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lunes, 26 de septiembre de 2016

Firmas, cámaras y otros animales


Si todo va, como tiene que ir , hoy no será la última vez que escuchéis sobre Colombia.

Hoy, vuestro ayer, ha sido un día histórico para el país en el que trabajo.

La fecha que tendrán que estudiar millones de niños latinoamericanos, una jornada de la que se harán reportajes, libros, series y quien sabe, tal vez, alguna película dentro de unos años…

Hoy el Gobierno Colombiano y las Farc-EP han firmado el acuerdo de paz.

Y os juro que ha sido de piel de gallina. Muy duro (eso si), porque he dormido cuatro horas, trabajado en las últimas veinticuatro, dieciocho y gritado unas… ¿cinco? Estoy afónica, me duele la cabeza y la tripa de tanta cocacola y té….pero… lo hemos contado en imágenes.

Hay pocas satisfacciones mayores en la vida de alguien que se dedica a la actualidad, que la de poder hacer llegar a todas las casas una noticia de ámbito internacional “positiva”. Contar cosas positivas es menos adrenalínico que las negativas o las catástrofes, pero igual de gratificante... Un ex compañero de trabajo, en medio de una súper venta de unas imágenes en exclusiva, se atrevió a comparar la sensación de publicar en esas condiciones a un orgasmo… Yo no me atrevo a afirmar lo mismo… pero desde luego, ver tus imágenes ilustran Le Figaró, The NewYork Times, Telecinco y Canal Sur… Es un subidón que flipas.

Aunque sea algo mentira lo vivido hoy, aunque no les guste a todos, aunque el coordinador de la empresa con la que se ha asociado mi empresa no haya coordinado nada y haya sido algo desastroso enterarse desde Bogotá lo que estaba pasando a diez metros de él y tener que enviar a ciegas… Está contado.

Los actos oficiales empezaron hoy a las 07.00, pero la firma en sí, ha sido a las 17.00.

Así que ayer, mientras re editaba a las 02.00 unos vídeos de la llegada de Raúl Castro a Cartagena, decidí que hoy si os si, me iría con Juan Pablo, nuestro cámara, a cubrir la firma desde la Plaza Bolivar de Bogotá donde habían convocado a todos para ver la firma de Cartagena.

Volvería a ser su asistente, como en la Manifa del 1 de mayo,  y podría con el móvil en la mano escribiendo mil whatsapps desde la tarima de prensa, poder vivir el momento histórico.

Así que me acredité y de paso acredité a mi amiga Iris, que es periodista y profe experta en Conflicto y paz, a la zona de prensa de la Plaza Bolivar.

Quedamos una hora antes de la firma en mi oficina para poder ir juntas y así que no tuviéramos problemas con el acceso. El taxi nos dejó a tres manzanas, íbamos dando saltitos emocionadas, sonriendo y siendo conscientes de lo que estábamos viviendo. Pasamos dos controles de seguridad , enseñamos nuestras mochilas,  nos cachearon y una vez pasado el filtro, nos dirigimos a la zona de prensa.

Allí, muy a lo colombiano, la jefa de prensa de #ColombiaDiceSí, tenía el móvil sin batería, así que nos tocó llamar a uno que llamó a otro que llamó a otro que por casualidad estaba al lado de Mariana, que vino a saludarnos.

Le pedimos nuestras acreditaciones, y resulta que ella no las tenía, que tenía que buscar a un tal Nelson Navas, nos pidió que la esperáramos tras unas vallas en las que se leía muy grande Si-si-si-si.

Se adentró en la carpa de prensa y… si te he visto no me acuerdo. Muy colombiano también…

Así que tras diez minutos de espera, llamé a Juan Pablo, me explicó dónde estaba y fuimos en su encuentro sin acreditación ni nada.
Él estaba en una tarima, bajo una estatua del mismísimo Don Simón (no el de la sangría sino el de la independencia de Colombia) donde estaban todas las cámaras de todas las teles que puedes ver en el país + agencias + telesur + otras cuantas…

Al llegar a las escaleras de acceso, delante de la valla, había un segurata de unos veinte años que se notaba que la firma de la paz le estaba quedando grande.

Miraba hacia los lados, intentando que nadie pasara hacia la zona de prensa aunque nadie lo intentara, los ojos, que abría de par en par, le brillaban y el calor , que comenzaba a sentirse a medida que se las nubes dejaban pasar el sol, empezaba a hacerle sudar como un pollo dentro de su chubasquero naranja fosforito.

