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sábado, 10 de diciembre de 2016

Se ha escrito un crimen

Antes de nada, esta entrada no es para todos los públicos.

Entre accidentes de avión de futbolistas y visitas relámpago a España no he parado ni un momento…

Y hoy por fin, tras haber puesto dos lavadoras, depilarme y hacer unas lentejas caseritas, me siento delante del ordenador para contaros cosas.
Estoy bastante cansada, ayer, mientras cenaba con unos amigos, les contaba que desde mediados de Septiembre, no ha habido una semana de relax a nivel informativo.

Una vez una tía mía y la señora que cuida a mi abuela me dijeron que les encantaría saber qué es lo que hago aquí, a qué me dedico, así que a grandes rasgos os voy a contar…

Me dedico a coordinar una empresa que bajo la rigurosidad de una agencia de noticias, vende cual tiburón, cualquier imagen de tele o medios para grabar esa imagen y sacar el máximo beneficio posible que me exige mi empresa de siempre.

Suelo decir que lo que yo hago, es vender muertos, porque las imágenes que más salen en la tele son muertos, pero desde septiembre, en el país de la cultura de la violencia,  he vendido de todo.

Hemos pasado de firma de paz en La Habana a Firma de Paz en Cartagena, a Plebiscito, de ahí al No tremendo de la mitad de los colombianos, saltamos al Nobel de Santos y cuando creíamos que ya no podía pasar nada más, se nos cae el avión con los jugadores de la final de la Copa Sudamericana.

Ha sido un no parar de intentar conseguir imágenes, de buscar equipos profesionales que cuadraran con las necesidades de nuestros clientes y posibles clientes. Continuo regateo, filtrar imágenes históricas, conseguir entrevistas clave, calcular márgenes, horarios, transportes seguros…
Un stress tremendo, de verdad.

Así que cuando aterricé en España el viernes pasado, e iba en el coche con mi madre de recado a recado sintiendo que todo funcionaba, pensé que ya estaba a salvo, que nada podía pasar, que en Europa las cosas funcionaban y que mi madre que sale de cualquier situación estaba ahí codo con codo en el país que me vió nacer.

Iba escuchando su voz en modo “off” de eso que no entiendes lo que dice pero que el sonido te llena de paz. Miraba la Castellana, con sus semáforos, sus fuentes maravillosas y limpias, sus autobuses poco contaminantes, el señor que pide en el Museo de Ciencias Naturales con mil banderitas de España pero bien aseado y sentía eso, paz…

Pero en cuanto la abandoné rumbo a Sevilla, volví a darme de bruces con la realidad… Cuando llegué a Sevilla un taxista muy sevillano él, me timó nada más salir de la estación de Santa Justa y me cobró el triple de una carrera normal. El avión que me llevaba de nuevo a Madrid después de visitar a mi sobrinito , se averió y ya estando en pista decidió dar la vuelta, tardamos tres horas más en salir y ahí nadie dijo ni mu.

Al llegar a las tantas a mi casa, el calentador no tenía agua caliente… así que cuando tras un periplo tremendo, me senté por fin a la 1 de la madrugada a comer un plato de alcachofas con jamón de La Carretilla sin haber conseguido conectarme al wifi de mi propia casa y puse la tele para ver el 24h lo único que quería era volver a la otra casa donde estaba Paquita y Pablo…

Encendí la tele y… aun sin escuchar nada vi la fachada de mi casa de Colombia en la sección de internacional.

Apagué la tele y volví a encenderla, sintiéndome la protagonista del Show de Truman, en la que todo el mundo gira en torno a mí y todo es un complot… Seguía Colombia en antena.

Al parecer un señor muy rico muy rico, de esos de grandes familias oligarcas de los que se apellidan Uribe, había secuestrado una niña de los barrios que hay en las montañas, una niña de ascendencia indígena, de estrato uno del barrio de detrás de mi casa. La había llevado a su casa de barrio pijo y allí la había matado. Al darse cuenta de todo, había intentado esconder la atrocidad de los hechos llamando a su hermano que era el mejor abogado de todo Bogotá … Y todo eso había ocurrido ¡En mi propio edificio!

Un escalofrío recorrió toda mi espalda, e inmediatamente relacioné todos los mails del trabajo que había leído ese día, con las localizaciones de grabación que se habían establecido y aprobado con mi propia casa.

