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lunes, 3 de octubre de 2016

Ganó el NO


Ganó el No, ese es el titular… Pero lo que realmente ha ganado ha sido la abstención.

Incomprensiblemente, de una manera decepcionante, en las elecciones más importantes de los últimos 100 años en Colombia… El sesenta y tres por ciento de los colombianos no ha ido a votar y se ha quedado en su casa viendo la tele…

Lo achacan al Huracán Mathew que no dejó que 200 puestos de voto de los 81.925 pudieran habilitarse por las riadas en dos o tres pueblitos del norte donde el Si ganaba por mayoría en todas las encuestas.

Otros creen que fue por falta de claridad en las exposiciones de ambos frentes y otros a la falta de credibilidad de la clase política, pero no… Nada de eso, los colombianos no fueron a votar porque no estuvieron a la altura de las circunstancias, porque el rencor les hizo mirarse al ombligo y porque, una vez más no se dieron cuenta de lo importante que es mojarse y formar parte de la ciudadanía y las decisiones de un país.

Las zonas pobres, rurales directamente afectadas por la guerrilla, Departamentos como Nariño, Cauca, Cesar… o pueblos como el de las señoras que cantaban el otro día en la firma de Cartagena, han votado que si (95% en Bojayá para ser exactos). Las ciudades, Departamentos del Interior donde reinaron en su máximo apogeo los Grupos Paramilitares, zonas ajenas al problema del campo, ha votado que NO.

Desde luego, siendo objetivos, y tras leer la mitad de las 180 hojas del acuerdo y el resumen de la Revista Semana, puedo afirmar que hay puntos bastante cuestionables, a los que los votantes del no se aferran, pero que a éstas alturas de la película, y sin una opción B sobre la mesa para mi, personalmente, son males menores.

El primero de estos “males menores”, y el que me impacta más como privilegiada y concienciada extranjera demócrata, es que el Parlamento tendría la presencia de diez miembros de la FARC-EP no elegidos por el pueblo,  con voz pero no con voto. Esto supondría, a mi juicio,  la usurpación del lugar sagrado, la Cámara de Representantes legítimamente elegidos por los ciudadanos.

Otro de los puntos más peliagudos es la “presunta impunidad de los guerrilleros” es decir;  Si se corroboraba la firma, los guerrilleros en búsqueda y captura dejarían de tener esas órdenes sobre las espaldas y serían juzgados por un “Tribunal Especial”, y no por la justicia ordinaria. Algo, demasiado ambiguo en un país donde si pagas, la ley no existe… Desde luego olía raro…

Lo que a los más humildes les picaba, que era que durante dos años los guerrilleros que se entregaran recibirían menos de un salario mínimo (unos 500.000 pesos, 150€) para su reinserción y formación. Eso a la gente de bajos estratos, es algo que les mataba… y es lógico, ellos que han dicho que no al jugoso mercado de la guerra y las drogas, se matan en los trabajos para conseguir ese dinero, que a los que asesinaron en los bosques se les regala…

Y claro está, esta firma, no incluía a otros grupos guerrilleros como el ELN, que también quiere entrar en el reparto del pastel político.

Pero la firma también conllevaba la aparición de nuevos partidos políticos gracias a que se abrían a la posibilidad de crearlos con leyes de transparencia e impulso de oposición (Ahora es dificilísimo crear una fuerza política por las condiciones que se les exigen únicamente para presentarse) y el fin del bipartidismo y las grandes familias oligarcas que dominan el país (Uribe, Santos, Jaramillo…) dejando paso a partidos más cercanos a la realidad de los colombianos. Conllevaba también la repartición de tierras entre campesinos que por los desplazamientos de la guerra se han quedado sin nada que labrar, el desarme de la mayor grupo guerrillero del país, la reforma agraria, fondos para las víctimas de uno y otro lado, un catastro rural (nunca se ha hecho uno real en Colombia), planes de desarrollo en el campo, mecanismos para promover la participación de la mujer en la vida política, desminado… En fin, un montón de temas, que gracias al NO, tendrán que esperar, quien sabe si días, años o décadas….

Seguramente, el resumen que os acabo de hacer es subjetivo, frívolo y poco profundo. Lo he intentado, y si alguien cree que estoy completamente equivocada posiblemente sea cierto, tal vez soy otra víctima del sistema de medios del Gobierno Colombiano.
  