Nos pidió carnet de prensa, algo que no teníamos, y nos dijo que sin eso no podríamos pasar.

Así que tirando de la astucia aprendida y la cara que he heredado de mi madre, tiré de chulería y  le dije muy seria. “ ¿Usted cree que con toda la gente que hay, voy a traer mi cartera con el carnet que me da de comer señor?  Le enseñé mi tarjeta de visita, y nos dejó pasar diciéndonos con timidez que  “sólo un ratico que si os ven con manilla, se me echan encima”.

Le dimos las gracias y subimos los escalones de par en par para prepararnos para el gran momento. En cuanto subimos, elevadas sobre el resto de los mortales, nos olvidamos de él y contemplamos la inmensa plaza llena, llena, llena de símbolos y colores de paz.

También nos olvidamos la una de la otra, ella se fue a hacer fotos y yo, mientras enviaba whatsapps desde mi móvil de caca, me acerqué a Juan Pablo para
poderle guardar trípode y mochila para que se moviera por la tarima sin preocupación.

Todo parecía de película. La gente gritaba “Sí se pudo”, la música sonaba, las nubes desaparecían dejando brillar el imponente sol, los animadores del escenario
principal animaban a ir a votar por el si el domingo que viene… 
Sobre la estatua elevada de Bolívar, las periodistas de RCN, Red Más y Caracol practicaban entradillas (discursos a cámara) dando pasos y mirando al cielo, los cámaras y fotógrafos jaleaban a las masas para sacar mejores imágenes y yo escribía whatsapps.

Comenzó el Himno Nacional y todos lo cantaron. Comenzó la presentadora de turno a contar quienes estaban  como quien presenta la alineación de un Madrid Barça. Aplaudieron a Maduro, a Castro, a Santos y a Timochenco y abuchearon al Rey Juan Carlos, a Bachelet y a otros cuantos dirigentes más, se guardó un
minuto de silencio y fue entonces cuando comenzó el momento más emocionante de la tarde.

El canto de las “Alabaoras de Bojayá”.  Las Alabaoras de Bojayá, son unas mujeres, que desde hace 14 años, tras la gran masacre que cometieron las Farc, por una lucha contra los Paramilitares por el control de sus tierras, cantan para ayudarse a superar el horror que vivieron. 

Bojayá, es un pueblo del Chocó, un pueblo en medio de la nada, de la selva más cerrada en medio de uno de los departamentos más pobres de Colombia que, casualidades de la vida, es el único Departamento que se baña en los dos mares, el Caribe y el Pacífico. Así  sus condiciones físicas básicas unidas a su frondosa selva, la hacen una verdadera “autopista” en la que  entrar con armas y salír  con drogas es lo más fácil del planeta  y, claro está, en el 2002  nadie quería quedarse sin esa parte del pastel colombiano.

Así que el dos de mayo del 2002, las Farc y los Paramilitares se enzarzaron a tirarse bombas los unos a los otros y a atacar la población de Bojayá que atemorizada, ante la falta de presencia Estatal,  se metió en una  Iglesia y esa fue su perdición, una bomba acabó con la vida de más de 120 personas de un plumazo dentro de la capilla del Pueblo. Las Farc, conscientes de ésta barbaridad, el diciembre pasado, llevaron a sus altos cargos a pedirles perdón por lo sucedido. De los Paramilitares, como podéis adivinar… si te he visto no me acuerdo, y eso que aún siguen de una u otra forma, presentes en el país.

Así que, los cánticos desgarradores de éstas señoras, tienen aún más peso que cualquier voz de todo el país... y ahí, en el acto de paz, vestidas de blanco por primera vez en 14 años, prefierieron cantarles al si, al futuro y a la realidad.

Pusieron en pie a todo el público y sin cortarse un pelo, también han puesto a caldo en sus letras a ambos firmantes. Gritando desde dentro, con ese sentimiento que solo puede salir de muy del dolor, han recordado a los muertos, los desaparecidos, e incluso, que ahí si que casi lloro y se me ha puesto la carne de gallina, han soltado una frase… que a todos los que vivimos éste momento aquí, nos hubiera gustado decirle a Santos: “Oiga Señor Presidente, hágasenos pa ´acá, ¿Y con esos otros grupos, díganos qué va a pasar?”.

Ha sido un momento flipante, cada frase que soltaban las señoras negras, era ovacionada por toda la plaza Bolívar, creando un ambiente mucho más mágico e intercultural… Y así en medio de la interculturalidad, con el teléfono en la mano mientras leía un whatsapp de mi primo Gonzalo que me echaba de menos y me pedía que le contara algo divertido, por el rabillo del ojo, me ha parecido ver un gato cruzarse por la tarima y meterse en un huequito entre las piedras de la estatua.

