lunes, 10 de octubre de 2016

DanzaKuduro



No sabéis qué ilusión hace recibir al 80% de tu pandilla un jueves cualquiera en el aeropuerto…

Verlas llegar, dar saltitos, abrazarlas, besarlas y abrir sus maletas llenas de comiditas ricas y regalitos de Pablo. Como le decía a mi prima pequeña “Me doy envidia a mi misma de que me hayan venido a ver”.

Es como encontrarte contigo misma, caerte estupendo y seguir tu vida como si no pasara nada. ¡Una gozada!

Porque las amigas que crecen contigo y que te entienden hacen eso, reflejarse en ti y ayudarte a darte cuenta de que te has  convertido en una persona mayor y que además, como daño colateral, te has colombianizado y no te has dado ni cuenta.

Dice Paula que hasta tengo acento, y es que este fin de semana, viviendo las 36 horas más magnificas de los últimos tiempos, me he dado cuenta que me he adaptado tanto que ya no me doy ni cuenta de los ritmos, las relaciones sociales y las precauciones que una sufre día a día.

Lo que más me ha impactado, y me ha hecho pensar, es que para sobrevivir, me he adaptado a lo de no tratar a la gente por igual, y esto me ha hecho pensar muchísimo sobre la suerte que tenemos en España de ser todos iguales, más gordos, más flacos, más guapos o más feos,  pero con unas capacidades parecidas y un nivel cultural básico común. Me he adaptado a tener que explicar las cosas cien veces, a que es necesario no sentirse incómoda cuando te sirven, te tratan con pleitesía o tienes que dejar que te hagan un té en el trabajo, porque la que limpia espera que lo aceptes como sujeto paciente...

Me he acostumbrado a lujos y carencias, pero ahora viendo a personas iguales que yo sentirse incómodas… he notado que me he adaptado y me he sentido orgullosa de haber crecido en ese aspecto. ¡Adaptarse o morir! ¿No?

Este fin de semana hemos ido de ricas.

Creo que uno de los placeres colombianos es ser rica sin dinero y darte lujos con poco, así que organicé un sábado en un barco privado de isla en isla con marinero , capitán y reguetón a todo trapo. Lo que podríamos denominar : videoclip de danzakuduro, pero con tupper de ensalada de pasta, cocacolas y de vez en cuando un poquito del Canto del Loco o simplemente silencio.

Así que el viernes, antes de salir para Cartagena, me llamó la señora del barco que había reservado hacía unas semanas y regateado mil quinientas veces,  y me preguntó si quería que comprara hielo y cervezas. Pensando en que si compraba cervezas en cantidades colombianas, nos iban a salir por las orejas, le dije que solo comprara hielo y que a las 08.30 estaríamos allí.

Las chicas, mientras yo estaba trabajando el viernes, hicieron la compra y el sábado a las 06.30 estábamos despertándonos para echarnos crema, hacer la pasta y llegar al barco a nuestra hora.

La señora del barco me llamó a las 08.35 para recordarme si quería que comprara ella cervezas y le conté que ya estábamos llegando al muelle. Ella entendió que,  como el común de sus mortales harían, aun no habíamos comprado nada y me recomendó un súper cerca del muelle. Primera diferencia cultural: El europeo compra el alcohol antes de ir a una fiesta y no en el mismo sitio de la fiesta para asegurarse de un buen precio y calidad.

Al llegar al barco, nos esperaban, vestidos de riguroso blanco, dos negrazos musculados que nos ayudaron a cargar nuestras bolsas (mientras mis amigas ponían cara de “ya puedo yo”) y meterlo todo en la nevera.  El capitán, algo más mayor que el marinero pero igual de fornido,  nos preguntó por nuestros esposos (siguiente diferencia cultural) y tuve que contarles que “nos habían dejado fin de semana de mujeres”. La chica del barco trajo el datófono, pagamos y nos fuimos rumbo a islas del Rosario a toda mecha diciéndole adiós con la mano.

Para ambientar, siendo consciente de que tocaba colombianizarnos, saqué el Ipod y puse mi lista de reproducción colombiana y así con el pelo suelto, en bañador, con gafas de sol y escuchando reguetón, nos sentimos lo más colombiano del planeta.

Pero cuando hicimos la primera parada, en “la piscinita de Isla Grande” nos dimos cuenta de que no… Éramos tan gringas que nos habíamos echado crema dos veces, no llevábamos gorra de visera ancha, ni triquini hortera, ni joyas brillantes y lo que nos diferenciaba del resto de las colombianas de otros barcos,  era sobre todo, que no teníamos una cerveza en la mano. 

Lena se quitó la falda y corriendo como si no hubiera mañana, se tiró en bomba y eso marcó la diferencia.  Nos dejamos de mariconadas y comenzamos a darle al dominguerismo, sacamos nuestras gafas de bucear, la colchoneta, las patatas fritas y hasta Sara de la emoción comenzó a tararear una jota, así sin más en medio del caribe sonó “Por el puente de Aranda”.

Consciente de lo afortunada que era flotando en medio de ninguna parte sobre un agua cristalina, realicé un ejercicio que creo que me ayuda un montón en ocasiones como ese momento, e intenté retener cada estímulo positivo que me llegaba en ese segundo, para poder recordarlo, poder contarlo y sentir que ha pasado.

Paloma hacía el muerto completamente relajada a pocos metros de mi, Sara cantaba una jota de las de la Romería mientras jugaba a no separar las piernas al nadar para atrás como un delfín, Paula buceaba con las gafas y el tubo sacando el culete en pompa buscando a Nemo, Lena nadaba elegante alejándose sin preocupación y Belén nos miraba mojada como una sirenita tomando el sol desde la proa de nuestro barco.  NUESTRO barco, el que habíamos alquilado nosotras y que iría allá donde nosotras quisiéramos.

Tuve que coger aire fuerte por la nariz y llenar mis pulmones al darme cuenta de lo afortunada que era y así como si fuera un pececito, me sumergí hasta tocar la arena del caribe, blanca llena de corales y conchas por el puro placer de ser un pez.

Belén volvió al agua y cuando estábamos todas allí, nos abrazamos todas conscientes de la suerte que teníamos y tragando mucho agua.

En la siguiente parada, llegamos a una isla en la que solo había un lugareño que pedía propina por el mero hecho de estar en la isla en la que él estaba y una pareja que bajo un toldito brindaba con champán y se comían a besos en la otra punta de la playa. Estuvimos haciéndonos fotos jugando a ser Ana Obregón en su posado del verano,  bailamos, hice albóndigas de arena, saltamos y finalemente, cuando ya nos pudo el hambre, sacamos el tupper para comer nuestra ensalada de pasta.

Picábamos todas sin parar de reírnos, recordando momentos de nuestra adolescencia, borracheras, enfados, madres y manías… Saltábamos a temas políticos, sociales, trabajo que luego enlazábamos con frases chorras y escenas de cama … y regábamos nuestras gargantas con agua y coca cola, porque , al no ser colombianas, no necesitábamos cervezas.

Cuando ya no podíamos más de tanto comer, cogí lo que sobraba de los tuppers y empecé a mezclarlo para, como buena colombiana, llevárselo a nuestro marinero y capitán que estaban como a 20 metros de la orilla durmiendo bajo el toldo de nuestra barquita pendiente del ancla.

Fue en ese momento , cuando me sentí verdaderamente colombianizada.

Lo habitual en éste país, es que cuando contratas un servicio, tú, como amo y señor, proveas de comida y bebida a las personas que están trabajando para ti. Pasa con los conductores, con las señoras de la limpieza y en éste caso con los negrazos que estaban en nuestro barco. ¿No se ofenderán? Preguntó Paula mientras me miraba horrorizada realizar la maniobra, “Es que tía, son las sobras y queda muy feo” me dijo Sara… Me hicieron pensar bastante, pero les expliqué (y mientras les decía me daba cuenta de lo que me había dado cuenta) que uno tiene que asumir su rol de estrato y hacer lo que se espera de él. La tripulación no traía comida y esperaba que yo le diera y eso es lo que debía hacer. Así que cogí mi colchoneta de Angry Birlds y a modo de bandeja me fui nadando con el tupper hasta el barco para darles las sobras, les dije que cogieran unas cervezas de la nevera y unas patatas y cuando volvimos a subir media hora después, no quedaba nada de lo que le habíamos ofrecido.