Chilis me pidió este verano que contara a que a qué me dedicaba en la oficina, que le intrigaba. Pues bien, mi empresa somos cinco en plantilla y 200 colaboradores que (bajo demanda, aunque se supone que ellos también tienen que tener iniciativa) graban temas y noticias que puedan surgir en las regiones. Somos 50% de ellos, pero para ellos somos los de “Secuoya” y de alguna manera no nos adoran porque suponemos la “privatización” de un servicio que ellos antes no daban… Pero nosotros, no solamente damos servicio a la Agencia sino que quien nos lo pida, nosotros grabamos al mejor postor, nuestro objetivo es la tele colombiana.

El domingo, grabábamos en Medellín, Cali, Cúcuta, Barranquilla, Madrid (España) y claro está Bogotá para la TVE de Colombia (RTVC) y para XXX en principio solo en Bogotá.

A las 08.00 abrían los colegios electorales así que a las 07.00 ya estábamos todos en nuestros puestos coordinando, informando, haciendo puzles de horarios y grabando en las primeras localizaciones.

El Director de XXX, llegó a las 07.45 con un café en la mano, y quitándose la chaqueta calada por la fuerte lluvia,  dijo una frase que no se me olvidará jamás: “Bueno, veamos por cuanto gana el Si, Esa es la única noticia de alcance de hoy”.

Todos nos reímos y bromeamos con sarcasmo ante la remota posibilidad de que ganara el No y al día siguiente volvieran las bombas y los secuestros… Incluso yo me atreví a decir que qué bien, que así me pagaban plus de peligrosidad y que si salía el no les invitaba al Harry Seasons con mi bonus de peligrosidad…

Durante la jornada, sin parar de hablar por teléfono, solo hubo problemas con una cámara, con una redactora y con el teléfono del de Medellín que se quedó sin batería a las 14.00… Un día muy intenso pero típico de elecciones…

A las 16.00 cerraban las urnas, así que presumiendo que ganaba el SI, la XXX nos pidió que nos fuéramos una hora y media antes a la torre Tekendama donde estaba la plataforma del Si para grabar a Santos cuando llegara a celebrarlo.

Juan Pablo, el único cámara que teníamos ese día y que forma parte de nuestra plantilla, por lo previsible del si, llegó al “Sí” a las 15.00. Buen sitio para grabar las declaraciones, gaseosas para todos, banderolas, comunicados de prensa, todo preparado… Aprovechando que todo iba bien, avisé a Diana (Mi amiga española) que a las 16.30 podría ir con ella a celebrar el Si… Tanto a ella como a mí nos podía el gusanillo político y queríamos celebrar con toda Colombia el triunfo de la lógica y la paz.

Las urnas, según lo previsto, cerraron a las 16.00 en punto y dado que, sorprendentemente, en Colombia se cuentan votos mucho más rápido que en España, a las 16.15 con el 40% contado, el Si y en No está bastante ajustaditos pero ganaban los partidarios a la firma.

A las 16.18 pareció que el SI ganaba, pero era complicado saberlo del todo.

A las 16.20 El No estaba a la par y a las 16.40 con el 93% de los votos el NO pasaba al SI por cantidades de votos muy pequeñas.

Al 96% contado…ya era irreversible… El No ganaba al SI por más de 50.000 votos.

Las caras de los redactores desencajadas miraban a sus pantallas intentando comunicar qué estaba pasando, el teléfono no paraba de sonar sin que nadie lo cogiera como si diera miedo reconocer un error propio… y mi compañera Diana y yo, bloqueadas, mirábamos anonadadas Caracol viendo como subía el No a cada milésima de escrutinio…

Nadie, nadie en XXX creyó aquella mañana que ganaría el NO. Nadie en mi entorno lo pensó por un segundo, pero allí, a las 16.45 de la tarde, en aquel edificio del barrio de Chapinero… La televisión nos decía que el resultado final era NO a los acuerdos de Paz firmados entre el Gobierno y la Guerrilla de las Farc.

Volví en si tras 3 minutos de sentirme perdida y me di cuenta, que no teníamos a nadie que fuera inmediatamente a la sede del No. Que a esas horas no encontraría un cámara disponible y  que

Juan Pablo estaba en la del Si, lugar del que no se podía mover porque sería allí donde Santos iría en caso de dar la cara.

Pregunté a XXX si lo querían y nadie era capaz de reaccionar, los redactores tecleaban sin parar, el Director hablaba por dos teléfonos a la vez y Diana me miraba como perrito abandonado intentando buscar una respuesta siguiéndome por la redacción...

¡No íbamos a enseñarle al mundo en NO!