 ¿Un gato? No podía ser ¿Ahí en medio? ¿Con tanta gente? Imposible… En ese momento, he mirado al argentino que tenía a la izquierda y cuando he visto su cara de asombro me he dado cuenta de que no era un gato, era ¡¡¡una rata inmensa!!!

La pobre ratita ajena a la solemnidad del acto, intentó esconderse, pero era demasiado grandota para el hueco tan chiquitito que había elegido, así que asomando la carita y la narizota marrón, no paraba de buscar ansiosa con los ojitos redondos muy abiertos, un sitio más grande para esconderse…

De repente, mientras la ratita se giraba sobre si misma buscando una salida  y dejando a la luz su asquerosita colita marrón, la presentadora cursi de Red Más Noticias, que minutos antes recitaba su discurso al aire, la ha visto , e incontrolada, se ha puesto a gritar como una loca.

Y así como víctimas del efecto dominó, los cámaras que grababan a las señoras cantoras de Bojayá en las grandes pantallas,  han empezado a dar saltos moviendo sus trípodes intentando agarrar las cámaras para que no se movieran mientras la ratita, completamente loca ante tal histerismo, corría buscando un hueco más grande donde no ser vista.

Los fotógrafos saltaron hacia fuera de la zona de prensa, las redactoras perdieron el control, la rata comenzó a dar saltitos en zigzag por la plataforma de Bolivar hasta que gracias al tumulto, desesperada, se metió de nuevo en el mismo hueco de donde había salido segundos antes, pero que ahora, gracias a la locura del personal, estaba tapado por una botella de plástico de agua que hacía que nadie pudiera verla. La pobre, ha aguantado ahí la hora y cuarto que ha durado el acto, moviendo la cabecita y los bigotes, alejada al menos un metro de cualquier persona… ajena a que la más asustada del recinto no era ella, sino las cinco presentadoras cursis que se apretujaban en la otra esquina del cuadrilátero y los cámaras, más profesionales, grababan la firma histórica de ese momento de paz.

Ella no lo sabe, pero ha sido la gran protagonista del Día D, para todos aquellos que tenían que contarlo al mundo desde Bogotá. Tal vez para ella no sea el día de la firma, sino el día que tras una botella de agua, vio como miles de personas se apoderaron durante horas de su frío hogar, la majestuosa plaza de Bolívar, gritando sí a la Paz.

PD. No se si se podrá ver, pero en el vídeo de caracol, en el minuto 1 y medio sale el canto de las Alabaoras: http://noticias.caracoltv.com/acuerdo-final/un-minuto-de-silencio-y-alabaos-de-las-alabaoras-de-bojaya-por-las-victimas


PD2; La paz en la plaza Bolívar huele a marihuana, estaban todos encantados.

lunes, 27 de junio de 2016

Paz, equidad y educación. Juntos por un nuevo país.

Desde luego, si una semana debe ser marcada en mi calendario noticioso del 2016, tiene que ser ésta.
No solo por lo de la Roja, lo del discurso de Rajoy en Génova ni por que solo queden 23 días para que llegue a España...

Es que Colombia ha sido noticia, Gobierno y Farc han firmado la Paz.

El miércoles pasado, me despertaba a las 06.18 de la mañana un Whatsapp de mi compañero Andrés diciendo “Han pactado en La Habana, hoy si que estará movidito” y en efecto, lo estuvo.

Ha sido una semana llena de signos, gestos y firmas que a una persona que procede de un país en el que los símbolos patrios no nos representan a todos y los himnos poseen (para muchos) connotaciones fascistas, es una auténtica inmersión en la cultura de la “comunicación de masas emocional”.

El colombiano es una persona que ama su país, su familia y su equipo de fútbol por encima de todas las cosas. Es un humano con el sentido de pertenencia más desarrollado de lo normal, tal vez porque desde hace más de cincuenta años, le ha tocado defender lo que siente y lo que es con su propia vida.

Desde que los americanos se llevaron Panamá, o mejor dicho, desde que Alonso de Ojeda pisara éste país en 1499, les han dado por todos los lados. 
Primero los de fuera y luego ellos contra ellos mismos y  debido a ésta fragilidad del “estado de las cosas colombianas”  el Gobierno de la Nación, en los últimos años, ha explotado la publicidad patriótica hasta la máxima expresión.
 ¿Y qué conlleva eso? 
Que si eres extranjero, vayas por donde vayas eres consciente de que estás en Colombia y si eres nacional, cada momento es bueno para recordarte que el país se construye día a día.

