se ha puesto a gritar como una loca.

Y así como víctimas del efecto dominó, los cámaras que grababan a las señoras cantoras de Bojayá en las grandes pantallas,  han empezado a dar saltos moviendo sus trípodes intentando agarrar las cámaras para que no se movieran mientras la ratita, completamente loca ante tal histerismo, corría buscando un hueco más grande donde no ser vista.

Los fotógrafos saltaron hacia fuera de la zona de prensa, las redactoras perdieron el control, la rata comenzó a dar saltitos en zigzag por la plataforma de Bolivar hasta que gracias al tumulto, desesperada, se metió de nuevo en el mismo hueco de donde había salido segundos antes, pero que ahora, gracias a la locura del personal, estaba tapado por una botella de plástico de agua que hacía que nadie pudiera verla. La pobre, ha aguantado ahí la hora y cuarto que ha durado el acto, moviendo la cabecita y los bigotes, alejada al menos un metro de cualquier persona… ajena a que la más asustada del recinto no era ella, sino las cinco presentadoras cursis que se apretujaban en la otra esquina del cuadrilátero y los cámaras, más profesionales, grababan la firma histórica de ese momento de paz.

Ella no lo sabe, pero ha sido la gran protagonista del Día D, para todos aquellos que tenían que contarlo al mundo desde Bogotá. Tal vez para ella no sea el día de la firma, sino el día que tras una botella de agua, vio como miles de personas se apoderaron durante horas de su frío hogar, la majestuosa plaza de Bolívar, gritando sí a la Paz.

PD. No se si se podrá ver, pero en el vídeo de caracol, en el minuto 1 y medio sale el canto de las Alabaoras: http://noticias.caracoltv.com/acuerdo-final/un-minuto-de-silencio-y-alabaos-de-las-alabaoras-de-bojaya-por-las-victimas


PD2; La paz en la plaza Bolívar huele a marihuana, estaban todos encantados.

lunes, 27 de junio de 2016

Paz, equidad y educación. Juntos por un nuevo país.

Desde luego, si una semana debe ser marcada en mi calendario noticioso del 2016, tiene que ser ésta.
No solo por lo de la Roja, lo del discurso de Rajoy en Génova ni por que solo queden 23 días para que llegue a España...

Es que Colombia ha sido noticia, Gobierno y Farc han firmado la Paz.

El miércoles pasado, me despertaba a las 06.18 de la mañana un Whatsapp de mi compañero Andrés diciendo “Han pactado en La Habana, hoy si que estará movidito” y en efecto, lo estuvo.

Ha sido una semana llena de signos, gestos y firmas que a una persona que procede de un país en el que los símbolos patrios no nos representan a todos y los himnos poseen (para muchos) connotaciones fascistas, es una auténtica inmersión en la cultura de la “comunicación de masas emocional”.

El colombiano es una persona que ama su país, su familia y su equipo de fútbol por encima de todas las cosas. Es un humano con el sentido de pertenencia más desarrollado de lo normal, tal vez porque desde hace más de cincuenta años, le ha tocado defender lo que siente y lo que es con su propia vida.

Desde que los americanos se llevaron Panamá, o mejor dicho, desde que Alonso de Ojeda pisara éste país en 1499, les han dado por todos los lados. 
Primero los de fuera y luego ellos contra ellos mismos y  debido a ésta fragilidad del “estado de las cosas colombianas”  el Gobierno de la Nación, en los últimos años, ha explotado la publicidad patriótica hasta la máxima expresión.
 ¿Y qué conlleva eso? 
Que si eres extranjero, vayas por donde vayas eres consciente de que estás en Colombia y si eres nacional, cada momento es bueno para recordarte que el país se construye día a día.

Todos los días a las 06.00 y a las 18.00, todas emisoras de radio y las televisiones nacionales, están obligadas a poner el himno de Colombia y nadie lo ve símbolo del “régimen”. 
Lo ven como normal. 
Lo he escuchado en taxis, en el trabajo, mientras me hacía masajes (este capítulo de los masajes os lo contaré más a delante o mejor en vivo) en medio de mi concentración de Spa… da exactamente igual que escuches “Tropicana la más bacana” o “Radio Caracollll”, que a las seis toca himno si o si.