En medio de los nervios y el estress se me encendió la bombilla y me acordé de que XXX tenía una cámara pequeñita, casi de vídeo aficionado (Aunque algunos creen que es de buena calidad…) en un cajón y ante la falta de respuestas, decidí robársela, coger a Diana, e irnos a la sede del No que desgraciadamente estaba a sólo dos calles de nuestra oficina. Desviamos el teléfono fijo al móvil de diana, nos pusimos el abrigo y salimos escopetadas.

Hasta ese momento, yo nunca (y digo nunca) había cogido una cámara. Soy capaz de encontrar errores gráficos en un clip, de guiar a alguien para que cambie de formato PAL a NTSC, incluso saber si el backfocus está descompensado o el balance de blancos se hizo automático  o manual, pero nunca había grabado nada hasta ayer….

Encendí la cámara, lo puse en automático y me lancé.

La gente como loca no paraba de gritar “Colombia Colombia” se abrazaban, se besaban, se sentían felices y orgullosos de ellos mismos porque asumían que así eran aún más patriotas y yo, intentando sacar lo mejor de la cámara que llevaba en las manos, buscaba grabar la noticia de manera objetiva.

Cuando llevábamos 10 minutos allí, habiendo entrevistado a un Senador (al parecer muy importante), me di cuenta de que estaba grabando en verde. Algo no había hecho pero la pantalla salía verde….

Me eché a un lado, respiré hondo y como por inspiración divina, conseguí hacer un pseudo balance de blancos (que para quien no sepa es poner la cámara grabando un color blanco para que desde ése, sea capaz de grabar todos los colores como deben de ser) para poder encontrar el buen tono a esa grabación.

Diana buscaba Senadores y personajes de la derecha rancia uribista y yo, unida a ella por el cable del micrófono, la seguía buscando recursos e imágenes impactantes que poder guardar en la cámara. Cada minuto que pasaba, me sentía más extraña, más ajena al momento, más extranjera o más bien más extraterrestre. No se si porque no habíamos comido y eran las 17.30 o por el agobio que me daba no comprender como la gente se alegraba de que la guerrilla siguiera viva me empezó a dolerme muy fuerte el esternón, un dolor agudo que me hacía respirar mucho más hondo que dos horas antes… En silencio y tras mi cámara yo grababa intentando que no se notara lo que sentía y que Diana sintiera que estaba acompañada. El cable del micro me unía a la única persona, que en ese momento sentía que podía salvarme ante las fieras desgallitadas del No. Eramos como dos ratoncillos en una fiesta de gatos salvajes, que lo único que queríamos era un poquito de su queso y huir…

A las 18.15, me di cuenta que la cámara que llevaba no tenía luz, así que aprovechándome de los grandes focos de las cámaras de las televisiones locales grabé los últimos recursos y mirando a Diana a sus ojos igual de abiertos que los míos, le dije “Nena, vámonos de aquí, ya no podemos sacar más”.

Salimos corriendo, como si nos persiguieran por la calle 66 hacia la oficina, unidas por el cable como si eso nos protegiera más y al llegar a la oficina, sin hablar demasiado,  Diana se puso a editar, mientras yo, desde mi ordenador resumía lo que habíamos vivido para poder hacerle el informe a XXX que ya había confirmado que lo quería.
Seguía doliéndome el pecho, pero a esas alturas de la jornada, no era solo el pecho, sino los ojos, el cuello y las muñecas…era dolor de NO.

Conseguimos enviarlo en tiempo record, y continuar con la coordinación del cámara de Medellín que esperaba que Uribe saliera a dar declaraciones desde su finca a las afueras de un pueblo muy pijo de Antioquia...

Santos salió antes en Bogotá, a eso de las 19.30, rodeado de sus más fieles colaboradores y con cara de preocupación.

Callados como si fuera el primer parte de guerra en años, todos los presentes en la redacción escuchamos en silencio intentando comprender en qué momento de la historia estábamos.
Santos lo dejó claro, el pueblo no es que no crea en los políticos, sino que los políticos tampoco creen en el pueblo colombiano y la Firma seguía vigente, solo que ahora la mesa de negociaciones volvía a abrirse, con las condiciones de los que no formaron parte de ella la primera vez, los temidos y cuestionados Uribistas, pero queriendo el objetivo común de “todos los colombianos” una paz “estable y duradera”.