Todos los días a las 06.00 y a las 18.00, todas emisoras de radio y las televisiones nacionales, están obligadas a poner el himno de Colombia y nadie lo ve símbolo del “régimen”. 
Lo ven como normal. 
Lo he escuchado en taxis, en el trabajo, mientras me hacía masajes (este capítulo de los masajes os lo contaré más a delante o mejor en vivo) en medio de mi concentración de Spa… da exactamente igual que escuches “Tropicana la más bacana” o “Radio Caracollll”, que a las seis toca himno si o si.


Además, el Gobierno, está haciendo una campaña de publicidad preciosa con anuncios por todas partes que siempre terminan con la frase “Todos por un nuevo país. Paz, equidad y educación”.

En los anuncios se ven colombianos de todos los colores, siempre muy guapos y en lugares magníficos. Colombianos sonrientes, que se abrazan y viven en paz. Y cuando se trata de las Fuerzas Armadas, salen unos soldados… ¡Qué soldados! Yo os prometo que de todos los retenes que me habré cruzado en Colombia, ¡Nunca he visto a los de los anuncios de Santos! 
Y eso que como ciudadana, para transmitir tranquilidad, cada vez que pasas por un control debes mirar al soldado, fijándote bien en él y enseñarle tu mano con el pulgar para arriba en señal de que todo está ok… Nada, los de los anuncios no los he visto jamás!

Las banderas de Colombia están por todas partes, grandes pequeñas, con forma de corazón, de cubre retrovisores para taxis, en pulseras, en los menús de los restaurantes, en todos los puestos de comida callejera para cubrir el carro que lleva los tuppers llenos de corrientazos... y hasta los recicladores (que son los vagabundos de Bogotá) en sus carros de madera llevan una sucia bandera cubriendo los cartones.

Pues bien, el miércoles, cuando Andrés me despertaba con ésa noticia, no solo se conocía el bombazo de que era el último día de la guerra contra las Farc, sino que había un acontecimiento muchísimo más relevante para el colombiano medio… 
Colombia jugaba la semifinal de la Copa América contra Chile… y eso señores… Son palabras mayores.

Para empezar TODO (y digo TODO el mundo porque visten hasta a los perros)  se pone su camiseta de la “Selección Colombia” (Así llaman los colombianos a su selección, no como nosotros que la nombramos “La Roja” o simplemente “La Selección”) la ciudad se tiñe de amarillo y quien no lleva la camiseta de Selección COlombia… es raro o tiene algún problema.

Tengo que reconocer que el año pasado, ante la marea de amarillos, tuve que comprarme una, y como todo Bogotá, fui al mercado de falsificaciones a por una de 5 euros maravillosa que solo me he puesto dos veces (una de ellas cuando llegué a España el verano pasado) pero siempre la  llevo en el bolso los días de partido por si me dicen algo en la oficina o en la calle.
Para demostrar que no soy “ciudadana ajena” y que cumplo con mi obligación como residente.
También le compré una a Pablo (embriagada por la corriente amarilla que me arrastraba cada partido) y cuando se la di, el pobre no entendió nada, no supo que decir… y es verdad que en España, éste amarillo se ve feo feo feo… Aquí sin embargo es “Color Colombia”.


Total, que el miércoles, en las calles, no se hablaba de otra cosa que no fuera del fútbol.
En las redacciones de prensa internacional y en los whatsapps de expatriados, solo comentábamos la firma que se daría la jornada siguiente en La Habana… 
Era, sin querer, vivir en dos realidades paralelas, en dos caras de un país, la que le importaba a la gente ése día y la que nos importaba a los expatriados y ajenos.

El Informativo de las 12.30 de la mañana abrió con la futura firma, eso me consoló, pero a la media hora (aquí el telediario dura hora y media) conectaron con el enviado especial a Chicago y de ahí no salieron… Que si James jugará de media punta, que si Ospina está en su mejor momento, que si cientos de Colombianos animarán a la Selección Colombia…

Me dio pena… vergüenza ajena, no se...
Por un momento me olvidé que España es igual y sentí que todo el circo patriótico colombiano no era más que eso, un circo para un país poco formado que no entiende lo que significan los pactos de paz y que no les interesa lo más mínimo el futuro de su amada Nación. Sentí que para ellos, la Selección Colombia era mucho más importante que terminar con las Farc.