Además, el Gobierno, está haciendo una campaña de publicidad preciosa con anuncios por todas partes que siempre terminan con la frase “Todos por un nuevo país. Paz, equidad y educación”.

En los anuncios se ven colombianos de todos los colores, siempre muy guapos y en lugares magníficos. Colombianos sonrientes, que se abrazan y viven en paz. Y cuando se trata de las Fuerzas Armadas, salen unos soldados… ¡Qué soldados! Yo os prometo que de todos los retenes que me habré cruzado en Colombia, ¡Nunca he visto a los de los anuncios de Santos! 
Y eso que como ciudadana, para transmitir tranquilidad, cada vez que pasas por un control debes mirar al soldado, fijándote bien en él y enseñarle tu mano con el pulgar para arriba en señal de que todo está ok… Nada, los de los anuncios no los he visto jamás!

Las banderas de Colombia están por todas partes, grandes pequeñas, con forma de corazón, de cubre retrovisores para taxis, en pulseras, en los menús de los restaurantes, en todos los puestos de comida callejera para cubrir el carro que lleva los tuppers llenos de corrientazos... y hasta los recicladores (que son los vagabundos de Bogotá) en sus carros de madera llevan una sucia bandera cubriendo los cartones.

Pues bien, el miércoles, cuando Andrés me despertaba con ésa noticia, no solo se conocía el bombazo de que era el último día de la guerra contra las Farc, sino que había un acontecimiento muchísimo más relevante para el colombiano medio… 
Colombia jugaba la semifinal de la Copa América contra Chile… y eso señores… Son palabras mayores.

Para empezar TODO (y digo TODO el mundo porque visten hasta a los perros)  se pone su camiseta de la “Selección Colombia” (Así llaman los colombianos a su selección, no como nosotros que la nombramos “La Roja” o simplemente “La Selección”) la ciudad se tiñe de amarillo y quien no lleva la camiseta de Selección COlombia… es raro o tiene algún problema.

Tengo que reconocer que el año pasado, ante la marea de amarillos, tuve que comprarme una, y como todo Bogotá, fui al mercado de falsificaciones a por una de 5 euros maravillosa que solo me he puesto dos veces (una de ellas cuando llegué a España el verano pasado) pero siempre la  llevo en el bolso los días de partido por si me dicen algo en la oficina o en la calle.
Para demostrar que no soy “ciudadana ajena” y que cumplo con mi obligación como residente.
También le compré una a Pablo (embriagada por la corriente amarilla que me arrastraba cada partido) y cuando se la di, el pobre no entendió nada, no supo que decir… y es verdad que en España, éste amarillo se ve feo feo feo… Aquí sin embargo es “Color Colombia”.


Total, que el miércoles, en las calles, no se hablaba de otra cosa que no fuera del fútbol.
En las redacciones de prensa internacional y en los whatsapps de expatriados, solo comentábamos la firma que se daría la jornada siguiente en La Habana… 
Era, sin querer, vivir en dos realidades paralelas, en dos caras de un país, la que le importaba a la gente ése día y la que nos importaba a los expatriados y ajenos.

El Informativo de las 12.30 de la mañana abrió con la futura firma, eso me consoló, pero a la media hora (aquí el telediario dura hora y media) conectaron con el enviado especial a Chicago y de ahí no salieron… Que si James jugará de media punta, que si Ospina está en su mejor momento, que si cientos de Colombianos animarán a la Selección Colombia…

Me dio pena… vergüenza ajena, no se...
Por un momento me olvidé que España es igual y sentí que todo el circo patriótico colombiano no era más que eso, un circo para un país poco formado que no entiende lo que significan los pactos de paz y que no les interesa lo más mínimo el futuro de su amada Nación. Sentí que para ellos, la Selección Colombia era mucho más importante que terminar con las Farc.

Esa misma noche, la Selección Colombia perdió dos a cero. James jugó fatal y el país decepcionado, junto conmigo, se fue a dormir más tarde de lo habitual bastante tocadillos.