PD: Hoy todos estaban tranquilizandose unos a otros diciendo que viva la Paz... Un circo señores... un circo.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Firmas, cámaras y otros animales


Si todo va, como tiene que ir , hoy no será la última vez que escuchéis sobre Colombia.

Hoy, vuestro ayer, ha sido un día histórico para el país en el que trabajo.

La fecha que tendrán que estudiar millones de niños latinoamericanos, una jornada de la que se harán reportajes, libros, series y quien sabe, tal vez, alguna película dentro de unos años…

Hoy el Gobierno Colombiano y las Farc-EP han firmado el acuerdo de paz.

Y os juro que ha sido de piel de gallina. Muy duro (eso si), porque he dormido cuatro horas, trabajado en las últimas veinticuatro, dieciocho y gritado unas… ¿cinco? Estoy afónica, me duele la cabeza y la tripa de tanta cocacola y té….pero… lo hemos contado en imágenes.

Hay pocas satisfacciones mayores en la vida de alguien que se dedica a la actualidad, que la de poder hacer llegar a todas las casas una noticia de ámbito internacional “positiva”. Contar cosas positivas es menos adrenalínico que las negativas o las catástrofes, pero igual de gratificante... Un ex compañero de trabajo, en medio de una súper venta de unas imágenes en exclusiva, se atrevió a comparar la sensación de publicar en esas condiciones a un orgasmo… Yo no me atrevo a afirmar lo mismo… pero desde luego, ver tus imágenes ilustran Le Figaró, The NewYork Times, Telecinco y Canal Sur… Es un subidón que flipas.

Aunque sea algo mentira lo vivido hoy, aunque no les guste a todos, aunque el coordinador de la empresa con la que se ha asociado mi empresa no haya coordinado nada y haya sido algo desastroso enterarse desde Bogotá lo que estaba pasando a diez metros de él y tener que enviar a ciegas… Está contado.

Los actos oficiales empezaron hoy a las 07.00, pero la firma en sí, ha sido a las 17.00.

Así que ayer, mientras re editaba a las 02.00 unos vídeos de la llegada de Raúl Castro a Cartagena, decidí que hoy si os si, me iría con Juan Pablo, nuestro cámara, a cubrir la firma desde la Plaza Bolivar de Bogotá donde habían convocado a todos para ver la firma de Cartagena.

Volvería a ser su asistente, como en la Manifa del 1 de mayo,  y podría con el móvil en la mano escribiendo mil whatsapps desde la tarima de prensa, poder vivir el momento histórico.

Así que me acredité y de paso acredité a mi amiga Iris, que es periodista y profe experta en Conflicto y paz, a la zona de prensa de la Plaza Bolivar.

Quedamos una hora antes de la firma en mi oficina para poder ir juntas y así que no tuviéramos problemas con el acceso. El taxi nos dejó a tres manzanas, íbamos dando saltitos emocionadas, sonriendo y siendo conscientes de lo que estábamos viviendo. Pasamos dos controles de seguridad , enseñamos nuestras mochilas,  nos cachearon y una vez pasado el filtro, nos dirigimos a la zona de prensa.

Allí, muy a lo colombiano, la jefa de prensa de #ColombiaDiceSí, tenía el móvil sin batería, así que nos tocó llamar a uno que llamó a otro que llamó a otro que por casualidad estaba al lado de Mariana, que vino a saludarnos.

Le pedimos nuestras acreditaciones, y resulta que ella no las tenía, que tenía que buscar a un tal Nelson Navas, nos pidió que la esperáramos tras unas vallas en las que se leía muy grande Si-si-si-si.

Se adentró en la carpa de prensa y… si te he visto no me acuerdo. Muy colombiano también…

Así que tras diez minutos de espera, llamé a Juan Pablo, me explicó dónde estaba y fuimos en su encuentro sin acreditación ni nada.
Él estaba en una tarima, bajo una estatua del mismísimo Don Simón (no el de la sangría sino el de la independencia de Colombia) donde estaban todas las cámaras de todas las teles que puedes ver en el país + agencias + telesur + otras cuantas…

Al llegar a las escaleras de acceso, delante de la valla, había un segurata de unos veinte años que se notaba que la firma de la paz le estaba quedando grande.

Miraba hacia los lados, intentando que nadie pasara hacia la zona de prensa aunque nadie lo intentara, los ojos, que abría de par en par, le brillaban y el calor , que comenzaba a sentirse a medida que se las nubes dejaban pasar el sol, empezaba a hacerle sudar como un pollo dentro de su chubasquero naranja fosforito.