Sentí que no había lugar donde no tuviera que trabajar, donde no hubiera noticia que contar, y agotada y emocionada después de un fin de semana de sobredosis de amor y buen rollo, acurrucada en mi sofá amarillo vacío sin gato ni novio, empecé a llorar entre alcachofas y riquísima agua del grifo.

Me sentí agotadísima, impresionada por una historia que tocaba todos los clichés de la sociedad Colombiana tan cerca y a la vez tan lejos.

Tocaba la impunidad de los ricos, la desigualdad social, la desprotección de la infancia y en especial de las niñas en un país que lucha por avanzar en armonía.

Llamé a Pablo, que estaba muchísimo más impresionado que yo ya que no había salido de casa en todo el domingo y la tele en Colombia no paraba de bombardear cual culebrón de datos más escabrosos de toda ésta historia. A Colombia le gusta la sangre y el morbo, así que las imágenes que piden y publican aquí, tienen tres puntos más de escabrosidad que en Europa y el pobre Pablo, europeo de a pie, estaba completamente flipado con lo que iba leyendo y escuchando...

Nos reímos de mi frialdad ante el hecho y terminamos hablando de nuestras aventuras y risas de ése fin de semana, olvidando los malos royos que nos rodeaban. Quedaban 10 horas para subirme al avión, así que sin lavarme los dientes me arrastré hasta la cama y me quedé dormida bajo mi edredón gordo, con persianas opacas y calefacción puesta.

Me desperté como nueva, El País abría su sección de internacional con mi edificio pero me dio un poco igual.

Al llegar a casa, casi 16 horas después, al más puro estilo colombiano, mi portal se había convertido en un altar. Lleno de velas, Vírgenes, Divinos Niños, mensajes, peluches y cómo no, gente rezando.

Estaba lleno de pijas con gafas de sol (era de noche) muy afectadas, de cuatro por cuatro blindados con conductores esperando en las puertas de sus vehículos y familias sacadas de revista dadas de la mano poniendo más y más velitas. Los carteles pedían justicia.

Sin querer, volví a reflexionar de manera fría y distante. ¿Por qué aquí y no les van a dar el pésame a la chabola a la familia de la niña a su barrio peligroso? ¿Por qué tanta gente rica que posiblemente ni se dé cuenta de la otra parte de la sociedad colombiana? ¿Por qué nadie habla de la impunidad que tienen unos aparcando sin orden y cortando la calle mientras otros, a la hora del trabajo no pueden permitirse ni poner una velita para rezar?

Me indigné de nuevo mientras subía mis maletas llenas de turrón y mazapán a mi piso de alto estrato.

Hoy, cuatro días después, nadie habla de otra cosa. La masa silenciosa, comienza a hablar de desigualdad, de la situación de las niñas en los barrios de ocupación, de la impunidad de los delitos cometidos por determinadas personas y demás… Parece que van dándose cuenta del fondo de la cuestión…

Pero, tristemente, todos saben que la probabilidad de que el monstruo de mi vecino pague una pena más pequeña de lo habitual es muy grande. Se quejan, demonizan, pero son conscientes de que queda mucho por hacer para que los ricos riquísimos sean colombianos como todos los demás.

Ayer por la tarde, el portero que estaba de guardia durante los hechos, único testigo directo, apareció muerto en su casa.

El periódico El Tiempo, propiedad de un alto cargo de familia oligarca habló de suicidio, El Espectador dijo “Presunto Suicidio” y únicamente Semana habló de “aparecer muerto”. Parece todo una película... pero así es cómo se viven las historias periodíscas en el país del "Realismo Mágico"


lunes, 3 de octubre de 2016

Ganó el NO


Ganó el No, ese es el titular… Pero lo que realmente ha ganado ha sido la abstención.

Incomprensiblemente, de una manera decepcionante, en las elecciones más importantes de los últimos 100 años en Colombia… El sesenta y tres por ciento de los colombianos no ha ido a votar y se ha quedado en su casa viendo la tele…

Lo achacan al Huracán Mathew que no dejó que 200 puestos de voto de los 81.925 pudieran habilitarse por las riadas en dos o tres pueblitos del norte donde el Si ganaba por mayoría en todas las encuestas.

Otros creen que fue por falta de claridad en las exposiciones de ambos frentes y otros a la falta de credibilidad de la clase política, pero no… Nada de eso, los colombianos no fueron a votar porque no estuvieron a la altura de las circunstancias, porque el rencor les hizo mirarse al ombligo y porque, una vez más no se dieron cuenta de lo importante que es mojarse y formar parte de la ciudadanía y las decisiones de un país.