Esa misma noche, la Selección Colombia perdió dos a cero. James jugó fatal y el país decepcionado, junto conmigo, se fue a dormir más tarde de lo habitual bastante tocadillos.

Pero el Jueves, con las cámaras preparadas y tras escuchar lo que no había podido entender antes, me di con la realidad en las narices.

El Gobierno Colombiano, junto con la Alcaldía de Bogotá, siguiendo su estrategia de “manipulación mediática patriótica”, instaló una pantalla gigante en la Plaza Bolívar, y allí nos fuimos los medios a cubrirlo…

Y allí si, allí en un día laborable, unas cuatrocientas personas (que no son nada para una ciudad de 9.000.000 de habitantes) con sus banderas colombianas, sus paraguas colombianos y sus camisetas con lemas pacifistas colombianos, aguardaban emocionados el apretón de manos de Juan Manuel Santos y Timochenco.

Antes de empezar el acto, grabamos unos cuantos testimonios, y una señora (posiblemente víctima de las barbaridades de los últimos años) de la edad de mi madre, con buena pinta, que podría ser profe de universidad sin problemas, dijo una frase que me quitó la venda de “gringa inculta” que no me había dejado ver hasta ese momento. Una frase que cambió mi visión del conflicto:

“Es un gran paso, si, pero no tenemos que olvidar que la guerra colombiana no es una guerra a dos bandos. En Colombia hay muchas guerras y muchas bandas criminales. Las Farc han dominado los actos bélicos y sobre todo la publicidad. Pero quedan las BaCrim (bandas criminales), los Paramilitares, el ELN y el narcotráfico. Por eso debemos festejar sin olvidar que queda mucho por hacer. Es normal que el pueblo no se lo crea, siguen despertándose amenazados”

La tía me dejó planchada, tenía toda la razón… 

Los últimos secuestros fueron por parte del ELN, los asesinatos de policías por parte de la bacCrim “El Clan Úsuga”…. 
Las Farc eran solo las fichas de color rojo en el tablero de Parchis de la guerra colombiana…

Después de esa señora pasamos a un hombre que había perdido a su hijo en un enfrentamiento armado, y luego a un chico que declaró que él no sabía que era vivir en paz…

Pero yo no paraba de pensar en lo que había dicho esa señora… 
Ella me había dado la clave para entender por qué los ciudadanos pasaban tanto… no suponía la paz, solo un gran paso hacia ella.

En medio del lío, la pantalla dio paso al acto solemne de La Habana… BankiMoon, Maduro, Bachelet… nadie se lo había querido perder esa súper foto histórica en éste lado del mundo mientras en el otro estaban pendientes de las urnas británicas...

Sonó el himno de Colombia.

Se hizo hueco entre los asistentes, comenzó a reinar en la plaza Bolivar, solo se escuchaba el himno...
¡Zas!
No sé si adrede o por fallos técnicos, el audio de la plaza se silenció. 
Los asistentes continuaron  al unísono cantando la letra, sin cesar ni un momento, alzando aun más sus voces…

Momentazo mortal…

Tras diez segundos sin melodía, pero con el cántico del "pueblo",  los altavoces volvieron a sonar uniéndose a los asistentes que no se descuadraron ni un segundo de la melodía original.

Al terminar, con los pelos como escarpias, el “amenizador” del acto gritó “Viva Colombia y que viva la Paz” y todos como locos gritaron un viva seguido de aplausos, abrazos...
Apareció en la pantalla la “foto” de Santos dándole la mano al jefe de las Farc.

Santos y Timochenco firmaron con una bala convertida en bolígrafo (mas concretamente en “balígrafo”) en el que grabaron una frase también muy de Santos y su propaganda que decía;  “ Las balas escribieron nuestro pasado. La educación escribirá nuestro futuro”.


El viernes tuve la suerte de tener uno de los 100 balígrafos en mis manos, porque fuimos a entrevistar a la Ministra de Educación que fue quien tuvo la idea del “balígrafo”. 
Un auténtico privilegio de esos que no se pueden olvidar y una frase que dice que vuelve a enseñarme en qué momento está Colombia. Una frase que me hizo entender que el Gobierno es consciente, que tienen mucho que educar, concienciar y enseñar en qué consisten sus pasos hacia esa “nueva nación” que dicen los anuncios.

 ¡Viva la Paz!


domingo, 3 de abril de 2016

Manifestación Uribista

Ya llevo una semana aquí y parece que ha pasado una eternidad, en Colombia tengo la sensación de que cada día tiene 20 horas más y que cada fin de semana se acaba una etapa muy larga y no solo una línea en el calendario.