Nos pidió carnet de prensa, algo que no teníamos, y nos dijo que sin eso no podríamos pasar.

Así que tirando de la astucia aprendida y la cara que he heredado de mi madre, tiré de chulería y  le dije muy seria. “ ¿Usted cree que con toda la gente que hay, voy a traer mi cartera con el carnet que me da de comer señor?  Le enseñé mi tarjeta de visita, y nos dejó pasar diciéndonos con timidez que  “sólo un ratico que si os ven con manilla, se me echan encima”.

Le dimos las gracias y subimos los escalones de par en par para prepararnos para el gran momento. En cuanto subimos, elevadas sobre el resto de los mortales, nos olvidamos de él y contemplamos la inmensa plaza llena, llena, llena de símbolos y colores de paz.

También nos olvidamos la una de la otra, ella se fue a hacer fotos y yo, mientras enviaba whatsapps desde mi móvil de caca, me acerqué a Juan Pablo para
poderle guardar trípode y mochila para que se moviera por la tarima sin preocupación.

Todo parecía de película. La gente gritaba “Sí se pudo”, la música sonaba, las nubes desaparecían dejando brillar el imponente sol, los animadores del escenario
principal animaban a ir a votar por el si el domingo que viene… 
Sobre la estatua elevada de Bolívar, las periodistas de RCN, Red Más y Caracol practicaban entradillas (discursos a cámara) dando pasos y mirando al cielo, los cámaras y fotógrafos jaleaban a las masas para sacar mejores imágenes y yo escribía whatsapps.

Comenzó el Himno Nacional y todos lo cantaron. Comenzó la presentadora de turno a contar quienes estaban  como quien presenta la alineación de un Madrid Barça. Aplaudieron a Maduro, a Castro, a Santos y a Timochenco y abuchearon al Rey Juan Carlos, a Bachelet y a otros cuantos dirigentes más, se guardó un
minuto de silencio y fue entonces cuando comenzó el momento más emocionante de la tarde.

El canto de las “Alabaoras de Bojayá”.  Las Alabaoras de Bojayá, son unas mujeres, que desde hace 14 años, tras la gran masacre que cometieron las Farc, por una lucha contra los Paramilitares por el control de sus tierras, cantan para ayudarse a superar el horror que vivieron. 

Bojayá, es un pueblo del Chocó, un pueblo en medio de la nada, de la selva más cerrada en medio de uno de los departamentos más pobres de Colombia que, casualidades de la vida, es el único Departamento que se baña en los dos mares, el Caribe y el Pacífico. Así  sus condiciones físicas básicas unidas a su frondosa selva, la hacen una verdadera “autopista” en la que  entrar con armas y salír  con drogas es lo más fácil del planeta  y, claro está, en el 2002  nadie quería quedarse sin esa parte del pastel colombiano.

Así que el dos de mayo del 2002, las Farc y los Paramilitares se enzarzaron a tirarse bombas los unos a los otros y a atacar la población de Bojayá que atemorizada, ante la falta de presencia Estatal,  se metió en una  Iglesia y esa fue su perdición, una bomba acabó con la vida de más de 120 personas de un plumazo dentro de la capilla del Pueblo. Las Farc, conscientes de ésta barbaridad, el diciembre pasado, llevaron a sus altos cargos a pedirles perdón por lo sucedido. De los Paramilitares, como podéis adivinar… si te he visto no me acuerdo, y eso que aún siguen de una u otra forma, presentes en el país.

Así que, los cánticos desgarradores de éstas señoras, tienen aún más peso que cualquier voz de todo el país... y ahí, en el acto de paz, vestidas de blanco por primera vez en 14 años, prefierieron cantarles al si, al futuro y a la realidad.

Pusieron en pie a todo el público y sin cortarse un pelo, también han puesto a caldo en sus letras a ambos firmantes. Gritando desde dentro, con ese sentimiento que solo puede salir de muy del dolor, han recordado a los muertos, los desaparecidos, e incluso, que ahí si que casi lloro y se me ha puesto la carne de gallina, han soltado una frase… que a todos los que vivimos éste momento aquí, nos hubiera gustado decirle a Santos: “Oiga Señor Presidente, hágasenos pa ´acá, ¿Y con esos otros grupos, díganos qué va a pasar?”.