Las zonas pobres, rurales directamente afectadas por la guerrilla, Departamentos como Nariño, Cauca, Cesar… o pueblos como el de las señoras que cantaban el otro día en la firma de Cartagena, han votado que si (95% en Bojayá para ser exactos). Las ciudades, Departamentos del Interior donde reinaron en su máximo apogeo los Grupos Paramilitares, zonas ajenas al problema del campo, ha votado que NO.

Desde luego, siendo objetivos, y tras leer la mitad de las 180 hojas del acuerdo y el resumen de la Revista Semana, puedo afirmar que hay puntos bastante cuestionables, a los que los votantes del no se aferran, pero que a éstas alturas de la película, y sin una opción B sobre la mesa para mi, personalmente, son males menores.

El primero de estos “males menores”, y el que me impacta más como privilegiada y concienciada extranjera demócrata, es que el Parlamento tendría la presencia de diez miembros de la FARC-EP no elegidos por el pueblo,  con voz pero no con voto. Esto supondría, a mi juicio,  la usurpación del lugar sagrado, la Cámara de Representantes legítimamente elegidos por los ciudadanos.

Otro de los puntos más peliagudos es la “presunta impunidad de los guerrilleros” es decir;  Si se corroboraba la firma, los guerrilleros en búsqueda y captura dejarían de tener esas órdenes sobre las espaldas y serían juzgados por un “Tribunal Especial”, y no por la justicia ordinaria. Algo, demasiado ambiguo en un país donde si pagas, la ley no existe… Desde luego olía raro…

Lo que a los más humildes les picaba, que era que durante dos años los guerrilleros que se entregaran recibirían menos de un salario mínimo (unos 500.000 pesos, 150€) para su reinserción y formación. Eso a la gente de bajos estratos, es algo que les mataba… y es lógico, ellos que han dicho que no al jugoso mercado de la guerra y las drogas, se matan en los trabajos para conseguir ese dinero, que a los que asesinaron en los bosques se les regala…

Y claro está, esta firma, no incluía a otros grupos guerrilleros como el ELN, que también quiere entrar en el reparto del pastel político.

Pero la firma también conllevaba la aparición de nuevos partidos políticos gracias a que se abrían a la posibilidad de crearlos con leyes de transparencia e impulso de oposición (Ahora es dificilísimo crear una fuerza política por las condiciones que se les exigen únicamente para presentarse) y el fin del bipartidismo y las grandes familias oligarcas que dominan el país (Uribe, Santos, Jaramillo…) dejando paso a partidos más cercanos a la realidad de los colombianos. Conllevaba también la repartición de tierras entre campesinos que por los desplazamientos de la guerra se han quedado sin nada que labrar, el desarme de la mayor grupo guerrillero del país, la reforma agraria, fondos para las víctimas de uno y otro lado, un catastro rural (nunca se ha hecho uno real en Colombia), planes de desarrollo en el campo, mecanismos para promover la participación de la mujer en la vida política, desminado… En fin, un montón de temas, que gracias al NO, tendrán que esperar, quien sabe si días, años o décadas….

Seguramente, el resumen que os acabo de hacer es subjetivo, frívolo y poco profundo. Lo he intentado, y si alguien cree que estoy completamente equivocada posiblemente sea cierto, tal vez soy otra víctima del sistema de medios del Gobierno Colombiano.
  
Chilis me pidió este verano que contara a que a qué me dedicaba en la oficina, que le intrigaba. Pues bien, mi empresa somos cinco en plantilla y 200 colaboradores que (bajo demanda, aunque se supone que ellos también tienen que tener iniciativa) graban temas y noticias que puedan surgir en las regiones. Somos 50% de ellos, pero para ellos somos los de “Secuoya” y de alguna manera no nos adoran porque suponemos la “privatización” de un servicio que ellos antes no daban… Pero nosotros, no solamente damos servicio a la Agencia sino que quien nos lo pida, nosotros grabamos al mejor postor, nuestro objetivo es la tele colombiana.

El domingo, grabábamos en Medellín, Cali, Cúcuta, Barranquilla, Madrid (España) y claro está Bogotá para la TVE de Colombia (RTVC) y para XXX en principio solo en Bogotá.