Tras otras tres paradas, empezar a beber un poquito, bailar danzakuduro a toda velocidad y dormir una siesta en una playa paradisiaca donde las palmeras llegaban al agua, volvimos al barco y comenzamos a navegar más despacito por


manglares apoyando nuestras cabezas en los asientos acolchaditos de la lancha...

Paloma se abrió una cocacola, paula un smirnoff ICE , dos pelícanos nos piraron desde una roca en medio del mar y así como quien no quiere la cosa, en medio de esa paz total, con una coca cola ligth en la mano, me acordé de algo maravilloso que había guardado para ese momento, me acerqué a mi mochila, rebusqué en el fondo y ... ¡Saqué un fuet!
Otro gran momento inolvidable… Fuet, cocacola ligth, amigas, música y Caribe.

Inigualable.

PD: os dejo el videoclip de Danza Kuduro para que entendáis la diferencia... jajaja

DanzaKuduro



No sabéis qué ilusión hace recibir al 80% de tu pandilla un jueves cualquiera en el aeropuerto…

Verlas llegar, dar saltitos, abrazarlas, besarlas y abrir sus maletas llenas de comiditas ricas y regalitos de Pablo. Como le decía a mi prima pequeña “Me doy envidia a mi misma de que me hayan venido a ver”.

Es como encontrarte contigo misma, caerte estupendo y seguir tu vida como si no pasara nada. ¡Una gozada!

Porque las amigas que crecen contigo y que te entienden hacen eso, reflejarse en ti y ayudarte a darte cuenta de que te has  convertido en una persona mayor y que además, como daño colateral, te has colombianizado y no te has dado ni cuenta.

Dice Paula que hasta tengo acento, y es que este fin de semana, viviendo las 36 horas más magnificas de los últimos tiempos, me he dado cuenta que me he adaptado tanto que ya no me doy ni cuenta de los ritmos, las relaciones sociales y las precauciones que una sufre día a día.

Lo que más me ha impactado, y me ha hecho pensar, es que para sobrevivir, me he adaptado a lo de no tratar a la gente por igual, y esto me ha hecho pensar muchísimo sobre la suerte que tenemos en España de ser todos iguales, más gordos, más flacos, más guapos o más feos,  pero con unas capacidades parecidas y un nivel cultural básico común. Me he adaptado a tener que explicar las cosas cien veces, a que es necesario no sentirse incómoda cuando te sirven, te tratan con pleitesía o tienes que dejar que te hagan un té en el trabajo, porque la que limpia espera que lo aceptes como sujeto paciente...

Me he acostumbrado a lujos y carencias, pero ahora viendo a personas iguales que yo sentirse incómodas… he notado que me he adaptado y me he sentido orgullosa de haber crecido en ese aspecto. ¡Adaptarse o morir! ¿No?

Este fin de semana hemos ido de ricas.

Creo que uno de los placeres colombianos es ser rica sin dinero y darte lujos con poco, así que organicé un sábado en un barco privado de isla en isla con marinero , capitán y reguetón a todo trapo. Lo que podríamos denominar : videoclip de danzakuduro, pero con tupper de ensalada de pasta, cocacolas y de vez en cuando un poquito del Canto del Loco o simplemente silencio.

Así que el viernes, antes de salir para Cartagena, me llamó la señora del barco que había reservado hacía unas semanas y regateado mil quinientas veces,  y me preguntó si quería que comprara hielo y cervezas. Pensando en que si compraba cervezas en cantidades colombianas, nos iban a salir por las orejas, le dije que solo comprara hielo y que a las 08.30 estaríamos allí.

Las chicas, mientras yo estaba trabajando el viernes, hicieron la compra y el sábado a las 06.30 estábamos despertándonos para echarnos crema, hacer la pasta y llegar al barco a nuestra hora.

La señora del barco me llamó a las 08.35 para recordarme si quería que comprara ella cervezas y le conté que ya estábamos llegando al muelle. Ella entendió que,  como el común de sus mortales harían, aun no habíamos comprado nada y me recomendó un súper cerca del muelle. Primera diferencia cultural: El europeo compra el alcohol antes de ir a una fiesta y no en el mismo sitio de la fiesta para asegurarse de un buen precio y calidad.

Al llegar al barco, nos esperaban, vestidos de riguroso blanco, dos negrazos musculados que nos ayudaron a cargar nuestras bolsas (mientras mis amigas ponían cara de “ya puedo yo”) y meterlo todo en la nevera.  El capitán, algo más mayor que el marinero pero igual de fornido,  nos preguntó por nuestros esposos (siguiente diferencia cultural) y tuve que contarles que “nos habían dejado fin de semana de mujeres”. La chica del barco trajo el datófono, pagamos y nos fuimos rumbo a islas del Rosario a toda mecha diciéndole adiós con la mano.

Para ambientar, siendo consciente de que tocaba colombianizarnos, saqué el Ipod y puse mi lista de reproducción colombiana y así con el pelo suelto, en bañador, con gafas de sol y escuchando reguetón, nos sentimos lo más colombiano del planeta.

Pero cuando hicimos la primera parada, en “la piscinita de Isla Grande” nos dimos cuenta de que no… Éramos tan gringas que nos habíamos echado crema dos veces, no llevábamos gorra de visera ancha, ni triquini hortera, ni joyas brillantes y lo que nos diferenciaba del resto de las colombianas de otros barcos,  era sobre todo, que no teníamos una cerveza en la mano. 

Lena se quitó la falda y corriendo como si no hubiera mañana, se tiró en bomba y eso marcó la diferencia.  Nos dejamos de mariconadas y comenzamos a darle al dominguerismo, sacamos nuestras gafas de bucear, la colchoneta, las patatas fritas y hasta Sara de la emoción comenzó a tararear una jota, así sin más en medio del caribe sonó “Por el puente de Aranda”.

Consciente de lo afortunada que era flotando en medio de ninguna parte sobre un agua cristalina, realicé un ejercicio que creo que me ayuda un montón en ocasiones como ese momento, e intenté retener cada estímulo positivo que me llegaba en ese segundo, para poder recordarlo, poder contarlo y sentir que ha pasado.

Paloma hacía el muerto completamente relajada a pocos metros de mi, Sara cantaba una jota de las de la Romería mientras jugaba a no separar las piernas al nadar para atrás como un delfín, Paula buceaba con las gafas y el tubo sacando el culete en pompa buscando a Nemo, Lena nadaba elegante alejándose sin preocupación y Belén nos miraba mojada como una sirenita tomando el sol desde la proa de nuestro barco.  NUESTRO barco, el que habíamos alquilado nosotras y que iría allá donde nosotras quisiéramos.

Tuve que coger aire fuerte por la nariz y llenar mis pulmones al darme cuenta de lo afortunada que era y así como si fuera un pececito, me sumergí hasta tocar la arena del caribe, blanca llena de corales y conchas por el puro placer de ser un pez.

Belén volvió al agua y cuando estábamos todas allí, nos abrazamos todas conscientes de la suerte que teníamos y tragando mucho agua.

En la siguiente parada, llegamos a una isla en la que solo había un lugareño que pedía propina por el mero hecho de estar en la isla en la que él estaba y una pareja que bajo un toldito brindaba con champán y se comían a besos en la otra punta de la playa. Estuvimos haciéndonos fotos jugando a ser Ana Obregón en su posado del verano,  bailamos, hice albóndigas de arena, saltamos y finalemente, cuando ya nos pudo el hambre, sacamos el tupper para comer nuestra ensalada de pasta.

Picábamos todas sin parar de reírnos, recordando momentos de nuestra adolescencia, borracheras, enfados, madres y manías… Saltábamos a temas políticos, sociales, trabajo que luego enlazábamos con frases chorras y escenas de cama … y regábamos nuestras gargantas con agua y coca cola, porque , al no ser colombianas, no necesitábamos cervezas.

Cuando ya no podíamos más de tanto comer, cogí lo que sobraba de los tuppers y empecé a mezclarlo para, como buena colombiana, llevárselo a nuestro marinero y capitán que estaban como a 20 metros de la orilla durmiendo bajo el toldo de nuestra barquita pendiente del ancla.