Ha sido un momento flipante, cada frase que soltaban las señoras negras, era ovacionada por toda la plaza Bolívar, creando un ambiente mucho más mágico e intercultural… Y así en medio de la interculturalidad, con el teléfono en la mano mientras leía un whatsapp de mi primo Gonzalo que me echaba de menos y me pedía que le contara algo divertido, por el rabillo del ojo, me ha parecido ver un gato cruzarse por la tarima y meterse en un huequito entre las piedras de la estatua.

 ¿Un gato? No podía ser ¿Ahí en medio? ¿Con tanta gente? Imposible… En ese momento, he mirado al argentino que tenía a la izquierda y cuando he visto su cara de asombro me he dado cuenta de que no era un gato, era ¡¡¡una rata inmensa!!!

La pobre ratita ajena a la solemnidad del acto, intentó esconderse, pero era demasiado grandota para el hueco tan chiquitito que había elegido, así que asomando la carita y la narizota marrón, no paraba de buscar ansiosa con los ojitos redondos muy abiertos, un sitio más grande para esconderse…

De repente, mientras la ratita se giraba sobre si misma buscando una salida  y dejando a la luz su asquerosita colita marrón, la presentadora cursi de Red Más Noticias, que minutos antes recitaba su discurso al aire, la ha visto , e incontrolada, se ha puesto a gritar como una loca.

Y así como víctimas del efecto dominó, los cámaras que grababan a las señoras cantoras de Bojayá en las grandes pantallas,  han empezado a dar saltos moviendo sus trípodes intentando agarrar las cámaras para que no se movieran mientras la ratita, completamente loca ante tal histerismo, corría buscando un hueco más grande donde no ser vista.

Los fotógrafos saltaron hacia fuera de la zona de prensa, las redactoras perdieron el control, la rata comenzó a dar saltitos en zigzag por la plataforma de Bolivar hasta que gracias al tumulto, desesperada, se metió de nuevo en el mismo hueco de donde había salido segundos antes, pero que ahora, gracias a la locura del personal, estaba tapado por una botella de plástico de agua que hacía que nadie pudiera verla. La pobre, ha aguantado ahí la hora y cuarto que ha durado el acto, moviendo la cabecita y los bigotes, alejada al menos un metro de cualquier persona… ajena a que la más asustada del recinto no era ella, sino las cinco presentadoras cursis que se apretujaban en la otra esquina del cuadrilátero y los cámaras, más profesionales, grababan la firma histórica de ese momento de paz.

Ella no lo sabe, pero ha sido la gran protagonista del Día D, para todos aquellos que tenían que contarlo al mundo desde Bogotá. Tal vez para ella no sea el día de la firma, sino el día que tras una botella de agua, vio como miles de personas se apoderaron durante horas de su frío hogar, la majestuosa plaza de Bolívar, gritando sí a la Paz.

PD. No se si se podrá ver, pero en el vídeo de caracol, en el minuto 1 y medio sale el canto de las Alabaoras: http://noticias.caracoltv.com/acuerdo-final/un-minuto-de-silencio-y-alabaos-de-las-alabaoras-de-bojaya-por-las-victimas


PD2; La paz en la plaza Bolívar huele a marihuana, estaban todos encantados.

lunes, 27 de junio de 2016

Paz, equidad y educación. Juntos por un nuevo país.

Desde luego, si una semana debe ser marcada en mi calendario noticioso del 2016, tiene que ser ésta.
No solo por lo de la Roja, lo del discurso de Rajoy en Génova ni por que solo queden 23 días para que llegue a España...

Es que Colombia ha sido noticia, Gobierno y Farc han firmado la Paz.

El miércoles pasado, me despertaba a las 06.18 de la mañana un Whatsapp de mi compañero Andrés diciendo “Han pactado en La Habana, hoy si que estará movidito” y en efecto, lo estuvo.

Ha sido una semana llena de signos, gestos y firmas que a una persona que procede de un país en el que los símbolos patrios no nos representan a todos y los himnos poseen (para muchos) connotaciones fascistas, es una auténtica inmersión en la cultura de la “comunicación de masas emocional”.

El colombiano es una persona que ama su país, su familia y su equipo de fútbol por encima de todas las cosas. Es un humano con el sentido de pertenencia más desarrollado de lo normal, tal vez porque desde hace más de cincuenta años, le ha tocado defender lo que siente y lo que es con su propia vida.

Desde que los americanos se llevaron Panamá, o mejor dicho, desde que Alonso de Ojeda pisara éste país en 1499, les han dado por todos los lados. 
Primero los de fuera y luego ellos contra ellos mismos y  debido a ésta fragilidad del “estado de las cosas colombianas”  el Gobierno de la Nación, en los últimos años, ha explotado la publicidad patriótica hasta la máxima expresión.
 ¿Y qué conlleva eso? 
Que si eres extranjero, vayas por donde vayas eres consciente de que estás en Colombia y si eres nacional, cada momento es bueno para recordarte que el país se construye día a día.