A las 08.00 abrían los colegios electorales así que a las 07.00 ya estábamos todos en nuestros puestos coordinando, informando, haciendo puzles de horarios y grabando en las primeras localizaciones.

El Director de XXX, llegó a las 07.45 con un café en la mano, y quitándose la chaqueta calada por la fuerte lluvia,  dijo una frase que no se me olvidará jamás: “Bueno, veamos por cuanto gana el Si, Esa es la única noticia de alcance de hoy”.

Todos nos reímos y bromeamos con sarcasmo ante la remota posibilidad de que ganara el No y al día siguiente volvieran las bombas y los secuestros… Incluso yo me atreví a decir que qué bien, que así me pagaban plus de peligrosidad y que si salía el no les invitaba al Harry Seasons con mi bonus de peligrosidad…

Durante la jornada, sin parar de hablar por teléfono, solo hubo problemas con una cámara, con una redactora y con el teléfono del de Medellín que se quedó sin batería a las 14.00… Un día muy intenso pero típico de elecciones…

A las 16.00 cerraban las urnas, así que presumiendo que ganaba el SI, la XXX nos pidió que nos fuéramos una hora y media antes a la torre Tekendama donde estaba la plataforma del Si para grabar a Santos cuando llegara a celebrarlo.

Juan Pablo, el único cámara que teníamos ese día y que forma parte de nuestra plantilla, por lo previsible del si, llegó al “Sí” a las 15.00. Buen sitio para grabar las declaraciones, gaseosas para todos, banderolas, comunicados de prensa, todo preparado… Aprovechando que todo iba bien, avisé a Diana (Mi amiga española) que a las 16.30 podría ir con ella a celebrar el Si… Tanto a ella como a mí nos podía el gusanillo político y queríamos celebrar con toda Colombia el triunfo de la lógica y la paz.

Las urnas, según lo previsto, cerraron a las 16.00 en punto y dado que, sorprendentemente, en Colombia se cuentan votos mucho más rápido que en España, a las 16.15 con el 40% contado, el Si y en No está bastante ajustaditos pero ganaban los partidarios a la firma.

A las 16.18 pareció que el SI ganaba, pero era complicado saberlo del todo.

A las 16.20 El No estaba a la par y a las 16.40 con el 93% de los votos el NO pasaba al SI por cantidades de votos muy pequeñas.

Al 96% contado…ya era irreversible… El No ganaba al SI por más de 50.000 votos.

Las caras de los redactores desencajadas miraban a sus pantallas intentando comunicar qué estaba pasando, el teléfono no paraba de sonar sin que nadie lo cogiera como si diera miedo reconocer un error propio… y mi compañera Diana y yo, bloqueadas, mirábamos anonadadas Caracol viendo como subía el No a cada milésima de escrutinio…

Nadie, nadie en XXX creyó aquella mañana que ganaría el NO. Nadie en mi entorno lo pensó por un segundo, pero allí, a las 16.45 de la tarde, en aquel edificio del barrio de Chapinero… La televisión nos decía que el resultado final era NO a los acuerdos de Paz firmados entre el Gobierno y la Guerrilla de las Farc.

Volví en si tras 3 minutos de sentirme perdida y me di cuenta, que no teníamos a nadie que fuera inmediatamente a la sede del No. Que a esas horas no encontraría un cámara disponible y  que

Juan Pablo estaba en la del Si, lugar del que no se podía mover porque sería allí donde Santos iría en caso de dar la cara.

Pregunté a XXX si lo querían y nadie era capaz de reaccionar, los redactores tecleaban sin parar, el Director hablaba por dos teléfonos a la vez y Diana me miraba como perrito abandonado intentando buscar una respuesta siguiéndome por la redacción...

¡No íbamos a enseñarle al mundo en NO!

En medio de los nervios y el estress se me encendió la bombilla y me acordé de que XXX tenía una cámara pequeñita, casi de vídeo aficionado (Aunque algunos creen que es de buena calidad…) en un cajón y ante la falta de respuestas, decidí robársela, coger a Diana, e irnos a la sede del No que desgraciadamente estaba a sólo dos calles de nuestra oficina. Desviamos el teléfono fijo al móvil de diana, nos pusimos el abrigo y salimos escopetadas.

Hasta ese momento, yo nunca (y digo nunca) había cogido una cámara. Soy capaz de encontrar errores gráficos en un clip, de guiar a alguien para que cambie de formato PAL a NTSC, incluso saber si el backfocus está descompensado o el balance de blancos se hizo automático  o manual, pero nunca había grabado nada hasta ayer….