Fue en ese momento , cuando me sentí verdaderamente colombianizada.

Lo habitual en éste país, es que cuando contratas un servicio, tú, como amo y señor, proveas de comida y bebida a las personas que están trabajando para ti. Pasa con los conductores, con las señoras de la limpieza y en éste caso con los negrazos que estaban en nuestro barco. ¿No se ofenderán? Preguntó Paula mientras me miraba horrorizada realizar la maniobra, “Es que tía, son las sobras y queda muy feo” me dijo Sara… Me hicieron pensar bastante, pero les expliqué (y mientras les decía me daba cuenta de lo que me había dado cuenta) que uno tiene que asumir su rol de estrato y hacer lo que se espera de él. La tripulación no traía comida y esperaba que yo le diera y eso es lo que debía hacer. Así que cogí mi colchoneta de Angry Birlds y a modo de bandeja me fui nadando con el tupper hasta el barco para darles las sobras, les dije que cogieran unas cervezas de la nevera y unas patatas y cuando volvimos a subir media hora después, no quedaba nada de lo que le habíamos ofrecido.

Tras otras tres paradas, empezar a beber un poquito, bailar danzakuduro a toda velocidad y dormir una siesta en una playa paradisiaca donde las palmeras llegaban al agua, volvimos al barco y comenzamos a navegar más despacito por


manglares apoyando nuestras cabezas en los asientos acolchaditos de la lancha...

Paloma se abrió una cocacola, paula un smirnoff ICE , dos pelícanos nos piraron desde una roca en medio del mar y así como quien no quiere la cosa, en medio de esa paz total, con una coca cola ligth en la mano, me acordé de algo maravilloso que había guardado para ese momento, me acerqué a mi mochila, rebusqué en el fondo y ... ¡Saqué un fuet!
 
Otro gran momento inolvidable… Fuet, cocacola ligth, amigas, música y Caribe.

Inigualable.

PD: os dejo el videoclip de Danza Kuduro para que entendáis la diferencia... jajaja

lunes, 3 de octubre de 2016

Ganó el NO


Ganó el No, ese es el titular… Pero lo que realmente ha ganado ha sido la abstención.

Incomprensiblemente, de una manera decepcionante, en las elecciones más importantes de los últimos 100 años en Colombia… El sesenta y tres por ciento de los colombianos no ha ido a votar y se ha quedado en su casa viendo la tele…

Lo achacan al Huracán Mathew que no dejó que 200 puestos de voto de los 81.925 pudieran habilitarse por las riadas en dos o tres pueblitos del norte donde el Si ganaba por mayoría en todas las encuestas.

Otros creen que fue por falta de claridad en las exposiciones de ambos frentes y otros a la falta de credibilidad de la clase política, pero no… Nada de eso, los colombianos no fueron a votar porque no estuvieron a la altura de las circunstancias, porque el rencor les hizo mirarse al ombligo y porque, una vez más no se dieron cuenta de lo importante que es mojarse y formar parte de la ciudadanía y las decisiones de un país.

Las zonas pobres, rurales directamente afectadas por la guerrilla, Departamentos como Nariño, Cauca, Cesar… o pueblos como el de las señoras que cantaban el otro día en la firma de Cartagena, han votado que si (95% en Bojayá para ser exactos). Las ciudades, Departamentos del Interior donde reinaron en su máximo apogeo los Grupos Paramilitares, zonas ajenas al problema del campo, ha votado que NO.

Desde luego, siendo objetivos, y tras leer la mitad de las 180 hojas del acuerdo y el resumen de la Revista Semana, puedo afirmar que hay puntos bastante cuestionables, a los que los votantes del no se aferran, pero que a éstas alturas de la película, y sin una opción B sobre la mesa para mi, personalmente, son males menores.

El primero de estos “males menores”, y el que me impacta más como privilegiada y concienciada extranjera demócrata, es que el Parlamento tendría la presencia de diez miembros de la FARC-EP no elegidos por el pueblo,  con voz pero no con voto. Esto supondría, a mi juicio,  la usurpación del lugar sagrado, la Cámara de Representantes legítimamente elegidos por los ciudadanos.

Otro de los puntos más peliagudos es la “presunta impunidad de los guerrilleros” es decir;  Si se corroboraba la firma, los guerrilleros en búsqueda y captura dejarían de tener esas órdenes sobre las espaldas y serían juzgados por un “Tribunal Especial”, y no por la justicia ordinaria. Algo, demasiado ambiguo en un país donde si pagas, la ley no existe… Desde luego olía raro…

Lo que a los más humildes les picaba, que era que durante dos años los guerrilleros que se entregaran recibirían menos de un salario mínimo (unos 500.000 pesos, 150€) para su reinserción y formación. Eso a la gente de bajos estratos, es algo que les mataba… y es lógico, ellos que han dicho que no al jugoso mercado de la guerra y las drogas, se matan en los trabajos para conseguir ese dinero, que a los que asesinaron en los bosques se les regala…

Y claro está, esta firma, no incluía a otros grupos guerrilleros como el ELN, que también quiere entrar en el reparto del pastel político.

Pero la firma también conllevaba la aparición de nuevos partidos políticos gracias a que se abrían a la posibilidad de crearlos con leyes de transparencia e impulso de oposición (Ahora es dificilísimo crear una fuerza política por las condiciones que se les exigen únicamente para presentarse) y el fin del bipartidismo y las grandes familias oligarcas que dominan el país (Uribe, Santos, Jaramillo…) dejando paso a partidos más cercanos a la realidad de los colombianos. Conllevaba también la repartición de tierras entre campesinos que por los desplazamientos de la guerra se han quedado sin nada que labrar, el desarme de la mayor grupo guerrillero del país, la reforma agraria, fondos para las víctimas de uno y otro lado, un catastro rural (nunca se ha hecho uno real en Colombia), planes de desarrollo en el campo, mecanismos para promover la participación de la mujer en la vida política, desminado… En fin, un montón de temas, que gracias al NO, tendrán que esperar, quien sabe si días, años o décadas….

Seguramente, el resumen que os acabo de hacer es subjetivo, frívolo y poco profundo. Lo he intentado, y si alguien cree que estoy completamente equivocada posiblemente sea cierto, tal vez soy otra víctima del sistema de medios del Gobierno Colombiano.
  
Chilis me pidió este verano que contara a que a qué me dedicaba en la oficina, que le intrigaba. Pues bien, mi empresa somos cinco en plantilla y 200 colaboradores que (bajo demanda, aunque se supone que ellos también tienen que tener iniciativa) graban temas y noticias que puedan surgir en las regiones. Somos 50% de ellos, pero para ellos somos los de “Secuoya” y de alguna manera no nos adoran porque suponemos la “privatización” de un servicio que ellos antes no daban… Pero nosotros, no solamente damos servicio a la Agencia sino que quien nos lo pida, nosotros grabamos al mejor postor, nuestro objetivo es la tele colombiana.

El domingo, grabábamos en Medellín, Cali, Cúcuta, Barranquilla, Madrid (España) y claro está Bogotá para la TVE de Colombia (RTVC) y para XXX en principio solo en Bogotá.

A las 08.00 abrían los colegios electorales así que a las 07.00 ya estábamos todos en nuestros puestos coordinando, informando, haciendo puzles de horarios y grabando en las primeras localizaciones.

El Director de XXX, llegó a las 07.45 con un café en la mano, y quitándose la chaqueta calada por la fuerte lluvia,  dijo una frase que no se me olvidará jamás: “Bueno, veamos por cuanto gana el Si, Esa es la única noticia de alcance de hoy”.

Todos nos reímos y bromeamos con sarcasmo ante la remota posibilidad de que ganara el No y al día siguiente volvieran las bombas y los secuestros… Incluso yo me atreví a decir que qué bien, que así me pagaban plus de peligrosidad y que si salía el no les invitaba al Harry Seasons con mi bonus de peligrosidad…

Durante la jornada, sin parar de hablar por teléfono, solo hubo problemas con una cámara, con una redactora y con el teléfono del de Medellín que se quedó sin batería a las 14.00… Un día muy intenso pero típico de elecciones…

A las 16.00 cerraban las urnas, así que presumiendo que ganaba el SI, la XXX nos pidió que nos fuéramos una hora y media antes a la torre Tekendama donde estaba la plataforma del Si para grabar a Santos cuando llegara a celebrarlo.