Todos los días a las 06.00 y a las 18.00, todas emisoras de radio y las televisiones nacionales, están obligadas a poner el himno de Colombia y nadie lo ve símbolo del “régimen”. 
Lo ven como normal. 
Lo he escuchado en taxis, en el trabajo, mientras me hacía masajes (este capítulo de los masajes os lo contaré más a delante o mejor en vivo) en medio de mi concentración de Spa… da exactamente igual que escuches “Tropicana la más bacana” o “Radio Caracollll”, que a las seis toca himno si o si.


Además, el Gobierno, está haciendo una campaña de publicidad preciosa con anuncios por todas partes que siempre terminan con la frase “Todos por un nuevo país. Paz, equidad y educación”.

En los anuncios se ven colombianos de todos los colores, siempre muy guapos y en lugares magníficos. Colombianos sonrientes, que se abrazan y viven en paz. Y cuando se trata de las Fuerzas Armadas, salen unos soldados… ¡Qué soldados! Yo os prometo que de todos los retenes que me habré cruzado en Colombia, ¡Nunca he visto a los de los anuncios de Santos! 
Y eso que como ciudadana, para transmitir tranquilidad, cada vez que pasas por un control debes mirar al soldado, fijándote bien en él y enseñarle tu mano con el pulgar para arriba en señal de que todo está ok… Nada, los de los anuncios no los he visto jamás!

Las banderas de Colombia están por todas partes, grandes pequeñas, con forma de corazón, de cubre retrovisores para taxis, en pulseras, en los menús de los restaurantes, en todos los puestos de comida callejera para cubrir el carro que lleva los tuppers llenos de corrientazos... y hasta los recicladores (que son los vagabundos de Bogotá) en sus carros de madera llevan una sucia bandera cubriendo los cartones.

Pues bien, el miércoles, cuando Andrés me despertaba con ésa noticia, no solo se conocía el bombazo de que era el último día de la guerra contra las Farc, sino que había un acontecimiento muchísimo más relevante para el colombiano medio… 
Colombia jugaba la semifinal de la Copa América contra Chile… y eso señores… Son palabras mayores.

Para empezar TODO (y digo TODO el mundo porque visten hasta a los perros)  se pone su camiseta de la “Selección Colombia” (Así llaman los colombianos a su selección, no como nosotros que la nombramos “La Roja” o simplemente “La Selección”) la ciudad se tiñe de amarillo y quien no lleva la camiseta de Selección COlombia… es raro o tiene algún problema.

Tengo que reconocer que el año pasado, ante la marea de amarillos, tuve que comprarme una, y como todo Bogotá, fui al mercado de falsificaciones a por una de 5 euros maravillosa que solo me he puesto dos veces (una de ellas cuando llegué a España el verano pasado) pero siempre la  llevo en el bolso los días de partido por si me dicen algo en la oficina o en la calle.
Para demostrar que no soy “ciudadana ajena” y que cumplo con mi obligación como residente.
También le compré una a Pablo (embriagada por la corriente amarilla que me arrastraba cada partido) y cuando se la di, el pobre no entendió nada, no supo que decir… y es verdad que en España, éste amarillo se ve feo feo feo… Aquí sin embargo es “Color Colombia”.


Total, que el miércoles, en las calles, no se hablaba de otra cosa que no fuera del fútbol.
En las redacciones de prensa internacional y en los whatsapps de expatriados, solo comentábamos la firma que se daría la jornada siguiente en La Habana… 
Era, sin querer, vivir en dos realidades paralelas, en dos caras de un país, la que le importaba a la gente ése día y la que nos importaba a los expatriados y ajenos.

El Informativo de las 12.30 de la mañana abrió con la futura firma, eso me consoló, pero a la media hora (aquí el telediario dura hora y media) conectaron con el enviado especial a Chicago y de ahí no salieron… Que si James jugará de media punta, que si Ospina está en su mejor momento, que si cientos de Colombianos animarán a la Selección Colombia…

Me dio pena… vergüenza ajena, no se...
Por un momento me olvidé que España es igual y sentí que todo el circo patriótico colombiano no era más que eso, un circo para un país poco formado que no entiende lo que significan los pactos de paz y que no les interesa lo más mínimo el futuro de su amada Nación. Sentí que para ellos, la Selección Colombia era mucho más importante que terminar con las Farc.