Encendí la cámara, lo puse en automático y me lancé.

La gente como loca no paraba de gritar “Colombia Colombia” se abrazaban, se besaban, se sentían felices y orgullosos de ellos mismos porque asumían que así eran aún más patriotas y yo, intentando sacar lo mejor de la cámara que llevaba en las manos, buscaba grabar la noticia de manera objetiva.

Cuando llevábamos 10 minutos allí, habiendo entrevistado a un Senador (al parecer muy importante), me di cuenta de que estaba grabando en verde. Algo no había hecho pero la pantalla salía verde….

Me eché a un lado, respiré hondo y como por inspiración divina, conseguí hacer un pseudo balance de blancos (que para quien no sepa es poner la cámara grabando un color blanco para que desde ése, sea capaz de grabar todos los colores como deben de ser) para poder encontrar el buen tono a esa grabación.

Diana buscaba Senadores y personajes de la derecha rancia uribista y yo, unida a ella por el cable del micrófono, la seguía buscando recursos e imágenes impactantes que poder guardar en la cámara. Cada minuto que pasaba, me sentía más extraña, más ajena al momento, más extranjera o más bien más extraterrestre. No se si porque no habíamos comido y eran las 17.30 o por el agobio que me daba no comprender como la gente se alegraba de que la guerrilla siguiera viva me empezó a dolerme muy fuerte el esternón, un dolor agudo que me hacía respirar mucho más hondo que dos horas antes… En silencio y tras mi cámara yo grababa intentando que no se notara lo que sentía y que Diana sintiera que estaba acompañada. El cable del micro me unía a la única persona, que en ese momento sentía que podía salvarme ante las fieras desgallitadas del No. Eramos como dos ratoncillos en una fiesta de gatos salvajes, que lo único que queríamos era un poquito de su queso y huir…

A las 18.15, me di cuenta que la cámara que llevaba no tenía luz, así que aprovechándome de los grandes focos de las cámaras de las televisiones locales grabé los últimos recursos y mirando a Diana a sus ojos igual de abiertos que los míos, le dije “Nena, vámonos de aquí, ya no podemos sacar más”.

Salimos corriendo, como si nos persiguieran por la calle 66 hacia la oficina, unidas por el cable como si eso nos protegiera más y al llegar a la oficina, sin hablar demasiado,  Diana se puso a editar, mientras yo, desde mi ordenador resumía lo que habíamos vivido para poder hacerle el informe a XXX que ya había confirmado que lo quería.
Seguía doliéndome el pecho, pero a esas alturas de la jornada, no era solo el pecho, sino los ojos, el cuello y las muñecas…era dolor de NO.

Conseguimos enviarlo en tiempo record, y continuar con la coordinación del cámara de Medellín que esperaba que Uribe saliera a dar declaraciones desde su finca a las afueras de un pueblo muy pijo de Antioquia...

Santos salió antes en Bogotá, a eso de las 19.30, rodeado de sus más fieles colaboradores y con cara de preocupación.

Callados como si fuera el primer parte de guerra en años, todos los presentes en la redacción escuchamos en silencio intentando comprender en qué momento de la historia estábamos.
Santos lo dejó claro, el pueblo no es que no crea en los políticos, sino que los políticos tampoco creen en el pueblo colombiano y la Firma seguía vigente, solo que ahora la mesa de negociaciones volvía a abrirse, con las condiciones de los que no formaron parte de ella la primera vez, los temidos y cuestionados Uribistas, pero queriendo el objetivo común de “todos los colombianos” una paz “estable y duradera”.


PD: Hoy todos estaban tranquilizandose unos a otros diciendo que viva la Paz... Un circo señores... un circo.

domingo, 3 de abril de 2016

Manifestación Uribista

Ya llevo una semana aquí y parece que ha pasado una eternidad, en Colombia tengo la sensación de que cada día tiene 20 horas más y que cada fin de semana se acaba una etapa muy larga y no solo una línea en el calendario.

He vuelto a ver a amigos del año pasado,  Andrea, Mónica, Diana, Jorge, Jonan, Victor… con cada uno tengo una anécdota que os he contado, ellos siguen por aquí y me han arropado cada uno a su estilo haciendo mi transición llevadera y cálida.