Juan Pablo, el único cámara que teníamos ese día y que forma parte de nuestra plantilla, por lo previsible del si, llegó al “Sí” a las 15.00. Buen sitio para grabar las declaraciones, gaseosas para todos, banderolas, comunicados de prensa, todo preparado… Aprovechando que todo iba bien, avisé a Diana (Mi amiga española) que a las 16.30 podría ir con ella a celebrar el Si… Tanto a ella como a mí nos podía el gusanillo político y queríamos celebrar con toda Colombia el triunfo de la lógica y la paz.

Las urnas, según lo previsto, cerraron a las 16.00 en punto y dado que, sorprendentemente, en Colombia se cuentan votos mucho más rápido que en España, a las 16.15 con el 40% contado, el Si y en No está bastante ajustaditos pero ganaban los partidarios a la firma.

A las 16.18 pareció que el SI ganaba, pero era complicado saberlo del todo.

A las 16.20 El No estaba a la par y a las 16.40 con el 93% de los votos el NO pasaba al SI por cantidades de votos muy pequeñas.

Al 96% contado…ya era irreversible… El No ganaba al SI por más de 50.000 votos.

Las caras de los redactores desencajadas miraban a sus pantallas intentando comunicar qué estaba pasando, el teléfono no paraba de sonar sin que nadie lo cogiera como si diera miedo reconocer un error propio… y mi compañera Diana y yo, bloqueadas, mirábamos anonadadas Caracol viendo como subía el No a cada milésima de escrutinio…

Nadie, nadie en XXX creyó aquella mañana que ganaría el NO. Nadie en mi entorno lo pensó por un segundo, pero allí, a las 16.45 de la tarde, en aquel edificio del barrio de Chapinero… La televisión nos decía que el resultado final era NO a los acuerdos de Paz firmados entre el Gobierno y la Guerrilla de las Farc.

Volví en si tras 3 minutos de sentirme perdida y me di cuenta, que no teníamos a nadie que fuera inmediatamente a la sede del No. Que a esas horas no encontraría un cámara disponible y  que

Juan Pablo estaba en la del Si, lugar del que no se podía mover porque sería allí donde Santos iría en caso de dar la cara.

Pregunté a XXX si lo querían y nadie era capaz de reaccionar, los redactores tecleaban sin parar, el Director hablaba por dos teléfonos a la vez y Diana me miraba como perrito abandonado intentando buscar una respuesta siguiéndome por la redacción...

¡No íbamos a enseñarle al mundo en NO!

En medio de los nervios y el estress se me encendió la bombilla y me acordé de que XXX tenía una cámara pequeñita, casi de vídeo aficionado (Aunque algunos creen que es de buena calidad…) en un cajón y ante la falta de respuestas, decidí robársela, coger a Diana, e irnos a la sede del No que desgraciadamente estaba a sólo dos calles de nuestra oficina. Desviamos el teléfono fijo al móvil de diana, nos pusimos el abrigo y salimos escopetadas.

Hasta ese momento, yo nunca (y digo nunca) había cogido una cámara. Soy capaz de encontrar errores gráficos en un clip, de guiar a alguien para que cambie de formato PAL a NTSC, incluso saber si el backfocus está descompensado o el balance de blancos se hizo automático  o manual, pero nunca había grabado nada hasta ayer….

Encendí la cámara, lo puse en automático y me lancé.

La gente como loca no paraba de gritar “Colombia Colombia” se abrazaban, se besaban, se sentían felices y orgullosos de ellos mismos porque asumían que así eran aún más patriotas y yo, intentando sacar lo mejor de la cámara que llevaba en las manos, buscaba grabar la noticia de manera objetiva.

Cuando llevábamos 10 minutos allí, habiendo entrevistado a un Senador (al parecer muy importante), me di cuenta de que estaba grabando en verde. Algo no había hecho pero la pantalla salía verde….

Me eché a un lado, respiré hondo y como por inspiración divina, conseguí hacer un pseudo balance de blancos (que para quien no sepa es poner la cámara grabando un color blanco para que desde ése, sea capaz de grabar todos los colores como deben de ser) para poder encontrar el buen tono a esa grabación.

Diana buscaba Senadores y personajes de la derecha rancia uribista y yo, unida a ella por el cable del micrófono, la seguía buscando recursos e imágenes impactantes que poder guardar en la cámara. Cada minuto que pasaba, me sentía más extraña, más ajena al momento, más extranjera o más bien más extraterrestre. No se si porque no habíamos comido y eran las 17.30 o por el agobio que me daba no comprender como la gente se alegraba de que la guerrilla siguiera viva me empezó a dolerme muy fuerte el esternón, un dolor agudo que me hacía respirar mucho más hondo que dos horas antes… En silencio y tras mi cámara yo grababa intentando que no se notara lo que sentía y que Diana sintiera que estaba acompañada. El cable del micro me unía a la única persona, que en ese momento sentía que podía salvarme ante las fieras desgallitadas del No. Eramos como dos ratoncillos en una fiesta de gatos salvajes, que lo único que queríamos era un poquito de su queso y huir…

A las 18.15, me di cuenta que la cámara que llevaba no tenía luz, así que aprovechándome de los grandes focos de las cámaras de las televisiones locales grabé los últimos recursos y mirando a Diana a sus ojos igual de abiertos que los míos, le dije “Nena, vámonos de aquí, ya no podemos sacar más”.

Salimos corriendo, como si nos persiguieran por la calle 66 hacia la oficina, unidas por el cable como si eso nos protegiera más y al llegar a la oficina, sin hablar demasiado,  Diana se puso a editar, mientras yo, desde mi ordenador resumía lo que habíamos vivido para poder hacerle el informe a XXX que ya había confirmado que lo quería.
Seguía doliéndome el pecho, pero a esas alturas de la jornada, no era solo el pecho, sino los ojos, el cuello y las muñecas…era dolor de NO.

Conseguimos enviarlo en tiempo record, y continuar con la coordinación del cámara de Medellín que esperaba que Uribe saliera a dar declaraciones desde su finca a las afueras de un pueblo muy pijo de Antioquia...

Santos salió antes en Bogotá, a eso de las 19.30, rodeado de sus más fieles colaboradores y con cara de preocupación.

Callados como si fuera el primer parte de guerra en años, todos los presentes en la redacción escuchamos en silencio intentando comprender en qué momento de la historia estábamos.
Santos lo dejó claro, el pueblo no es que no crea en los políticos, sino que los políticos tampoco creen en el pueblo colombiano y la Firma seguía vigente, solo que ahora la mesa de negociaciones volvía a abrirse, con las condiciones de los que no formaron parte de ella la primera vez, los temidos y cuestionados Uribistas, pero queriendo el objetivo común de “todos los colombianos” una paz “estable y duradera”.


PD: Hoy todos estaban tranquilizandose unos a otros diciendo que viva la Paz... Un circo señores... un circo.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Firmas, cámaras y otros animales


Si todo va, como tiene que ir , hoy no será la última vez que escuchéis sobre Colombia.

Hoy, vuestro ayer, ha sido un día histórico para el país en el que trabajo.

La fecha que tendrán que estudiar millones de niños latinoamericanos, una jornada de la que se harán reportajes, libros, series y quien sabe, tal vez, alguna película dentro de unos años…

Hoy el Gobierno Colombiano y las Farc-EP han firmado el acuerdo de paz.

Y os juro que ha sido de piel de gallina. Muy duro (eso si), porque he dormido cuatro horas, trabajado en las últimas veinticuatro, dieciocho y gritado unas… ¿cinco? Estoy afónica, me duele la cabeza y la tripa de tanta cocacola y té….pero… lo hemos contado en imágenes.

Hay pocas satisfacciones mayores en la vida de alguien que se dedica a la actualidad, que la de poder hacer llegar a todas las casas una noticia de ámbito internacional “positiva”. Contar cosas positivas es menos adrenalínico que las negativas o las catástrofes, pero igual de gratificante... Un ex compañero de trabajo, en medio de una súper venta de unas imágenes en exclusiva, se atrevió a comparar la sensación de publicar en esas condiciones a un orgasmo… Yo no me atrevo a afirmar lo mismo… pero desde luego, ver tus imágenes ilustran Le Figaró, The NewYork Times, Telecinco y Canal Sur… Es un subidón que flipas.