He vuelto a ver a amigos del año pasado,  Andrea, Mónica, Diana, Jorge, Jonan, Victor… con cada uno tengo una anécdota que os he contado, ellos siguen por aquí y me han arropado cada uno a su estilo haciendo mi transición llevadera y cálida.

Pero éste año es algo distinto, este año no vengo como asesora controladora (que me permitía relajarme en muchos momentos , aunque sin parar de pringar)  sino que éste año toca darlo todo, mostrar resultados y dirigir el proyecto conjunto con la Agencia.

Lo bueno de ser jefa es que haces lo que a ti te da la gana, lo malo es que si quieres hacer lo que te da la gana tienes que haber hecho antes lo que te toca a ti y lo que no han hecho los demás y luego si acaso, hacer lo que te da la gana…
Así que llevo ocho días aquí y he trabajado siete, una media de diez horas y he hecho pocas cosas porque me haya dado la gana.

He optado por la estrategia de reunirme, escuchar y contarle a cada miembro del equipo por separado, desde la que se encarga de las facturas hasta el cámara. Sentarme con todos, explicarles, entender sus inquietudes, comunicárselas a las demás partes y vivir al menos dos horitas lo que ellos hacen para saber quién es quién en el equipo.

El lunes toma de contacto con productores, el martes comercial y parte del otro socio, el miércoles EFE América y abogado, el jueves clientes y administración,  el viernes reunión con todos juntos y el sábado, ya que me he pedido hacer guardia y así por saber qué hace cada uno, me fui con nuestro cámara y un redactor de EFE a cubrir una manifestación del Centro Democrático Uribista.

Así que el sábado, le pedí a Lady de mi hotel, que me hiciera un sanwich de jamón y queso para llevar de desayuno y a las 10.00 estaba con Juan Pablo  y con Gonzalo  en la calle para cubrir la manifestación de los uribistas.

Uribe, como todos sabéis, fue el Presidente de Colombia desde el 2002 al 2010 con el partido Unidad Nacional (UN = centro derecha) y  Santos (el actual presidente) fue su Ministro de Defensa.

Cuando Uribe ya no pudo ser reelegido como presidente porque agotó sus dos legislaturas, pone a Santos en la cabeza de su partido y decide formar otro que será su principal opositor. Así que para las elecciones del 2010 crea el partido del Centro Democrático, que es un poco más de derechas que el UN.

Durante los años que está Uribe en el poder con Santos como Ministro de Defensa, se lucha contra las Farc de manera súper activa. Y siempre de forma completamente encubierta, se financian paramilitares y otros grupos armados que recibían recompensas por matar guerrilleros.

Uribe debilita a las FARC de ésta manera, pero al terminar su legislatura, su pupilo Santos decide sentarse a negociar y eso le enfada muchísimo, así que se monta su tenderete mucho más a la derecha bajo el lema “Mano firme corazón grande”… El slogan lo dice todo.

Total, que la mani del sábado, que apoyaba a Uribe, yo la imaginé lo más parecido a una mani “De la familia” es España. Gente de derechas, mas o menos mayores, aburridilla, sin poca chicha, de andar despacio de la mano del marido, la mujer o los niños…
Pero nada más lejos… no había contado con el componente colombiano.

Para ir a una mani uribista bajo el lema “No más” tienes que ir con la camiseta de la selección Colombia, porque puedes estar muy enfadado con tu presidente, pero tú lo que eres ante todo es colombiano. Si eres hombre debes además ponerte el gorro típico colombiano, símbolo del trabajo duro en la tierra y las horas bajo el sol del caribe. Si eres mujer tienes que haberte pintado y al menos haber ido a la pelu esa semana.  Y aunque estés muy muy indignado tienes que bailar al son de las batucadas, las trompetas, los bongoes y los gritos de guerra que canten tus vecinos de marcha con una gran sonrisa.

Si eres cura vas con tu sotana, si eres autoridad con pantalones de pinzas y camisa cubierta por la camiseta con el lema y si eres militar, ojo al dato, vas vestido de uniforme militar.
En España uno a una mani va “de calle”… pero aquí tienes que ir de lo que tú más te sientas…

Al llegar, todo eran globos con corazones, de colores o de la bandera patria. Cientos de banderas, pancartas que gritaban “Impunidad al narcoterrorismo” "Incumplimiento al Agro" , “Frac-Santos farsante” “Inseguridad rampante” y otros slogans muy muy indignados…pero llenos de color.