Pero éste año es algo distinto, este año no vengo como asesora controladora (que me permitía relajarme en muchos momentos , aunque sin parar de pringar)  sino que éste año toca darlo todo, mostrar resultados y dirigir el proyecto conjunto con la Agencia.

Lo bueno de ser jefa es que haces lo que a ti te da la gana, lo malo es que si quieres hacer lo que te da la gana tienes que haber hecho antes lo que te toca a ti y lo que no han hecho los demás y luego si acaso, hacer lo que te da la gana…
Así que llevo ocho días aquí y he trabajado siete, una media de diez horas y he hecho pocas cosas porque me haya dado la gana.

He optado por la estrategia de reunirme, escuchar y contarle a cada miembro del equipo por separado, desde la que se encarga de las facturas hasta el cámara. Sentarme con todos, explicarles, entender sus inquietudes, comunicárselas a las demás partes y vivir al menos dos horitas lo que ellos hacen para saber quién es quién en el equipo.

El lunes toma de contacto con productores, el martes comercial y parte del otro socio, el miércoles EFE América y abogado, el jueves clientes y administración,  el viernes reunión con todos juntos y el sábado, ya que me he pedido hacer guardia y así por saber qué hace cada uno, me fui con nuestro cámara y un redactor de EFE a cubrir una manifestación del Centro Democrático Uribista.

Así que el sábado, le pedí a Lady de mi hotel, que me hiciera un sanwich de jamón y queso para llevar de desayuno y a las 10.00 estaba con Juan Pablo  y con Gonzalo  en la calle para cubrir la manifestación de los uribistas.

Uribe, como todos sabéis, fue el Presidente de Colombia desde el 2002 al 2010 con el partido Unidad Nacional (UN = centro derecha) y  Santos (el actual presidente) fue su Ministro de Defensa.

Cuando Uribe ya no pudo ser reelegido como presidente porque agotó sus dos legislaturas, pone a Santos en la cabeza de su partido y decide formar otro que será su principal opositor. Así que para las elecciones del 2010 crea el partido del Centro Democrático, que es un poco más de derechas que el UN.

Durante los años que está Uribe en el poder con Santos como Ministro de Defensa, se lucha contra las Farc de manera súper activa. Y siempre de forma completamente encubierta, se financian paramilitares y otros grupos armados que recibían recompensas por matar guerrilleros.

Uribe debilita a las FARC de ésta manera, pero al terminar su legislatura, su pupilo Santos decide sentarse a negociar y eso le enfada muchísimo, así que se monta su tenderete mucho más a la derecha bajo el lema “Mano firme corazón grande”… El slogan lo dice todo.

Total, que la mani del sábado, que apoyaba a Uribe, yo la imaginé lo más parecido a una mani “De la familia” es España. Gente de derechas, mas o menos mayores, aburridilla, sin poca chicha, de andar despacio de la mano del marido, la mujer o los niños…
Pero nada más lejos… no había contado con el componente colombiano.

Para ir a una mani uribista bajo el lema “No más” tienes que ir con la camiseta de la selección Colombia, porque puedes estar muy enfadado con tu presidente, pero tú lo que eres ante todo es colombiano. Si eres hombre debes además ponerte el gorro típico colombiano, símbolo del trabajo duro en la tierra y las horas bajo el sol del caribe. Si eres mujer tienes que haberte pintado y al menos haber ido a la pelu esa semana.  Y aunque estés muy muy indignado tienes que bailar al son de las batucadas, las trompetas, los bongoes y los gritos de guerra que canten tus vecinos de marcha con una gran sonrisa.

Si eres cura vas con tu sotana, si eres autoridad con pantalones de pinzas y camisa cubierta por la camiseta con el lema y si eres militar, ojo al dato, vas vestido de uniforme militar.
En España uno a una mani va “de calle”… pero aquí tienes que ir de lo que tú más te sientas…

Al llegar, todo eran globos con corazones, de colores o de la bandera patria. Cientos de banderas, pancartas que gritaban “Impunidad al narcoterrorismo” "Incumplimiento al Agro" , “Frac-Santos farsante” “Inseguridad rampante” y otros slogans muy muy indignados…pero llenos de color.