Aunque sea algo mentira lo vivido hoy, aunque no les guste a todos, aunque el coordinador de la empresa con la que se ha asociado mi empresa no haya coordinado nada y haya sido algo desastroso enterarse desde Bogotá lo que estaba pasando a diez metros de él y tener que enviar a ciegas… Está contado.

Los actos oficiales empezaron hoy a las 07.00, pero la firma en sí, ha sido a las 17.00.

Así que ayer, mientras re editaba a las 02.00 unos vídeos de la llegada de Raúl Castro a Cartagena, decidí que hoy si os si, me iría con Juan Pablo, nuestro cámara, a cubrir la firma desde la Plaza Bolivar de Bogotá donde habían convocado a todos para ver la firma de Cartagena.

Volvería a ser su asistente, como en la Manifa del 1 de mayo,  y podría con el móvil en la mano escribiendo mil whatsapps desde la tarima de prensa, poder vivir el momento histórico.

Así que me acredité y de paso acredité a mi amiga Iris, que es periodista y profe experta en Conflicto y paz, a la zona de prensa de la Plaza Bolivar.

Quedamos una hora antes de la firma en mi oficina para poder ir juntas y así que no tuviéramos problemas con el acceso. El taxi nos dejó a tres manzanas, íbamos dando saltitos emocionadas, sonriendo y siendo conscientes de lo que estábamos viviendo. Pasamos dos controles de seguridad , enseñamos nuestras mochilas,  nos cachearon y una vez pasado el filtro, nos dirigimos a la zona de prensa.

Allí, muy a lo colombiano, la jefa de prensa de #ColombiaDiceSí, tenía el móvil sin batería, así que nos tocó llamar a uno que llamó a otro que llamó a otro que por casualidad estaba al lado de Mariana, que vino a saludarnos.

Le pedimos nuestras acreditaciones, y resulta que ella no las tenía, que tenía que buscar a un tal Nelson Navas, nos pidió que la esperáramos tras unas vallas en las que se leía muy grande Si-si-si-si.

Se adentró en la carpa de prensa y… si te he visto no me acuerdo. Muy colombiano también…

Así que tras diez minutos de espera, llamé a Juan Pablo, me explicó dónde estaba y fuimos en su encuentro sin acreditación ni nada.
Él estaba en una tarima, bajo una estatua del mismísimo Don Simón (no el de la sangría sino el de la independencia de Colombia) donde estaban todas las cámaras de todas las teles que puedes ver en el país + agencias + telesur + otras cuantas…

Al llegar a las escaleras de acceso, delante de la valla, había un segurata de unos veinte años que se notaba que la firma de la paz le estaba quedando grande.

Miraba hacia los lados, intentando que nadie pasara hacia la zona de prensa aunque nadie lo intentara, los ojos, que abría de par en par, le brillaban y el calor , que comenzaba a sentirse a medida que se las nubes dejaban pasar el sol, empezaba a hacerle sudar como un pollo dentro de su chubasquero naranja fosforito.

Nos pidió carnet de prensa, algo que no teníamos, y nos dijo que sin eso no podríamos pasar.

Así que tirando de la astucia aprendida y la cara que he heredado de mi madre, tiré de chulería y  le dije muy seria. “ ¿Usted cree que con toda la gente que hay, voy a traer mi cartera con el carnet que me da de comer señor?  Le enseñé mi tarjeta de visita, y nos dejó pasar diciéndonos con timidez que  “sólo un ratico que si os ven con manilla, se me echan encima”.

Le dimos las gracias y subimos los escalones de par en par para prepararnos para el gran momento. En cuanto subimos, elevadas sobre el resto de los mortales, nos olvidamos de él y contemplamos la inmensa plaza llena, llena, llena de símbolos y colores de paz.

También nos olvidamos la una de la otra, ella se fue a hacer fotos y yo, mientras enviaba whatsapps desde mi móvil de caca, me acerqué a Juan Pablo para
poderle guardar trípode y mochila para que se moviera por la tarima sin preocupación.

Todo parecía de película. La gente gritaba “Sí se pudo”, la música sonaba, las nubes desaparecían dejando brillar el imponente sol, los animadores del escenario
principal animaban a ir a votar por el si el domingo que viene… 
Sobre la estatua elevada de Bolívar, las periodistas de RCN, Red Más y Caracol practicaban entradillas (discursos a cámara) dando pasos y mirando al cielo, los cámaras y fotógrafos jaleaban a las masas para sacar mejores imágenes y yo escribía whatsapps.

Comenzó el Himno Nacional y todos lo cantaron. Comenzó la presentadora de turno a contar quienes estaban  como quien presenta la alineación de un Madrid Barça. Aplaudieron a Maduro, a Castro, a Santos y a Timochenco y abuchearon al Rey Juan Carlos, a Bachelet y a otros cuantos dirigentes más, se guardó un
minuto de silencio y fue entonces cuando comenzó el momento más emocionante de la tarde.

El canto de las “Alabaoras de Bojayá”.  Las Alabaoras de Bojayá, son unas mujeres, que desde hace 14 años, tras la gran masacre que cometieron las Farc, por una lucha contra los Paramilitares por el control de sus tierras, cantan para ayudarse a superar el horror que vivieron. 

Bojayá, es un pueblo del Chocó, un pueblo en medio de la nada, de la selva más cerrada en medio de uno de los departamentos más pobres de Colombia que, casualidades de la vida, es el único Departamento que se baña en los dos mares, el Caribe y el Pacífico. Así  sus condiciones físicas básicas unidas a su frondosa selva, la hacen una verdadera “autopista” en la que  entrar con armas y salír  con drogas es lo más fácil del planeta  y, claro está, en el 2002  nadie quería quedarse sin esa parte del pastel colombiano.

Así que el dos de mayo del 2002, las Farc y los Paramilitares se enzarzaron a tirarse bombas los unos a los otros y a atacar la población de Bojayá que atemorizada, ante la falta de presencia Estatal,  se metió en una  Iglesia y esa fue su perdición, una bomba acabó con la vida de más de 120 personas de un plumazo dentro de la capilla del Pueblo. Las Farc, conscientes de ésta barbaridad, el diciembre pasado, llevaron a sus altos cargos a pedirles perdón por lo sucedido. De los Paramilitares, como podéis adivinar… si te he visto no me acuerdo, y eso que aún siguen de una u otra forma, presentes en el país.

Así que, los cánticos desgarradores de éstas señoras, tienen aún más peso que cualquier voz de todo el país... y ahí, en el acto de paz, vestidas de blanco por primera vez en 14 años, prefierieron cantarles al si, al futuro y a la realidad.

Pusieron en pie a todo el público y sin cortarse un pelo, también han puesto a caldo en sus letras a ambos firmantes. Gritando desde dentro, con ese sentimiento que solo puede salir de muy del dolor, han recordado a los muertos, los desaparecidos, e incluso, que ahí si que casi lloro y se me ha puesto la carne de gallina, han soltado una frase… que a todos los que vivimos éste momento aquí, nos hubiera gustado decirle a Santos: “Oiga Señor Presidente, hágasenos pa ´acá, ¿Y con esos otros grupos, díganos qué va a pasar?”.

Ha sido un momento flipante, cada frase que soltaban las señoras negras, era ovacionada por toda la plaza Bolívar, creando un ambiente mucho más mágico e intercultural… Y así en medio de la interculturalidad, con el teléfono en la mano mientras leía un whatsapp de mi primo Gonzalo que me echaba de menos y me pedía que le contara algo divertido, por el rabillo del ojo, me ha parecido ver un gato cruzarse por la tarima y meterse en un huequito entre las piedras de la estatua.

 ¿Un gato? No podía ser ¿Ahí en medio? ¿Con tanta gente? Imposible… En ese momento, he mirado al argentino que tenía a la izquierda y cuando he visto su cara de asombro me he dado cuenta de que no era un gato, era ¡¡¡una rata inmensa!!!