Esa misma noche, la Selección Colombia perdió dos a cero. James jugó fatal y el país decepcionado, junto conmigo, se fue a dormir más tarde de lo habitual bastante tocadillos.

Pero el Jueves, con las cámaras preparadas y tras escuchar lo que no había podido entender antes, me di con la realidad en las narices.

El Gobierno Colombiano, junto con la Alcaldía de Bogotá, siguiendo su estrategia de “manipulación mediática patriótica”, instaló una pantalla gigante en la Plaza Bolívar, y allí nos fuimos los medios a cubrirlo…

Y allí si, allí en un día laborable, unas cuatrocientas personas (que no son nada para una ciudad de 9.000.000 de habitantes) con sus banderas colombianas, sus paraguas colombianos y sus camisetas con lemas pacifistas colombianos, aguardaban emocionados el apretón de manos de Juan Manuel Santos y Timochenco.

Antes de empezar el acto, grabamos unos cuantos testimonios, y una señora (posiblemente víctima de las barbaridades de los últimos años) de la edad de mi madre, con buena pinta, que podría ser profe de universidad sin problemas, dijo una frase que me quitó la venda de “gringa inculta” que no me había dejado ver hasta ese momento. Una frase que cambió mi visión del conflicto:

“Es un gran paso, si, pero no tenemos que olvidar que la guerra colombiana no es una guerra a dos bandos. En Colombia hay muchas guerras y muchas bandas criminales. Las Farc han dominado los actos bélicos y sobre todo la publicidad. Pero quedan las BaCrim (bandas criminales), los Paramilitares, el ELN y el narcotráfico. Por eso debemos festejar sin olvidar que queda mucho por hacer. Es normal que el pueblo no se lo crea, siguen despertándose amenazados”

La tía me dejó planchada, tenía toda la razón… 

Los últimos secuestros fueron por parte del ELN, los asesinatos de policías por parte de la bacCrim “El Clan Úsuga”…. 
Las Farc eran solo las fichas de color rojo en el tablero de Parchis de la guerra colombiana…

Después de esa señora pasamos a un hombre que había perdido a su hijo en un enfrentamiento armado, y luego a un chico que declaró que él no sabía que era vivir en paz…

Pero yo no paraba de pensar en lo que había dicho esa señora… 
Ella me había dado la clave para entender por qué los ciudadanos pasaban tanto… no suponía la paz, solo un gran paso hacia ella.

En medio del lío, la pantalla dio paso al acto solemne de La Habana… BankiMoon, Maduro, Bachelet… nadie se lo había querido perder esa súper foto histórica en éste lado del mundo mientras en el otro estaban pendientes de las urnas británicas...

Sonó el himno de Colombia.

Se hizo hueco entre los asistentes, comenzó a reinar en la plaza Bolivar, solo se escuchaba el himno...
¡Zas!
No sé si adrede o por fallos técnicos, el audio de la plaza se silenció. 
Los asistentes continuaron  al unísono cantando la letra, sin cesar ni un momento, alzando aun más sus voces…

Momentazo mortal…

Tras diez segundos sin melodía, pero con el cántico del "pueblo",  los altavoces volvieron a sonar uniéndose a los asistentes que no se descuadraron ni un segundo de la melodía original.

Al terminar, con los pelos como escarpias, el “amenizador” del acto gritó “Viva Colombia y que viva la Paz” y todos como locos gritaron un viva seguido de aplausos, abrazos...
Apareció en la pantalla la “foto” de Santos dándole la mano al jefe de las Farc.

Santos y Timochenco firmaron con una bala convertida en bolígrafo (mas concretamente en “balígrafo”) en el que grabaron una frase también muy de Santos y su propaganda que decía;  “ Las balas escribieron nuestro pasado. La educación escribirá nuestro futuro”.


El viernes tuve la suerte de tener uno de los 100 balígrafos en mis manos, porque fuimos a entrevistar a la Ministra de Educación que fue quien tuvo la idea del “balígrafo”. 
Un auténtico privilegio de esos que no se pueden olvidar y una frase que dice que vuelve a enseñarme en qué momento está Colombia. Una frase que me hizo entender que el Gobierno es consciente, que tienen mucho que educar, concienciar y enseñar en qué consisten sus pasos hacia esa “nueva nación” que dicen los anuncios.

 ¡Viva la Paz!