Como mi misión no era manifestarme ,sino cubrir para mi cliente EFE la marcha, decidí que sería la “auxiliar" de Juan Pablo y que calladita le seguiría a donde fuera…

Durante más de media hora perseguí a mi cámara de un lado para otro mientras grababa planos generales de indignación, de una acera a la otra , subiéndonos en las barandillas, corriendo detrás de las pancartas molonas, buscando mutilados de guerra, saltando de un lado al otro, esquivando niños, cámaras, trompetistas… cruzándonos con otros reporteros… todo esto sin parar y sin hablar demasiado… ¡os juro que se me hizo agotador!

Pero claro, como estaba de aprendiz, pues yo en silencio detrás de Juan Pablo.
Mientras, de vez en cuando, nos cruzábamos con Gonzalo (el redactor) que iba a su ritmo, poco a poco mirando con su grabadora en la mano...

A mitad de la manifestación, sudando como una loca y habiéndome bebido la mitad de mi botella de agua, nos reunimos con Gonzalo: era la hora de grabar declaraciones.

En las coberturas de TV el redactor es el que decide a quien hay que preguntar así que Gonzalo nos lo dejó claro: Víctimas, algún hombre de campo, militares y voz oficial…

Así que esta vez los tres, como si tuviéramos mucha prisa , salimos a la carrera en busca de nuestros objetivos…

Es curioso, que es en ése momento, en el que te das cuenta que estás haciendo periodismo y luchando por contar algo para que la gente se entere, te entra el subidón, la tensión y la velocidad de correr de un lado hacia otro sale sola…

Los tres andábamos a paso ligero en zigzag, yo calladita, como si estuviéramos de caza, mirando para todos los lados buscando a nuestras presas.

Nuestra primera víctima:  señor de pantalón de pinzas de la mano de su rubia mujer estirada con permanente rubia platino, resultó algo sosa.

La segunda, una madre procedente de  "tierra caliente".  Su hijo y marido asesinados por la guerrilla, ojos vidriosos y piel curtida por el sol,  exigía que “El farsante ese que tanto controló en otra época dejara de negosiar con delincuentes en las vacasiones en la Habana que no se las iban a pagar los colombianos”. 

La tercera entrevista fue con el Sargento retirado Nelson Romero que estaba tan exaltado y nervioso como yo,  pero con la diferencia que a él le seguían unos cincuenta uniformados bailando y gritando cosas como “ Somos militares no somos delincuentes” y  yo, en mi posición “profesional” , solo cantaba cosas por dentro típicas de mis manifestaciones españolas como “Donde están no se ven los niñatos del pepé” o “nosotras parimos nosotras decidimos”. (A estas alturas, debéis saber, que las manis, como a mi madrina, me ponen bastante...) 

El Sargento Romero dominaba el cotarro, con su tez “morena de selva” y sus ojos brillantes, sabía que tenía al público entregado,  a pesar de su estatura (mediría un metro sesenta) se le veía más que a ninguno y sus fans estaban completamente entregados a sus gritos…

En su área de influencia manifestante, se notaba la indignación, la furia combinada con la alegría de poder llevar el verde militar por las calles de Bogotá.

Romero, fue el único que no nos permitió llevarle a un ladito para hablar y nos pidió que le grabáramos andando, con su ferviente multitud detrás. El Sargento soltó el titular “Si no se les controla, esto será el caos”.

Nos despedimos de él con un fuerte apretón de manos mientras nos miraba a cada uno a los ojos (reconozco que imponía el tío…) y volvimos a ese ritmo loco de grabar recursos de un lado para otro pero ésta vez con Gonzalo junto a nosotros.

A la altura de la calle 26 encontramos lo que todo cámara freelance busca: la contra marcha a la manifa.
Veinticinco  personas con capuchas, mascarillas negras y una gran pancarta con  Uribe decapitado disfrazado de paramilitar bajo el lema “Uribe Paraco asesino” . (paraco = paramilitar de manera despectiva) 

Sorprendentemente, los veinticinco bien ordenaditos, solo ocupaban la acera y gritaban sus consignas detrás de una fila de policías uniformados que les separaban de la riada de uribistas.