La pobre ratita ajena a la solemnidad del acto, intentó esconderse, pero era demasiado grandota para el hueco tan chiquitito que había elegido, así que asomando la carita y la narizota marrón, no paraba de buscar ansiosa con los ojitos redondos muy abiertos, un sitio más grande para esconderse…

De repente, mientras la ratita se giraba sobre si misma buscando una salida  y dejando a la luz su asquerosita colita marrón, la presentadora cursi de Red Más Noticias, que minutos antes recitaba su discurso al aire, la ha visto , e incontrolada, se ha puesto a gritar como una loca.

Y así como víctimas del efecto dominó, los cámaras que grababan a las señoras cantoras de Bojayá en las grandes pantallas,  han empezado a dar saltos moviendo sus trípodes intentando agarrar las cámaras para que no se movieran mientras la ratita, completamente loca ante tal histerismo, corría buscando un hueco más grande donde no ser vista.

Los fotógrafos saltaron hacia fuera de la zona de prensa, las redactoras perdieron el control, la rata comenzó a dar saltitos en zigzag por la plataforma de Bolivar hasta que gracias al tumulto, desesperada, se metió de nuevo en el mismo hueco de donde había salido segundos antes, pero que ahora, gracias a la locura del personal, estaba tapado por una botella de plástico de agua que hacía que nadie pudiera verla. La pobre, ha aguantado ahí la hora y cuarto que ha durado el acto, moviendo la cabecita y los bigotes, alejada al menos un metro de cualquier persona… ajena a que la más asustada del recinto no era ella, sino las cinco presentadoras cursis que se apretujaban en la otra esquina del cuadrilátero y los cámaras, más profesionales, grababan la firma histórica de ese momento de paz.

Ella no lo sabe, pero ha sido la gran protagonista del Día D, para todos aquellos que tenían que contarlo al mundo desde Bogotá. Tal vez para ella no sea el día de la firma, sino el día que tras una botella de agua, vio como miles de personas se apoderaron durante horas de su frío hogar, la majestuosa plaza de Bolívar, gritando sí a la Paz.

PD. No se si se podrá ver, pero en el vídeo de caracol, en el minuto 1 y medio sale el canto de las Alabaoras: http://noticias.caracoltv.com/acuerdo-final/un-minuto-de-silencio-y-alabaos-de-las-alabaoras-de-bojaya-por-las-victimas


PD2; La paz en la plaza Bolívar huele a marihuana, estaban todos encantados.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Visado con tacones rojos

Este verano, en Protosín, hablando con mi tía Pachicha, me percaté de que nunca os cuento los grandes problemas a los que me enfrento de manera diaria. Me di cuenta de que siempre narro finales felices (excepto una semana que os usé para desahogarme y rompí la armonía) y que la historia que os muestro semanalmente, es como lo que Platón decía respecto a la verdad, la “Pata del Elefante”. Y tras pensarlo mucho,  creo que es así como debe ser, contaros historias siempre con final feliz, historias que me han hecho crecer o cosas que ya no padezco para reforzar lo bonito y lo feliz, que falta nos hace después de escuchar las noticias…

Así que aquí va mi agobio de los últimos cuatro meses en versión reducida una vez solucionado y siendo alguien feliz.
Cuando uno es expatriado, fuera del maravilloso invento de la UE, se enfrenta a un gran monstruo que no tiene garras pero es malo malísimo; La Administración Pública del país de acogida y sus puñeteras trabas de inmigración para conseguir el visado.

Supongo que todos los que nos embarcamos a ésta aventura, el día que vamos al Consulado de turno nos ponemos nerviosos, dudamos y nos tememos lo peor durante algunos minutitos. Eso es lo habitual, pero esos minutitos de pensar que el sueño ha acabado,  han durado en mi caso cuatro meses de mierda.

Colombia es un país con un crecimiento económico exponencial en los últimos diez años, que unido a la crisis de países con gran desarrollo industrial y gente muy formada, la convierte en un saco donde terminamos todos los que en nuestro país de origen no nos quieren como aquí.
Llegamos cada año miles de chinos, venezolanos y  europeos (En su mayoría franceses, italianos y españoles) a buscarnos la vida alardeando de ser los mejores ingenieros, psicólogos, formadores, abogados…. porque nuestra cultura es mejor que la de aquí… y realmente lo único que somos es el reflejo de lo que muchos colombianos fueron en los 90´s y primera década de los 2000 a países como el que nosotros abandonamos ahora. Somos personas muertas de hambre queriendo entrar a nuestra manera en un sistema diferente.

Así que las autoridades colombianas, en el último año, se han puesto las pilas y han comenzado a cuidarse mucho de quienes entran y quienes no en su país de forma legal.

¿Y cómo lo hacen? Pues de manera aleatoria, sin mucho orden y bajo el “criterio subjetivo del funcionario de manera irrevocable”  (Lo pone en la página de la Cancillería Colombiana, no me lo estoy inventando).

Es decir, que si te toca un funcionario que ha dormido mal, la has liado y te tienes que ir del país al menos por seis meses. Así que el miedo que tiene la gente cuando va a países de “trayectoria” como EEUU, Australia, Japón…  y que sabe que si tiene los papeles correctos pasa y sino no, se multiplica en los que venimos a Colombia… Vamos con el culo apretao a Cancillería a probar suerte esperando que todos hayan desayunado bien.

El abogado de mi empresa, consciente de mis miedos , me aconsejó que hiciera el trámite en España, donde es más fácil conseguir superar el trámite. Disfruté de parte de mis 180 días posibles como turista en Colombia y  cuando fui a España en verano, me acerqué con todos los papeles ordenaditos en plásticos de colores al Consulado Colombiano.

Tras una hora de espera, me atendió la mismísima Cónsul (Estrato seis, encantada de haberse conocido, rubia y elegante….) que tras examinar mis papeles y muy amablemente, me explicó que con las cifras de mi empresa en Colombia no podía tramitar el visado de Trabajo y me aconsejó que pidiera el de “Negocios”. Yo no paré de explicarle que mi empresa en España facturaba más de dos millones de euros al semestre, pero a ella le daba igual, lo que le interesaba era que la Filial Colombiana tuviera dinero y la nuestra no lo tenía.

Cuando empecé a ponerme pesada, mientras ordenaba todo el papeleo que yo había desplegado en su mesa me miró a los ojos y me dijo: “No me cuente más, no quiero que aparezca su nombre en el Consulado, pero si empieza el trámite ahora se lo voy a denegar y no creo que eso a usted le interese.”
En ese momento tragué saliva, cogí mis papeles y con el rabo entre las piernas salí de su despacho directa a Skype para hablar con mi abogado.

Resulta que, lo que la Cónsul no sabía, es que según el tratado de libre comercio Colombo Europeo hay tres negocios exentos en el mismo que no pueden gestionar visados de Negocios: Las drogas, las armas y los productos audiovisuales.

Así que quisiera la Cónsul o no, yo no podía volver allí a pedir un visado de Negocios con mi empresa que se dedica única y exclusivamente a la televisión.

En esto que se me ocurrió preguntarle a XXX, que ya que trabajo para dos empresas, tal vez ellos podían colaborar con la causa.
Inmediatamente se volcaron, me dijeron que sin problemas, pero que todo lo haríamos una vez llegara a Colombia tras mis vacaciones dado que mi abogado (que es también de XXX) así lo recomendaba. Me fui de vacaciones algo más tranquila pensando que esto se solucionaba en un santiamén.

Cuatro días antes de ir a Colombia, desde Fuerteventura en la piscina, escribí a Don Nairo (mi abogado) para que nos reuniéramos la misma mañana que yo me incorporaba y le pedí encarecidamente que tuviera toda la documentación lista y  solo tuviera que firmar e ir a Cancillería ese mismo día.  Su respuesta inmediata decía “Listo, no hay lío”. (Siempre dice eso cuando lo tiene claro).

El lunes que me incorporé Nairo, que es igual de meticuloso que yo con la documentación, me había preparado todo, y nuevamente volvimos a repetir el discurso pero esta vez a través de XXX. Que si teníamos mucho dinero, que si no quería quedarme, que si yo era un alto cargo… Me pidió que me lo creyera y que el día que fuera a solicitarlo me pusiera elegante. Como sabéis aquí las pintas dicen mucho, así que yo apunté eso también en mi cuadernito de apuntes que me regaló Pablo para el trabajo.