Pero el Jueves, con las cámaras preparadas y tras escuchar lo que no había podido entender antes, me di con la realidad en las narices.

El Gobierno Colombiano, junto con la Alcaldía de Bogotá, siguiendo su estrategia de “manipulación mediática patriótica”, instaló una pantalla gigante en la Plaza Bolívar, y allí nos fuimos los medios a cubrirlo…

Y allí si, allí en un día laborable, unas cuatrocientas personas (que no son nada para una ciudad de 9.000.000 de habitantes) con sus banderas colombianas, sus paraguas colombianos y sus camisetas con lemas pacifistas colombianos, aguardaban emocionados el apretón de manos de Juan Manuel Santos y Timochenco.

Antes de empezar el acto, grabamos unos cuantos testimonios, y una señora (posiblemente víctima de las barbaridades de los últimos años) de la edad de mi madre, con buena pinta, que podría ser profe de universidad sin problemas, dijo una frase que me quitó la venda de “gringa inculta” que no me había dejado ver hasta ese momento. Una frase que cambió mi visión del conflicto:

“Es un gran paso, si, pero no tenemos que olvidar que la guerra colombiana no es una guerra a dos bandos. En Colombia hay muchas guerras y muchas bandas criminales. Las Farc han dominado los actos bélicos y sobre todo la publicidad. Pero quedan las BaCrim (bandas criminales), los Paramilitares, el ELN y el narcotráfico. Por eso debemos festejar sin olvidar que queda mucho por hacer. Es normal que el pueblo no se lo crea, siguen despertándose amenazados”

La tía me dejó planchada, tenía toda la razón… 

Los últimos secuestros fueron por parte del ELN, los asesinatos de policías por parte de la bacCrim “El Clan Úsuga”…. 
Las Farc eran solo las fichas de color rojo en el tablero de Parchis de la guerra colombiana…

Después de esa señora pasamos a un hombre que había perdido a su hijo en un enfrentamiento armado, y luego a un chico que declaró que él no sabía que era vivir en paz…

Pero yo no paraba de pensar en lo que había dicho esa señora… 
Ella me había dado la clave para entender por qué los ciudadanos pasaban tanto… no suponía la paz, solo un gran paso hacia ella.

En medio del lío, la pantalla dio paso al acto solemne de La Habana… BankiMoon, Maduro, Bachelet… nadie se lo había querido perder esa súper foto histórica en éste lado del mundo mientras en el otro estaban pendientes de las urnas británicas...

Sonó el himno de Colombia.

Se hizo hueco entre los asistentes, comenzó a reinar en la plaza Bolivar, solo se escuchaba el himno...
¡Zas!
No sé si adrede o por fallos técnicos, el audio de la plaza se silenció. 
Los asistentes continuaron  al unísono cantando la letra, sin cesar ni un momento, alzando aun más sus voces…

Momentazo mortal…

Tras diez segundos sin melodía, pero con el cántico del "pueblo",  los altavoces volvieron a sonar uniéndose a los asistentes que no se descuadraron ni un segundo de la melodía original.

Al terminar, con los pelos como escarpias, el “amenizador” del acto gritó “Viva Colombia y que viva la Paz” y todos como locos gritaron un viva seguido de aplausos, abrazos...
Apareció en la pantalla la “foto” de Santos dándole la mano al jefe de las Farc.

Santos y Timochenco firmaron con una bala convertida en bolígrafo (mas concretamente en “balígrafo”) en el que grabaron una frase también muy de Santos y su propaganda que decía;  “ Las balas escribieron nuestro pasado. La educación escribirá nuestro futuro”.


El viernes tuve la suerte de tener uno de los 100 balígrafos en mis manos, porque fuimos a entrevistar a la Ministra de Educación que fue quien tuvo la idea del “balígrafo”. 
Un auténtico privilegio de esos que no se pueden olvidar y una frase que dice que vuelve a enseñarme en qué momento está Colombia. Una frase que me hizo entender que el Gobierno es consciente, que tienen mucho que educar, concienciar y enseñar en qué consisten sus pasos hacia esa “nueva nación” que dicen los anuncios.

 ¡Viva la Paz!