Todos los manifestantes del Centro Democrático les insultaban, les gritaban y poco a poco comenzó a caldearse el ambiente… Que si un viejo se cuela y le da una colleja a un chico anti Uribe, que si una señora les empuja desde el otro lado de los policías, insultos colombianos como “marica”, “hijoepucha”, “gonorrea”…

Lo que al principio era un área completamente limitada , empezó a distorsionarse un poco, llegaron más cámaras, un señor agarró a una mujer de las solapas del abrigo levantándoselo demasiado, llegaron más policías, más prensa… y claro, nosotros en medio señalizándole a Juan Pablo cada “momentazo” que veíamos para que no dejara de grabar…

De repente alguien tiró un huevo, luego otro... y los contramanifestantes empezaron a ponerse nerviosos… 

Yo empecé a buscar con la mirada vías de evacuación en caso de que se liara… 
Analicé todo:  tiendas de móviles, un sitio de pollos, una tienda de lencería, un café….

Miré a Gonzalo con ojillos de perrito abandonado  y preocupación le pregunté, dejando mi silencio a un lado “ ¿En caso de lío, cual es el plan? ¿Meternos en la lencería de enfrente?”
Mi segunda pregunta me pareció de lo más lógica, nunca pasa nada malo cuando te compras unas braguitas, al contrario, da subidón si son muy monas.  

Pero Gonzalo con toda naturalidad, haciéndome ver que no pasaba nada,  me respondió “No, que tiene vidrio el escaparate.  No te ralles, no creo que pase nada, pero si se lía, corre”.

Su respuesta me tranquilizó, no sé por qué, pero me tranquilizó… tenía bastante lógica y peso periodístico.

Me relajé de 6 a 10 segundos, no puedo especificar bien el tiempo, pero poco a poco todos empezaron a alterarse más y más …

Los “contra manifestantes” se tensaron y mirando hacia la marea de gente que seguía avanzando,  me di cuenta de qué era lo que agitaba a nuestro objetivo mediático:

Llegaba el grupo de los militares…

Sí, los exaltados de antes, los de verde, los únicos que en esa manifestación podrían sentirse ofendidos por la pancarta de “Paraco Asesino”…  los más relacionados con el paramilitarismo, los más entregados y posiblemente… los más violentos.

Yo me agarré a mi mochila que llevaba en el pecho en vez de la espalda para evitar robos y di varios pasitos para atrás, Juan Pablo se puso en paralelo cerca de los policías que hacían de barrera con la cámara en alto para grabarlo todo y Gonzalo, cambió su cara de periodista relajado a la de periodista a punto de preguntar algo…

Los militares avanzaban rápido hacia nosotros, los primeros empezaron a acercarse hacia la pancarta de Uribe decapitado, con paso firme pero sin ningún orden, todos con sus caras oscuras y curtidas miraban fijamente al grupito que yo tenía más cerca, poco a poco calentándose sin dirigirse hacia delante sino decantándose por nuestro lateral…

Di otro pasito para atrás, sentí que chocaba con la pared, no me quedaba mas “atrás” para alejarme, apreté las muelas, saqué el móvil de la mochila y pensé…me van a matar al cámara, supongo que tendré que grabarlo...

Justo en ése momento, en el que creí que iba a ser testigo del primer muerto de mi empresa, de la nada, del otro lado de la pared policial, entre los uniformes, salió corriendo a lo hombre bala (es decir con la cabeza por delante como para avanzar más) un señor de edad media, camiseta verde camuflaje, moreno, de un metro y medio y con una gorra que decía “Romero”.

Era él, el líder que habíamos entrevistado hacía pocos minutos, el Sargento Romero.

Se puso delante de los policías, al otro lado del muro,  y empezó a gritar “Háganle, venga, pasenlé aquí no hay nada, sigan a darle duro pa´lante , “háganle,  háganle pues”.

Sus compañeros obedecieron sin mediar una queja, y se limitaron a insultar como lo habían hecho las señoras, los viejos, los niños y los jóvenes anteriores, simplemente a hacer ruido.

Al  otro lado de la calle, una señora que había parado a que su marido comprara un café para seguir la marcha, empezó a aplaudir a los militares y a gritar “Ustedes son nuestra esperanza” en plan exaltada, más gente la siguió y cuanto más aplaudían, el Sargento Romero más se crecía dando órdenes por mediar “por la paz”.

Juan Pablo bajó la cámara, se acercó a nosotros y nos dijo, “venga que aquí ya no vamos a sacar nada más”, y junto con la marcha, nos fuimos hacia plaza Bolivar en busca de la voz oficial…. ellos como si no hubiera pasado nada, yo como si hubiera vuelto a nacer.

Pero calladita, volviendo a mi papel de auxiliar de cámara profesional,  intentando seguir sus rápidas zancadas de corresponsales en una manifestación de sábado en Bogotá.

http://www.diariodecuba.com/internacional/1459678720_21411.html