Ese jueves madrugué, me pinté el ojo, me puse “modernita”, tacones y me fui hasta la 100 con 19 a por mí visado de trabajo.

Al llegar, leí un cartel enorme en el que ponía que a partir del 1 de agosto, solo se admitirían los trámites previamente registrados on line, me entró el pánico, pero como todo en Colombia, al preguntar, me dijeron que no pasaba nada, que debía  pagar 50 dólares solo para el estudio y luego esperar una hora y media.

Por fin me tocó entrar al despacho del funcionario de turno.  Me levanté de mi silla de plástico del fondo de la sala, respiré hondo, apreté el culo y haciendo ruido con los zapatos de tacón, me acerqué al módulo 19.

Allí, un señor funcionario, que debía que tener mi edad, bebía café en una taza de I Love NYC mientras miraba algo en su Iphone 6. Entré tímidamente, pidiendo permiso y sonriendo mucho. Le di todos los papeles que me pedía mientras le explicaba que no sabía que había que hacer todo antes por internet que disculpara. Escaneó todo lo que me pidió y fue en ese momento, cuando por fin se dignó a mirarme.

¿Vive usted aquí sola? ¿Tiene algún familiar en Colombia? ¿Está casada?  ¿Hijos? ¿Nivel de Estudios? ¿De qué fue su Máster? ¿Qué es lo que le trae al país? (Todo esto en un tono, como si yo fuera de una raza inferior y él dueño y señor de las tierras que pisábamos).  Empezó a preguntarme que porqué dictaba las condiciones de mi contrato la casa Matriz (es decir España) que si yo iba a cobrar en euros o en pesos y tras muchas preguntas más en las que poco a poco yo me iba haciendo más pequeñita y él mucho más grande, me pidió que me retirara que iba a estudiar mi caso.

Salí sin que sonaran mis tacones, con los hombros caídos y con ganas de que esa pesadilla terminara ya que no solo Pablo esperaba una respuesta, sino que mis amigas que han ahorrado durante un año entero para venir a verme, necesitarían que alguien las fuera a buscar al aeropuerto y a mi me quedaban 32 días de turista en el país lo justo para cruzarnos en el cielo del atlántico que nos separa...

Me volví a sentar en la silla cochambrosa, y como en los edificios públicos colombianos no se puede mirar el móvil por seguridad, empecé a mirar por la ventana contando coches pensando en que Paqui, mi gata, seguramente se sentía igual que yo en ese momento, cuando cada día Pablo sale de casa y lo ve alejándose desde el pollete de la ventana del salón… Sin saber con quién,  ni como vivirá  ante tan horrible abandono… No pasaron ni dos minutos y de nuevo volví a ver mi número en la pantalla de los turnos. Entré acojonada y cuando me senté, el funcionario, que volvió a hacer el horrible esfuerzo de mirarme a la cara, me dijo que necesitaba el contrato “Entre las Partes”, que algo no le cuadraba y que me daba 30 días para resolverlo. Saqué mi libreta, la misma donde apunté lo que me había dicho Jairo y puse “Contrato entre las partes”.

Así sin más… ¿Qué es un contrato entre las partes? ¿Entre una de mis empresas y yo? ¿Entre la empresa matriz y la sucursal? ¿Entre las dos empresas que me contratan? ¿Entre la Matriz y yo?. El tío no me quiso decir.

Salí con mucha rabia y volví a llamar a Nairo que en vez de decir “Listo no hay lío” solo pronunció “Grave, en una hora me tiene en la oficina”.

Cuando llegué, Nairo me sentó y me confesó que era la primera vez en su carrera que le pasaba esto… Yo, con un enfado tremendo y jugando a lo que juegan los locales, toqué la amenaza y le expliqué que si “yo caía, caíamos los dos”. Nairo lo comprendió y me pidió que buscara una “palanca”. ¿Qué significa eso? Que esto sólo se podía arreglar a base de contactos.

Me pidió que no hablara del tema por teléfono, ni en la oficina, ni siquiera por mail, y que todo lo que acordara lo hiciera cara a cara.  Jairo es un ortodoxo…

He movido Roma con Santiago, hablado con todo el mundo, ese todo el mundo con todo el otro mundo, ese otro mundo con ..................., .................., ................. y .................. Pero como todo es lento, muuuy lento en éste país, lo que tardas en Madrid dos días, aquí son 10 o 15…

Hasta que dimos con alguien, a la semana de búsqueda, que desde el lugar adecuado, estudió nuestro caso. No pedíamos nada ilegal, únicamente que nos definieran cuales eran las partes para dar con el papel de turno y así conseguir un visado para una trabajadora más. Pero os juro que durante éste proceso me he cagado en todas las fronteras, las vallas de Melilla, las leyes de inmigración y hasta en Cristobal Colón por traerles la burocracia a éste país.

Este alguien nos pidió unos días porque andaba de viaje cerrando la logística de la Firma de Santos y las Farc en Cartagena el día 26, pero que en un ratito nos decía… Unos días en Colombia no son dos o tres….son diez…

La semana pasada, sin que éste alguien nos devolviera la llamada, y respetando sus tiempos al más puro estilo Colombiano, inmigración llamó a la oficina a preguntarle al Director de XXX si yo trabajaba allí, cuanto ganaba, qué hacía, quien era…

Cuando me enteré, me puse malita, no sé si fue el stress, el cansancio, el susto, gripe o qué, pero me empezó a doler hasta el alma. Porque la solución para mi empresa no era que volviera a España con mi equipo P, sino mandarme a Perú, y aunque es un país muy bonito, prefiero estar donde estoy.

Me fui para casa, me metí en la cama, tuve cagalera e incluso tuve algo de fiebre. Hablé con Pablo, con mi madre, mi tía Fer y hasta con mi hermana Susanita durante horas…necesitaba por fin, tras dos años de incertidumbres saber dónde iba a vivir los próximos tres meses. Como derecho vital… y ahora no sabía si todo lo que estábamos luchando Pablo y yo por unirnos en un lugar se iba al garete por un funcionario pijo y prepotente...

Al día siguiente, me levanté algo mejor, cansada y dolorida pero fui a la ofi. De camino me sonó el móvil, pero no pude cogerlo porque estaba en la calle, pero cuando pude ver la llamada perdida, era de Nairo.

Inmediatamente marqué su número y sin decir hola ni nada me dijo “Listo niña, no hay lío” envié lo que me pedían y mañana te esperan para estampar la visa en la cien con diecinueve. Yo, como no me creo nada no se lo dije a nadie, preferí esperar al día siguiente para tenerlo todo cerrado.

A las 07,45 de la mañana del día después estaba allí,  en el edificio de Visas, igual de acojonada que el primer día, esta vez no tuve que esperar demasiado, pagué mi visa e inmediatamente un funcionario vino a por mi “Doctora Patiño, la esperábamos”.

Pasé al módulo 02, sin esperar colas y dejé mi pasaporte.  Estuve esperando fuera unos dos minutos, salió otro funcionario diferente al del módulo dos, no podía creérmelo, era el mismo de la otra vez, esta vez sin prepotencia, sino cumpliendo su trabajo y repartiendo los pasaportes ya sellados de los que ya tenían visa. Cristina Patiño Cubeiro dijo como si nada.

Sonó a gloria, me levanté, saqué pecho palomo, cogí mi bolso como las pijas dejándomelo a poyado en la parte interior del codo, me miré mis zapatos de tacón rojos y meneando el culo que por fin se relajaba tras meses de agobio, me acerqué hacia él, le miré a los ojos levantando la ceja y mientras se lo quitaba de las manos, le di las gracias muy educada, sintiéndome la mujer más afortunada del planeta-colombia.

Me lo han dado para tres años (lo normal es que sea anual), algo que no pienso cumplir porque vuelvo antes, puedo además de trabajar, estudiar y la foto en la que salgo estoy ideal.

Hoy mi compañero Rafa estaba con los mismos síntomas que yo el otro día. Tal vez… era un virus y no stress de loca ya que las chicas con tacones rojos y visados no sufren stress como yo sufrí la semana pasada.