Como mi misión no era manifestarme ,sino cubrir para mi cliente EFE la marcha, decidí que sería la “auxiliar" de Juan Pablo y que calladita le seguiría a donde fuera…

Durante más de media hora perseguí a mi cámara de un lado para otro mientras grababa planos generales de indignación, de una acera a la otra , subiéndonos en las barandillas, corriendo detrás de las pancartas molonas, buscando mutilados de guerra, saltando de un lado al otro, esquivando niños, cámaras, trompetistas… cruzándonos con otros reporteros… todo esto sin parar y sin hablar demasiado… ¡os juro que se me hizo agotador!

Pero claro, como estaba de aprendiz, pues yo en silencio detrás de Juan Pablo.
Mientras, de vez en cuando, nos cruzábamos con Gonzalo (el redactor) que iba a su ritmo, poco a poco mirando con su grabadora en la mano...

A mitad de la manifestación, sudando como una loca y habiéndome bebido la mitad de mi botella de agua, nos reunimos con Gonzalo: era la hora de grabar declaraciones.

En las coberturas de TV el redactor es el que decide a quien hay que preguntar así que Gonzalo nos lo dejó claro: Víctimas, algún hombre de campo, militares y voz oficial…

Así que esta vez los tres, como si tuviéramos mucha prisa , salimos a la carrera en busca de nuestros objetivos…

Es curioso, que es en ése momento, en el que te das cuenta que estás haciendo periodismo y luchando por contar algo para que la gente se entere, te entra el subidón, la tensión y la velocidad de correr de un lado hacia otro sale sola…

Los tres andábamos a paso ligero en zigzag, yo calladita, como si estuviéramos de caza, mirando para todos los lados buscando a nuestras presas.

Nuestra primera víctima:  señor de pantalón de pinzas de la mano de su rubia mujer estirada con permanente rubia platino, resultó algo sosa.

La segunda, una madre procedente de  "tierra caliente".  Su hijo y marido asesinados por la guerrilla, ojos vidriosos y piel curtida por el sol,  exigía que “El farsante ese que tanto controló en otra época dejara de negosiar con delincuentes en las vacasiones en la Habana que no se las iban a pagar los colombianos”. 

La tercera entrevista fue con el Sargento retirado Nelson Romero que estaba tan exaltado y nervioso como yo,  pero con la diferencia que a él le seguían unos cincuenta uniformados bailando y gritando cosas como “ Somos militares no somos delincuentes” y  yo, en mi posición “profesional” , solo cantaba cosas por dentro típicas de mis manifestaciones españolas como “Donde están no se ven los niñatos del pepé” o “nosotras parimos nosotras decidimos”. (A estas alturas, debéis saber, que las manis, como a mi madrina, me ponen bastante...) 

El Sargento Romero dominaba el cotarro, con su tez “morena de selva” y sus ojos brillantes, sabía que tenía al público entregado,  a pesar de su estatura (mediría un metro sesenta) se le veía más que a ninguno y sus fans estaban completamente entregados a sus gritos…

En su área de influencia manifestante, se notaba la indignación, la furia combinada con la alegría de poder llevar el verde militar por las calles de Bogotá.

Romero, fue el único que no nos permitió llevarle a un ladito para hablar y nos pidió que le grabáramos andando, con su ferviente multitud detrás. El Sargento soltó el titular “Si no se les controla, esto será el caos”.

Nos despedimos de él con un fuerte apretón de manos mientras nos miraba a cada uno a los ojos (reconozco que imponía el tío…) y volvimos a ese ritmo loco de grabar recursos de un lado para otro pero ésta vez con Gonzalo junto a nosotros.

A la altura de la calle 26 encontramos lo que todo cámara freelance busca: la contra marcha a la manifa.
Veinticinco  personas con capuchas, mascarillas negras y una gran pancarta con  Uribe decapitado disfrazado de paramilitar bajo el lema “Uribe Paraco asesino” . (paraco = paramilitar de manera despectiva) 

Sorprendentemente, los veinticinco bien ordenaditos, solo ocupaban la acera y gritaban sus consignas detrás de una fila de policías uniformados que les separaban de la riada de uribistas.