PD: La incertidumbre de no saber dónde vas a pasar los siguientes tres meses es una caca.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Agüita para mi gente

Tras una semana algo aburrida, que ya hacía falta, y sin ninguna aventura reseñable, he decidido hablaros de otro gran icono del espectáculo de éste país...

No estoy hablando de Juanes, ni de Shakira y menos de Nairo Quintana. Que por cierto se marcó el otro día un momento “PelosComoEscarpias” cuando subido al pódium de la Vuelta Ciclista a España,  sonó el himno colombiano y los miles de compatriotas que plagaron Cibeles para acompañarle, se pusieron a cantar como
locos sin que se escuchara casi la melodía… (Soy, como mi tía Nieves, muy de Himnos…)

Os hablo de Jorge Barón.

Jorge Barón es el Jose Luís Moreno colombiano pero casi peor que él...

Nos creíamos que Jose Luis Moreno y su Noche de Fiesta de los sábados de nuestra vida era lo más, algo único, irrepetiblemente nuestro y de gran originalidad… pero estábamos muuuy equivocados.

Mientras nosotros veíamos triunfar en TVE los desfiles de ropa interior, escenas de matrimonio y Macario,  en Colombia arrasaba “El Show de las Estrellas” presentado, producido, dirigido y seguramente grabado también, por Jorge Barón con su productora personal y gran imperio llamado “Jorge Barón Televisión”.
Jorge Barón es ahora,  un señor de unos setenta años, que puede decirse que fue la primera persona que llegó a todos los rincones de Colombia haciendo país y sin otro objetivo que el de divertir al personal.

Salió de la nada, un día con 18 años recién graduado, tras un enfado monumental  con su padre, llegó a Bogotá desde su Ibagué natal  para hacerse rico. Lo que quería él era ser Diplomático pero como le salió mal el examen de ingreso a la Escuela y no se quería volver a casa, se metió a la tele, a llevar cafés en un programa de cocina.

Un día el cocinero que lo presentaba, se puso malo y él, que no sabía ni freír un huevo, se aventuró  a presentarlo. Triunfó y de ahí todo fue romper el mercado.
Del enfado que tenía con su padre, se cambió el apellido, y de Varón pasó a Barón y de la cocina pasó a las telenovelas, de ahí a crear su propia productora (Jorge Barón Televisión), emitir un telediario de lo más casposo (que aún sigue en antena y se llama Telepaís) y de ahí a presentar un programa que ha marcado en la historia de la televisión colombiana

“El Show de las Estrellas”

Un santuario musical que debías pisar si querías triunfar en el espectáculo nacional e internacional colombiano.

 Si tu objetivo era petarlo, tenías que conseguir que Jorge Barón te dejara cantar en él.

Por el “Show de las Estrellas” han pasado grandes como Julio Iglesias, El Puma, Celia Cruz (amiga personal de JB), Raphael, The Village People, hasta los grandes artistas locales como Shakira, Juanes o Diomedes Díaz. 


No es que  siempre llevara a los mejores, sino que desde 1969 (cuando se estrenó el programa), no ha habido semana que no se haya emitido un show de éste señor.En total 77.000 horas de transmisión al aire. ¿Vosotros sabéis lo que es eso?  ¡Más aun que Informe Semanal que nació en el 73! ¡Una pasada!

Y claro, esto, como es lógico, se le ha ido subiendo a la cabeza de manera progresiva…

Al principio el programa era muy normal, pantalones de campana, micrófonos con cables muy largos….

Hasta que se abrió la tele a los canales privados y tuvo que darle juego para seguir siendo de oro.

Al tío le flipa la publicidad, así que se inventa cositas para que la gente lo asocie a él independientemente de lo casposo que pueda llegar a ser…

Lo primero que se le ocurrió fue “la patadita de la buena suerte” que como bien se intuye consiste en que el tío, al artista que lleva a su programa y quiere triunfar, le planta un patadón en el culo para “desearle suerte”. Cuanto más fuerte es, más le catapultará a la fama… han habido verdaderas desgracias por el uso de ésta singular manera de desear suerte…

Ya que “El Show de las Estrellas” le hizo rico y ya no iba a ser  Diplomático, se emperró en que lo suyo iba a ser la “diplomacia interna”.
Contra todo y contra todos, durante los peores años de la guerra colombiana, en los ochenta y noventa, decidió sacar el Show de las Estrellas, una vez cada quince días, a la calle.

Llevaba (y aun lo continúa haciendo) a los artistas, los técnicos, los iluminadores, maquilladores, es decir a un total de 250 a bichos de ciudad, a lugares a los que el Gobierno no ha entrado nunca, a zonas tomadas por la guerrilla, por los paramilitares, por el Narco…  Solo él y todo su equipo tenían carta blanca durante finales de los ochenta y noventa.

Dicen, que hasta una vez, en Cartagena del Chairá (en medio de la nada) un comandante de las Farc dio la orden de no disparar ni una bala mientras él los visitaba y que gracias a eso, fueron los primeros tres días de paz que vivió la localidad durante décadas.

Los pueblos a los que va, se vuelcan y vuelven locos por espectáculo.

Planta el escenario en el medio de plazas y polideportivos. Las señoras aún se desmayan al verle salir, los niños se vuelven majaretas y los hombres, dejan sus trabajos y labores para ir a beber cerveza mientras disfrutan del Show de Jorge Barón.

Mueve a tanta gente, que los ejércitos (lícitos o no) de las zonas visitadas lo dan todo por la causa colaborando en el montaje, la seguridad y la intendencia del show.

En medio del éxito, allá por los 90, Don Jorge, como obliga a que le llamen hasta sus propias hermanas, se dio cuenta de que muchas de las señoras no se desmallaban por verle a él sino por el calor que sufrían esperando horas y horas al sol durante las épocas de sequía .

Fue ahí cuando surgió una de las frases más míticas de Colombia “ Agüita para mi henteeee”.

La acuñó él mismo, en Barrancabermeja, un pueblo en medio de la nada,  tras convencer a los bomberos  para que les regara a todo el público embravecido con sus mangueras.

Empezó a mojar al público, y a gritarles “Agüita para mi henteeee” y como vio que funcionaba, no ha parado de decirlo desde entonces (Cuando llueve, cuando hace sol y les riega, cuando chispea, cuando tronea, cuando se viene arriba en una función… ) Preguntarle a cualquier colombiano, sea cual sea su color, condición o estrato y os lo dirá con gracia y alegría “AAAAAGÜIIIIITA PARA MI HENTEEEE” .

El tío es todo un personaje, va siempre vestido de blanco (estrena uno cada 20 días), es un rata ratísima al que nadie le soporta en el gremio. Hace de cualquier cosa un panel publicitario, y le importa tanto ganar pasta que llegar a hacer cosas cutres o soeces le compensa siempre y cuando le den dinero.

Está tan loco y enamorado de si mismo que a sus hijos les ha puesto su propio nombre: Jorge Luis, Jorge Andrés, Jorge Eliécer, Jorge Eduardo y dice en sus entrevistas, que aún está a tiempo de ir a por la “Jorginita”.

El caso es que éste personaje capaz de pegar patadas a la gente y de abrazar a vedettes tocándoles el culo en medio de un escenario plagado de niños cantores, forma parte del imaginario social de Colombia y como él mismo afirma (y no se le puede negar) es " El embajador de la paz y de la música" .

A pesar de ser, tal vez el mayor icono vivo de Colombia y posiblemente, como dicen los modernos, el mayor influencer del país, él sigue en sus trece contando sus miles de millones desde su despacho de la carrera séptima y repitiendo sin cesar ésta idea:    "Siempre le he dicho NO a la política, con mayúsculas, porque estoy convencido de que le aporto más al país con lo que hago. Este programa aglutina a todos los partidos, las religiones, las clases y las razas. Es una comunión de masas".
Amén.

Como vale millones y Netfix lo sabe, le ha pedido (baio una cifra que nadie conoce pero que tiene que tener muchos ceros) que participe en la campaña publicidad la nueva creación del gigante gringo de las series “The Get Down” sobre un grupo de negros que triunfaron a finales de los setenta.
El vídeo, después de ésta humilde descripción no tiene desperdicio. Hace de si mismo. Lo borda.