Todos los manifestantes del Centro Democrático les insultaban, les gritaban y poco a poco comenzó a caldearse el ambiente… Que si un viejo se cuela y le da una colleja a un chico anti Uribe, que si una señora les empuja desde el otro lado de los policías, insultos colombianos como “marica”, “hijoepucha”, “gonorrea”…

Lo que al principio era un área completamente limitada , empezó a distorsionarse un poco, llegaron más cámaras, un señor agarró a una mujer de las solapas del abrigo levantándoselo demasiado, llegaron más policías, más prensa… y claro, nosotros en medio señalizándole a Juan Pablo cada “momentazo” que veíamos para que no dejara de grabar…

De repente alguien tiró un huevo, luego otro... y los contramanifestantes empezaron a ponerse nerviosos… 

Yo empecé a buscar con la mirada vías de evacuación en caso de que se liara… 
Analicé todo:  tiendas de móviles, un sitio de pollos, una tienda de lencería, un café….

Miré a Gonzalo con ojillos de perrito abandonado  y preocupación le pregunté, dejando mi silencio a un lado “ ¿En caso de lío, cual es el plan? ¿Meternos en la lencería de enfrente?”
Mi segunda pregunta me pareció de lo más lógica, nunca pasa nada malo cuando te compras unas braguitas, al contrario, da subidón si son muy monas.  

Pero Gonzalo con toda naturalidad, haciéndome ver que no pasaba nada,  me respondió “No, que tiene vidrio el escaparate.  No te ralles, no creo que pase nada, pero si se lía, corre”.

Su respuesta me tranquilizó, no sé por qué, pero me tranquilizó… tenía bastante lógica y peso periodístico.

Me relajé de 6 a 10 segundos, no puedo especificar bien el tiempo, pero poco a poco todos empezaron a alterarse más y más …

Los “contra manifestantes” se tensaron y mirando hacia la marea de gente que seguía avanzando,  me di cuenta de qué era lo que agitaba a nuestro objetivo mediático:

Llegaba el grupo de los militares…

Sí, los exaltados de antes, los de verde, los únicos que en esa manifestación podrían sentirse ofendidos por la pancarta de “Paraco Asesino”…  los más relacionados con el paramilitarismo, los más entregados y posiblemente… los más violentos.

Yo me agarré a mi mochila que llevaba en el pecho en vez de la espalda para evitar robos y di varios pasitos para atrás, Juan Pablo se puso en paralelo cerca de los policías que hacían de barrera con la cámara en alto para grabarlo todo y Gonzalo, cambió su cara de periodista relajado a la de periodista a punto de preguntar algo…

Los militares avanzaban rápido hacia nosotros, los primeros empezaron a acercarse hacia la pancarta de Uribe decapitado, con paso firme pero sin ningún orden, todos con sus caras oscuras y curtidas miraban fijamente al grupito que yo tenía más cerca, poco a poco calentándose sin dirigirse hacia delante sino decantándose por nuestro lateral…

Di otro pasito para atrás, sentí que chocaba con la pared, no me quedaba mas “atrás” para alejarme, apreté las muelas, saqué el móvil de la mochila y pensé…me van a matar al cámara, supongo que tendré que grabarlo...

Justo en ése momento, en el que creí que iba a ser testigo del primer muerto de mi empresa, de la nada, del otro lado de la pared policial, entre los uniformes, salió corriendo a lo hombre bala (es decir con la cabeza por delante como para avanzar más) un señor de edad media, camiseta verde camuflaje, moreno, de un metro y medio y con una gorra que decía “Romero”.

Era él, el líder que habíamos entrevistado hacía pocos minutos, el Sargento Romero.

Se puso delante de los policías, al otro lado del muro,  y empezó a gritar “Háganle, venga, pasenlé aquí no hay nada, sigan a darle duro pa´lante , “háganle,  háganle pues”.

Sus compañeros obedecieron sin mediar una queja, y se limitaron a insultar como lo habían hecho las señoras, los viejos, los niños y los jóvenes anteriores, simplemente a hacer ruido.

Al  otro lado de la calle, una señora que había parado a que su marido comprara un café para seguir la marcha, empezó a aplaudir a los militares y a gritar “Ustedes son nuestra esperanza” en plan exaltada, más gente la siguió y cuanto más aplaudían, el Sargento Romero más se crecía dando órdenes por mediar “por la paz”.

Juan Pablo bajó la cámara, se acercó a nosotros y nos dijo, “venga que aquí ya no vamos a sacar nada más”, y junto con la marcha, nos fuimos hacia plaza Bolivar en busca de la voz oficial…. ellos como si no hubiera pasado nada, yo como si hubiera vuelto a nacer.

Pero calladita, volviendo a mi papel de auxiliar de cámara profesional,  intentando seguir sus rápidas zancadas de corresponsales en una manifestación de sábado en Bogotá.

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